(Emma)
El corazón se me va a salir del pecho. Me paso la mano que tengo libre por la tela del vestido, no porque le haga falta, sino porque necesito conjurar los nervios de alguna forma mientras me arreglan el velo y la cola, que es bastante larga.
Todo tiene que estar perfecto... aunque sé que es lo de menos.
La otra mano la tengo agarrada fuertemente del brazo de papá, y me alegro de la estabilidad que eso me proporciona. Siempre lo ha hecho.
Busco su mirada cuando la melodía empieza a sonar dentro de la iglesia. Estamos en el hall y las puertas de madera se encuentran cerradas, guardándonos de la mirada del novio y los invitados. Antes de estar aquí por primera vez nunca me había imaginado mi boda así, en una iglesia de un país extranjero. Pero desde entonces creo que ya no había contemplado otra opción en mi mente. Y la verdad es que tiene un punto de cuento de hadas que me pone los vellos de punta cada vez que lo pienso. Como ahora.
Los ojos de papá están ahí esperándome. Esboza una sonrisa emocionada.
―¿Estás contento? ―acierto a preguntarle, con la voz un poco temblorosa.
Los ojos le brillan con más intensidad y veo que traga saliva.
―Soy el hombre más feliz del mundo ahora mismo..., aunque quizás no tanto como el que te espera dentro ―consigue musitar, tan bajito que dudo de que nadie más lo haya escuchado. Me aprieta la mano que rodea su brazo―. Sabes que Chris me gustó desde el principio. Pero si no hubiera sido así, estaría igual de contento si te estoy entregando a quien te hace feliz.
Las lágrimas acuden a mis ojos tan rápido que entro un poco en pánico: no es el momento de que se me estropee la cara. Todavía no.
―Papá... ―intento quejarme, echándome un poco sobre él y consiguiendo que pase el momento.
―Vaya, ¡casi! ―se ríe él, haciendo referencia a mis lágrimas y ayudando así a relajarme.
Esbozo una sonrisa en respuesta, pero entonces siento un peso en mi mano y compruebo que la wedding planner me ha pasado el ramo mientras nos dirige una mirada seria. Seguro que, bajo su punto de vista, no estamos al nivel de solemnidad que requiere el momento.
―Hemos dado la señal. Con el cambio de música abrimos las puertas ―nos explica, colocándose en posición.
Contengo la respiración. Ya está aquí. Ya es el momento.
Me muerdo el interior del labio, y papá vuelve a apretarme la mano. Me agarro a eso para mantenerme entera.
―Te quiero mucho, princesa ―me susurra.
Y justo en ese momento llega el cambio de música anunciado. Se me ponen los vellos de punta escuchando el toque de la gaita, que me devuelve a mis primeros momentos con Chris, y el impacto que produjo en mí. Ahora es el inicio de otro momento con él: otro que también cambiará el rumbo de nuestras vidas. Se abren las puertas y cientos de ojos se posan en nosotros. Me tiemblan las piernas.
Pero allí, al final, está esperándome el hombre de mi vida. El corazón estalla de alegría en mi pecho y ya no puedo dejar de sonreír. Igual que él. Estamos donde debemos estar, después de todo.
Mientras recorremos el pasillo me fijo en algunos rostros tan queridos. Carol se sienta en los primeros bancos, grabándolo todo muy exaltada. También veo a Simón, que ha venido con su novia. Dejo escapar un suspiro, porque verlo a él me recuerda inevitablemente a Lucas.
Me fijo en que Helga, después de lanzarme una sonrisa, deja escapar sus ojos hacia otro lugar. Ha venido sola, porque ha querido, pero no me cabe duda de que su mirada se va constantemente hacia el lugar donde David está sentado con el resto de miembros de Suebre Music que han podido venir. Cuando mi hermana se pone cabezota no hay quien le gane. Y bueno, no he visto a David, pero seguro que está guapísimo, como para no mirarlo. Alejandro y Laura están juntos, cogidos de la mano, y veo como mi hermano le susurra algo a ella. Sé a ciencia cierta que se avecina algo importante, pero ese secreto es solo de Alejandro y mío..., por ahora.
