(Helga)
Cuando parecía que la vorágine de mi mundo empezaba a convertirse en estabilidad, vino Álex a derrumbarlo todo.
Fue él quien me dio la noticia. Desde SingTubers se había creado una especie de complicidad entre nosotros que había sobrevivido al concurso. Por supuesto que seguía siendo un pesado y que a menudo me resultaba insoportable, pero supongo que ahora no éramos dos aliens viviendo bajo el mismo techo.
Por eso no tuvo reparos en decirme la verdad. O quizás lo habría hecho de todas formas, si pensaba que era lo correcto. En eso se parecía a papá.
—No sé si ya te ha llegado la noticia, —supe enseguida que me estaba preparando para algo que no me iba a gustar—, pero hoy por fin le dan el alta a Jorge. Llevaba más de un mes en el hospital.
Me encogí de hombros y asentí. Podría haber preguntado qué pasó, pero estaba segura de que Álex no había terminado.
—Vicky y él tuvieron un accidente bastante fuerte.
Por supuesto, el nombre de Vicky no me dejó indiferente. Mi muralla no era para dejarla a ella fuera. Era para dejarlo a él.
—¿Y Vicky está bien? ¿Y Nadia?
Había creado un vínculo con aquellas niñas más fuerte de lo que me habría gustado... Quizás por eso Emma seguía con el innombrable. Ahora entendía mejor que era difícil hacerle daño a aquellos seres inocentes y vulnerables.
—Vicky está bien. Sufrió algunas contusiones, pero le dieron el alta rápido. Nadia estaba en casa cuando ocurrió, con David.
El nombre.
Se desató una tormenta en mi interior, como cada vez que lo escuchaba.
Mi silencio, fruto del shock que esa mención había producido al estamparse contra mi muralla, no detuvo a mi hermano en su empeño.
—Casualmente, —ya, claro—, ocurrió la noche antes de que te marcharas.
El corazón, junto con todo mi mundo, me dio un vuelco.
No supe reaccionar. Quizás por eso lo único que pude hacer fue terminar la llamada. Sin despedirme de mi hermano, sin pronunciar palabra.
La respiración empezó a salir agitada de mis pulmones. La agonía quería desbordarse en mi pecho, mientras yo trataba de contenerla. Pero esta vez no pude mantener el control: la verdad de mi error salió como un grito ahogado, como un llanto furioso, incontenible, desgarrador.
Aquella potencia arrasó con todo y me dejó hecha una bolita en el vacío de soledad que me rodeaba, atrapada bajo los escombros de una muralla que ya no tenía sentido, pero demasiado herida y abandonada como para aceptar mi error.
Ya no existía remedio.
Claro que eso no impidió que June volviera a ponerlo todo patas arriba una vez más.
—Sinceramente, ya era hora de que me abrieras un hueco en tu apretada agenda —me dijo nada más verme, dándome un beso y pasándome el smoothie que ya tenía preparado para mí. Llevaba el pelo en un tono caoba más oscuro de lo que recordaba—. Hasta parece que estás más ocupada que yo.
—El disco me quita mucho tiempo. Hay mucho que discutir... Ni siquiera sabemos todavía cuál va a ser el single —me excusé, mientras nos sentábamos en un banco del pequeño parque en el que habíamos quedado.
En realidad, había accedido a quedar con ella para dejar de escuchar a mi padre. Pero lo del single era verdad. Llevábamos ya casi una semana en una discusión constante, por los diversos puntos de vista del equipo sobre cuál era la canción que debía convertirse en el estandarte del disco.
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Una voz compartida
Hayran KurguAmaia y Alfred han empezado a formar una familia, pero nadie decía que fuera a ser un camino fácil. Después de haber superado por completo el accidente, y ahora con Emma, Alejandro y Helga en sus vidas, los cinco se disponen a seguir adelante, a pe...
