—¿Qué haces, Álex?
—Estaba viendo mi canción... Y después siempre veo la vuestra. Es tan bonita como la mía, ¿verdad, mamá?
—Sí, cariño. Fue muy especial.
—¿Entonces por qué no sonríes como papá cuando te acuerdas?
—Sí sonrío, pero es que también me acuerdo de que fue muy difícil... Solo ese momento ahí arriba me lo compensó todo. Por eso ya valió la pena.
—¿En serio?
—Claro, Álex. Aunque... no creo que volviera a pasar por algo así.
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(Amaia)
Yo no sabía si las desgracias venían solas. Pero, en nuestra familia, las noticias seguro que no. Además, a cada cual me resultó aún más inesperada.
—Amaia... —¿Alfred pronunciando en mi oído mi nombre entero, tumbado a mi lado en la cama? No sabía si podía salir algo bueno de eso—. Cuando Alejandro te dé la noticia, prométeme que te vas a alegrar por él, ¿vale?
Me volví de inmediato, para mirarle a los ojos. ¿Qué tipo de petición era aquella? Le hice un gesto con la cabeza, dándole a entender que esperaba más explicaciones. Él se limitó a sonreírme, y pude notar un punto pícaro. O sea, ahora era cuando empezaba a disfrutar con mi curiosidad.
—¿Y me vas a dejar así?
—Por supuesto —me respondió, como si fuera una obviedad—. No me corresponde a mí dártela, así que tendrás que esperar.
—¿Y por qué la sabes tú ya, si puede saberse? —continué, mostrando mi enfado sin tapujos.
La sonrisa se le borró de golpe en ese momento. Y ahí sí que empecé a preocuparme. ¿Qué más había que no me estaba contando?
Me incorporé un poco, apoyándome sobre mi brazo.
—A veces pienso que, a pesar de todo lo que hemos pasado, me sigues tomando por tonta, Alfred... —me quejé, sintiéndome muy dolida.
—Eso no es verdad, cuquita...
—No, no me llames ahora "cuquita". Siempre volvemos a lo mismo. Siempre. ¿Otra vez me estás ocultando cosas? —me quejé.
Él se sentó en la cama como un resorte.
—Amaia, entiendo que pienses eso. Pero no te estoy ocultando nada —añadió, con fuerza. Luego su tono se suavizó un poco—. Solo te estoy previniendo. Ninguno de los dos queremos que Alejandro sufra, ¿verdad?
Acabó casi en un susurro lleno de cariño, como siempre que hablábamos de nuestros hijos. Le acaricié la mejilla, tratando de dilucidar si estaba siendo completamente sincero.
—¿Y después me contarás lo otro? —quise saber, sin dejarlo ir.
Él giró la cabeza y me dio un beso en la mano.
—Te lo prometo —musitó, y vi sus ojos llenos de luz, a pesar de la oscuridad.
Le empujé con fuerza para que volviera a la cama, y me eché encima de él.
—No sabes la suerte que tienes de que sea tan fácil convencerme...
—Por supuesto que lo sé —me respondió, al oído, haciendo que se me erizaran todos los vellos de la nuca.
Lo que no me esperaba para nada era que Alfred llevase razón, hasta el punto de que habría deseado mentalizarme más para la noticia. Porque no, no lo había hecho lo suficiente.
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Una voz compartida
FanfictionAmaia y Alfred han empezado a formar una familia, pero nadie decía que fuera a ser un camino fácil. Después de haber superado por completo el accidente, y ahora con Emma, Alejandro y Helga en sus vidas, los cinco se disponen a seguir adelante, a pe...
