Parte 5. City of Stars
(Alfred)
Ni en mil vidas habría imaginado cómo llegaríamos a aquellos premios.
Había visto la llegada de Laura y el paseo del brazo de Alejandro por la alfombra roja. Mi hijo ni siquiera se había detenido en el photocall, pero aquella noche era suya con Laura, así que poco importaría. Iban a llenar todas las portadas al día siguiente, en cualquier caso.
Claro que nada había podido eclipsar a la entrada triunfal de Helga, sin duda la más esperada de la noche. Se paseó por allí como si lo hubiera hecho toda la vida. Estuvo cercana y divertida, en toda su esencia. Y no pude evitar pensar que quizás había ido a LA a encontrarse a sí misma..., y a lo mejor lo estaba consiguiendo.
Mis ojos se habían cruzado brevemente con los de Emma, que le tocaba entrar después. Y, para mi sorpresa, en vez de preocupación o agobio, me había encontrado con serenidad e incluso deseo. Aunque esto último quizás más por lo que la esperaba al otro lado.
Aquel muchacho... Solo por haber venido a por ella ya tenía todo mi respeto. Mi mente divagó unos segundos al momento en el que lo conocí. No se me había escapado como Emma orbitaba hacia él, y había sido capaz de dejar a sus sentimientos tomar las riendas por encima de la situación, algo que me había sorprendido mucho viniendo de ella.
Emma posó tímidamente y no se detuvo mucho, pero antes de salir me dirigió una última mirada, y yo no pude menos que asentirle lleno de orgullo: aquel solo sería el primero de muchos, y los demás vendrían por sus propios méritos. Estaba seguro.
No sabía lo que le deparaba el futuro a ninguno de nuestros tres hijos, pero ahora estaban felices y plenos. Igual que mi Amaieta.
La vi salir a la alfombra roja como la estrella que era, y los periodistas se la rifaban. Ella les sonreía con el aplomo de la experiencia, pero seguía tan natural y cercana como siempre, haciéndolos reír con sus comentarios, y regalándoles un tono más serio, sobre todo cuando le preguntaban por nuestros hijos.
En ese momento caí en la cuenta: todas las estrellas estaban brillando para mí. Cuando Amaia y yo cantamos aquella canción por primera vez, como los niños que éramos, nunca habría podido imaginar que adquiriría este sentido, pero al verlos ahí en todo su esplendor, no me cupo ninguna duda.
—¡Alfred! ¡Alfred! —me llamó alguien, casi suplicando. Me fijé que era una chica jovencita y un poco nerviosa, así que me acerqué a ella.—. Hemos visto desfilar a toda tu familia por primera vez en una alfombra roja. ¿Tú cómo te sientes? —me preguntó, con una emoción patente.
—Te puedes imaginar. El hombre más orgulloso sobre la faz de la tierra.
Las estrellas de City of Stars brillaban para mí, y eran ellos.
—¿Alguna vez te esperaste vivir algo así? —continuó, acercándome el micrófono. Pude ver como la mano le temblaba un poco, así que le sonreí, tratando de infundirle ánimos.
—Mira, después de una noche como esta, te das cuenta de que los éxitos profesionales son importantes. Lo que siempre me ha hecho feliz ha sido hacer música, y el hecho de poder compartirla con mi familia es el mejor regalo que podía pedir. Por eso estoy así.
Sentí la excitación de la chica ante mis declaraciones, y no pude evitar alegrarme por haberla elegido.
—¿Y tienes algún deseo para esta noche? —me preguntó, lanzada.
Estaba haciendo buenas preguntas. Le auguraba un buen futuro.
—Mis deseos para esta noche son los mismos de siempre: que creemos, respiremos y vivamos la música, y que el amor impregne nuestra vida, y la de mi familia sobre todo.
Me detuve uno segundos buscando a mi cuquita con la mirada. Nuestros ojos se encontraron entre la multitud, y Amaia me sonrió, con seguridad, rebosante de paz y felicidad. Sentí mi corazón estallar en mi pecho: por ella, por la música y por todo lo que habíamos creado durante esos años, a pesar de los obstáculos y las dificultades, que habían venido y seguirían viniendo.
Me volví hacia la muchacha, que había seguido mi mirada y me sonrió con bondad.
—¿Y sabes por qué? —le pregunté, retomando el hilo de su pregunta. Ella no se lo esperaba y se sobresaltó, negando con la cabeza.
Pero mis pensamientos habían retrocedido en el tiempo, al principio de nuestro camino. Una vez había dicho aquello, y me parecía la mejor manera de cerrar el ciclo. Busqué la cámara y la miré fijamente, para recordárselo al mundo y que nunca lo olvidara.
—Porque el amor y la música siempre ganan.
ESTÁS LEYENDO
Una voz compartida
FanficAmaia y Alfred han empezado a formar una familia, pero nadie decía que fuera a ser un camino fácil. Después de haber superado por completo el accidente, y ahora con Emma, Alejandro y Helga en sus vidas, los cinco se disponen a seguir adelante, a pe...
