Extra: ¿Qué es Londres sin ti?

768 94 47
                                        

*Dedicado a OliGolightly que lo ha acertado 😘

(Helga)

Esa no era la primera vez que me montaba en avión. Hacía dos años, cuando tenía tres, papá y mamá nos habían llevado de vacaciones a Menorca, y a mí me había encantado la experiencia de volar y de vivir en una isla. ¿Acaso no era lo más guay?

Pero este año era especial. La discográfica de papá había cumplido su primer aniversario y lo había superado, a pesar de los obstáculos y las dificultades. Así que una tarde papá había llegado y le había puesto a mamá un papel delante de los ojos. Nosotros tres estábamos sentados en la mesa de la cocina cenando, y jamás se me habría olvidado la cara de desconcierto de mamá.

—¿Qué es esto, ruru? —le había preguntado, en voz baja.

Papá nos había dirigido una mirada a los tres y, señalándonos, había añadido:

—El primer aniversario de Suebre Music se merece una celebración por todo lo alto, y no sería tal si no fuera con vosotros —le había respondido papá, con una sonrisa y chispitas en los ojos. Luego se había acercado a nosotros—. ¿Quién quiere cantar Londres en Trafalgar Square?

Solo recuerdo que los tres nos habíamos puesto a gritar y a saltar, cantando la canción como locos por toda la cocina y abrazándonos a las piernas de papá y mamá. Ellos también habían acabado abrazados, y yo había visto lágrimas en los ojos de mamá que no acababa de entender por qué eran.

—¿No te gusta la idea, mami? —le había preguntado.

—Claro que sí, cariño. Estoy muy emocionada —me había respondido, tendiéndome los brazos para cogerme. Yo la había rodeado con mis piernas y papá se había abrazado a nosotras, para acabar dándole un beso a mamá.

Esa noche nos había sido muy difícil calmarnos para irnos a dormir. ¡Casi no podíamos dejar de cantar la canción!

—Seguro que va a ser tan guay como cuando fuimos a Madrid por el premio de mamá y cantamos la canción allí —había susurrado Emma, en la cama. Álex y yo le habíamos pedido que se viniera a dormir a nuestra habitación esa noche.

—No, va a ser mejor, porque yo de Madrid no me acuerdo —le había respondido.

—¡Eso, eso! Que yo tampoco me acuerdo... —se había quejado Álex.

Emma nos había mandado bajar la voz, para que papá y mamá no nos oyeran, pero era una exagerada.

—Pues habrá que decirles a papá y mamá que también tenemos que ir a Madrid, porque si no os acordáis no sirve... —había resumido nuestra hermana—. Y más vale que esta vez no se os olvide.

—¡Que ya tenemos cinco y seis años, Emma! Ya somos mayores —le había respondido yo, tratando de contener mi indignación. ¿Es que acaso se creía mucho mayor por tener nueve años?

—¡Y a Sevilla! —había recordado Álex, con la mente en otra cosa, como siempre—. Ro dice que es muy bonita...

Yo solté un gran bostezo y, poco a poco, entre planes y nervios nos habíamos dormido. Claro que yo entonces no sabía muy bien lo que era ir a Londres, y me gustó aún más cuando vi que incluía subirse en avión y que Londres también estaba en una isla. ¡No podía existir nada más emocionante! El vuelo se me hizo bastante largo, pero jugando con Álex no fue tan aburrido. Lo que sí recuerdo es el impacto que me causaron aquellos edificios tan distintos de lo que pensaba, la noria junto al río en la que papá nos hizo una foto a los tres con mamá, el parque tan grande por el que corrimos y jugamos y cantamos...

Y, por supuesto, Trafalgar Square.

—¿Es esto? —pregunté, abriendo mucho los ojos. Había mucha gente paseando y sacándose fotos. Me llamaron la atención los leones.

—Sí, Helga. Esto es Trafalgar Square.

El corazón empezó a latirme con fuerza, aunque no sabía muy bien por qué. Supongo que porque era importante. Era una de las canciones de papá, se había inspirado en ese sitio y era importante. Igual que cuando se inspiraba en nosotros, porque nosotros también éramos importantes.

Sentí la necesidad de ponerme a cantar, y los pies empezaron a correr solos.

¡Te recuerdo entre las calles de Sweet Avenue! ¡Entre las luces de Trafalgar Square!...

Álex y Emma pronto se unieron a mí, pero no podían seguir mi ritmo. Subí y bajé las escaleras, rodeé los leones, grité y canté, y dejé que la música y el lugar me empaparan.

¿Qué es Londres sin ti? ¿Qué es Londres sin tiiiiiii? —acabé, dejándome caer de rodillas al suelo y tratando de recuperar el aliento.

Emma y Álex llegaron hasta a mí, con la respiración entrecortada y una sonrisa en los labios.

—¡Me encanta Londres! ¡Me encantaaaaaaa! —grité, con voz tan alta que la gente que tenía alrededor se giró para mirarme.

En ese momento llegaron papá y mamá, y esta se agachó para recogerme del suelo y ver que no me había pasado nada. Pero nos vieron tan contentos que se echaron a reír.

—¡Estás loca, 'terremoto'! ¡Loquita, loquita! —me gritó mamá, jugando con mis mofletes y riéndose con nosotros.

—Papá, ¡ahora cántala tú! —le pidió Emma, dando pequeños saltitos.

—¡Sí, sí! —apoyamos Álex y yo. Papá buscó un sitio un poco más apartado, y nos sentamos los cinco allí en medio, en el suelo.

Papá empezó a cantarla, pero pronto nos hizo gestos con las manos para que le acompañáramos, como siempre que él cantaba, porque decía que con nosotros siempre era más bonito.

Así que acabamos cantando los cinco. Pero durante el último estribillo, como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, Emma, Álex y yo nos callamos, quizás ensimismados por la belleza de las voces de papá y mamá juntas. Y eso que no tenían ni guitarra ni piano...

Sentí que el pecho me estallaba de alegría, y no habría querido irme nunca de esa plaza, ni de esa ciudad. Nos marchamos cuando ya estaba oscureciendo, todavía con esa y otras canciones en los labios. Empezaba a sentirme cansada, pero tenía tal subidón de adrenalina después de todas las emociones que no podía calmarme.

¿Qué es Londres sin ti? ¿Qué es Londres sin ti? ¿Qué es Londres sin ti?... —seguía repitiendo, señalando a cada miembro de la familia mientras saltaba en busca de ellos.

Entonces papá alargó la mano, algo que no me esperaba, y consiguió cogerme entre sus brazos y echarme sobre uno de sus hombros. Yo me reía a carcajadas, y apenas podía ver porque tenía todo el pelo en la cara. Empezó a hacerme cosquillas.

—¿Qué es Londres sin ti, Helga? —me preguntó, sin dejar de hacerme cosquillas. Entonces paró y pude ver su cara entre mi pelo, con los ojos llenos de chispitas otra vez—. ¿Y la música? ¿Qué es la música sin ti, Helga?

Una voz compartidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora