57. Una idea loca

383 36 25
                                        

—¿Qué haces, Emmita?

—Estoy jugando sola. Como ahora tú no quieres hacerlo conmigo...

—¡Sí quiero! Pero no cuando juegas a los concursos de música. Me parece muy tonto.

—Antes te gustaba mucho...

—Pues ahora no. Los concursos de música son una tontería.

—¡Que no! ¡Tonta tú! Anda, vete y déjame seguir, que ahora me toca salir a cantar al escenario...

—Como quieras. Ni que fuera de verdad, ¿sabes?

__________________________________________________

(Emma)

Una de las cosas que no le perdonaré nunca a Helga es que me hubiera ocultado lo de Dark Skies durante tanto tiempo. ¡Meses! ¡Meses que se llevó subiendo covers sin que nadie en la familia fuera consciente!

—Pero no te enfades, Emmita... —me apeló, utilizando el diminutivo para tratar de ablandarme, el día que los había descubierto en casa. David no había tardado mucho en marcharse, para dejarnos solas a Helga y a mí—. Has tenido un verano muy difícil, ¿o no? —continuó—. ¡Si apenas nos hemos visto!

Había empezado a frotarme el brazo, zalamera, y acabé volviéndome hacia ella y lanzando un profundo suspiro lleno de resignación. Supongo que llevaba razón...

—Sigue sin ser excusa, pero bueno, ahora ya no tiene sentido. Lo que no me explico —puntualicé, sentándome en la cama y haciéndole un gesto para que se uniera—, es que os atreváis a ensayar aquí en casa, cuando cualquiera puede aparecer, igual que yo hoy.

Ese día me habían cancelado la clase particular de piano que le daba a uno de los niños en la escuela de mamá. Normalmente me habría esperado a que ella acabara para volvernos juntas, pero aquella tarde sabía que Helga estaría en casa, así que me había vuelto sola de forma consciente porque ya me olía algo. Y mis sospechas habían sido confirmadas.

Helga se echó a reír ante mi apreciación.

—¡Sois la familia más predecible del mundo, Emma! Justo los miércoles es un día en el que todos estáis muy ocupados y nunca, nunca, llegáis a casa temprano. Podría morirme a mitad de la mañana y no os enteraríais hasta por la noche —comentó, con tono jocoso.

Le di un golpe en el brazo. Qué bruta podía llegar a ser...

—Menos mal que está David para avisarnos —le respondí, con una media sonrisa.

Sabía que no le gustaba que sacara ese tema, así que era uno de mis favoritos para pincharla. Para mi sorpresa, Helga decidió ignorar mi comentario.

—De todas formas, los miércoles Jorge sí vuelve pronto, porque Nadia tampoco tiene actividades extraescolares, así que en casa de David no podríamos estar. Y la verdad es que no me gusta preparar los temas con Jorge y las niñas por allí danzando, ¿sabes? —me explicó.

Helga no solía dar tantos detalles, pero se sentía pillada en falta y estaba tratando de compensarme, porque sabía que estaba dolida. En el fondo, yo estaba aparentando más de lo que de verdad lo sentía, ya que me parecía admirable que Helga hubiera decidido embarcarse en semejante aventura. Y, conociéndola, hasta podía entender que no quisiera que nos enterásemos, después de la lata que había dado durante tantos años con el tema del odio a la música.

—Me sigue pareciendo muy fuerte que Vicky sea la que haga semejantes grabaciones y ajustes, Helga —le reiteré.

—Ya, y a mí. Puede ser una pequeña genio en lo que se proponga, y a ella le ha dado por esto... —De repente, sus ojos adquirieron un brillo peligroso—. Pero oye, que yo también tengo derecho a sentirme dolida, porque sé que has escuchado algunas de nuestras covers y no nos has reconocido —me espetó, con una sonrisa maliciosa.

Una voz compartidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora