(Emma)
El comentario de Carol sobre las cámaras me dio alas para volar. Pero no conté con que hay cosas que no hacen falta que sean grabadas: se ven y punto. Y, como después entendí, quizás era eso a lo que mi amiga se refería.
Además había otro problema, y es que casi nunca podía hablar con Chris, porque siempre acabábamos sobrepasados por la música. Y tengo que reconocer que eso no estaba dispuesta a frenarlo mientras nos saliera de forma natural, sobre todo porque la impresión el primer día en el piano de que volvía a conectar con mi música, ahora la sentía más patente, más real, y no podía ignorarlo. Quería recuperarlo a toda costa, y Chris parecía que tenía parte en eso, aunque yo prefería no pensar exactamente qué parte.
La primera vez que me propuse hablar con él en serio, ya entrado el mes de julio, lo pillé con la gaita, y solo con eso me mató. Estaba en una de las salas de ensayo, que estaban insonorizadas.
—No sabía que te la habías traído —le dije, a modo de saludo, cerrando la puerta tras de mí.
—Es el cumpleaños de mi padre. ¿Me ayudas a grabar la felicitación?
Asentí, gustosa, y presencié durante varios intentos el vídeo—felicitación que había planeado, donde bromeaba con su padre acerca de haberse olvidado sobre cómo tocar la gaita. Pero eso era imposible, lo hacía de maravilla.
Vimos la última grabación, que ambos sabíamos que sería la definitiva: estaba literalmente perfecta, con él desplegando todos sus encantos en las bromas y en los momentos serios.
—Pues ya —concluyó, mientras se acercaba a la funda para dejar la gaita en su sitio.
—Espera —no pude evitar frenarlo—. ¿Te sabes alguna canción más con la gaita?
Él me miró durante unos segundos, y acabó esbozando una sonrisa.
—Claro. ¿Quieres que te enseñe alguna?
Yo me limité a asentir, porque no confiaba en mi voz. Escucharle tocar la gaita era una necesidad que no sabía que tenía hasta que lo había visto. ¿Era esto lo que le pasaba a mamá cada vez que oía a papá con el trombón?
Chris no añadió nada más. Volvió a colocarse el instrumento y, sin tregua, comenzó a tocar una canción que me pareció de las más bonitas que había escuchado. Tenía letra, además, y esa melodía que suele acompañar a las baladas escocesas. Era una canción triste, de duelo.
—¿Cómo se llama? —le pregunté, cuando acabó.
—The Skye Boat Song. Habla de cuando los escoceses perdieron la guerra y tuvieron que huir —me explicó, sin entrar mucho en detalles.
Podía sentir una cierta melancolía en su voz.
—Es muy triste, pero muy hermosa a la vez.
—Sí. Y, por desgracia, es utilizada como un arma. Si la cantas, especialmente la última estrofa, es porque eres un independentista —comentó, con un cierto tono de queja—. La música es música, y podemos utilizarla para expresarnos. Pero eso no tiene por qué significar nada político...
Aquella historia me resultaba tristemente familiar.
—Ya...
Él se sentó a mi lado en la banqueta del piano y me sonrió, poniendo su mano sobre la mía.
—Lo siento. Sé que tu padre sabe de esto. No es necesario que lo hablemos si no quieres —se disculpó.
Yo lo miré, sin entender.
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Una voz compartida
Fiksi PenggemarAmaia y Alfred han empezado a formar una familia, pero nadie decía que fuera a ser un camino fácil. Después de haber superado por completo el accidente, y ahora con Emma, Alejandro y Helga en sus vidas, los cinco se disponen a seguir adelante, a pe...