Por último, me encuentro con mamá, que se levanta para darme un beso. Ya está llorando, totalmente despreocupada por su maquillaje o su pelo, pero con una frescura que lo ilumina todo. Ella también está feliz.
Me vuelvo hacia mis suegros. Dan es más comedido y solo me sonríe, pero Verónica me lanza un beso con efusividad, y eso me arranca otra sonrisa.
―Who gives this woman to be married to this man?
Las palabras del sacerdote escocés me pillan totalmente por sorpresa. Está situado en el altar al lado de Chris, quien, ahora que me fijo en él de cerca, está más emocionado de lo que yo pensaba. Aprieto los labios para contener las lágrimas.
Por primera vez, noto a papá enderezarse a mi lado. Es la única aportación que va a hacer en inglés, pero la ha repasado hasta la saciedad. Por suerte, la boda va a estar concelebrada en ambos idiomas por dos sacerdotes, pero Chris quería que mantuviéramos esta tradición en el idioma original.
―¡Muchos requerimientos tienes tú! ―me había quejado, en broma, el primer día que nos habíamos sentado a hablarlo en serio.
―Es para siempre, Emma ―se había limitado a contestarme, con suavidad y contundencia a la vez.
Para siempre. Quién me iba a decir que esas dos palabras me harían tan feliz.
A mi lado, papá se aclara la garganta.
―Her mother and I do. ―Su voz suena firme, impecable.
Se acerca a darme un último beso y veo las lágrimas asomando a sus ojos, así que dejo de mirarlo para no emocionarme más. Los dos somos conscientes de lo que está pasando: está entregando a su princesa a otro hombre.
Con lentitud, pero sin dudas, pone mi mano en la de Chris, y esta se cierra inmediatamente en torno a la mía, apretándola con fuerza. Le tiendo el ramo a mamá y subo los escalones hasta el altar como en un sueño. Apenas soy consciente de cómo me recolocan el vestido. No puedo dejar de mirar a Chris, y tengo que parpadear repetidas veces para que no se me salten las lágrimas.
―Estás... breathtaking ―me susurra.
Me complace hasta límites insospechados el hecho de que haya tenido que recurrir a su lengua materna para describirlo.
―Tú también ―le respondo, y siento como acude el calor a mis mejillas.
―Quería estar perfecto para ti.
Ahí está. Siempre la palabra adecuada, demostrándome cómo me conoce y está dispuesto a colmar todos mis deseos. Porque quería estar perfecto por mí, a pesar de que para él no es tan importante. ¿O sí?
La ceremonia sigue su curso y por fin empiezo a relajarme. Ya está todo hecho: solo queda lo más importante. Y, para mi sorpresa, el momento no tarda en llegar. Seguimos la fórmula establecida, intercambiamos los anillos y las arras como marca la tradición, y Chris, pasada la emoción inicial, se mantiene sereno, con una sonrisa satisfecha que me sirve de guía. Mi mano tiembla más que la suya cuando deslizo el anillo en su dedo, y él me la coge y se la lleva a los labios.
―That's it ―murmura.
Ya está. Ya somos marido y mujer.
Y, a pesar de que hemos compartido muchos besos, con el que sellamos nuestro matrimonio tiene un sabor especial, un sabor de eternidad. Vamos a luchar por ser felices juntos el resto de nuestras vidas, como ya lo veníamos luchando desde que el primer momento en que nos conocimos.
Para siempre.
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Una voz compartida
FanficAmaia y Alfred han empezado a formar una familia, pero nadie decía que fuera a ser un camino fácil. Después de haber superado por completo el accidente, y ahora con Emma, Alejandro y Helga en sus vidas, los cinco se disponen a seguir adelante, a pe...
