64. Sin barreras

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—Amaia, hija, qué bonita sorpresa lo del disco de los niños, ¿eh? ¿Fue idea suya?

—Sí, mamá. Ya sabes que intentamos apoyarlos en sus ideas...

—Y me parece estupendo. Esa sensibilidad de Alejandro, como si de verdad viviera lo que canta... O la garra de Helga. ¿Pero no decías que está enfadada y que no quiere saber nada de la música? Pues que siga enfadada, porque vamos...

—No es tan fácil, mamá.

—Claro, que te canten las verdades nunca es fácil. ¿No, hija? Pero Helguita parece que tiene un don para eso...

—¡Mamá!

—Espera, Amaia, que aún no he acabado. Porque Emma parece que pasa desapercibida, pero es la que está ahí sosteniéndolos a los dos... Una joya, nuestra Emmita, qué te voy a contar...

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No estaba dando crédito a lo que escuchaban mis oídos. Como cada vez que aparecían Dark Skies, los ojos de todos estaban fijos en la pantalla..., pero esta vez era diferente. Porque no estábamos presenciando una interpretación más.

No me cabía duda de que esa canción la había escrito Helga. Solo ella podría haber utilizado esas letras para contar... su historia. Porque estábamos escuchando su historia, tal y como se la estaba contando... a David. Y al resto de millones de personas que lo estaban viendo al mismo tiempo. Y sin inmutarse.

La instrumentación ya estaba llegando al final, por lo que se estaba reduciendo todo, también el juego de filtros. Esta vez la hermana de David se había superado. Parecía que todas las actuaciones anteriores habían sido creadas solo para llegar a este momento... Porque los filtros no hablaban solo de un cielo oscuro, hablaban de una ciudad llena de estrellas... y un cielo vacío. Un cielo vacío que, como cantaba Helga, ahora volvía a estar lleno de luz.

Se me llenaron los ojos de lágrimas: aquello era una canción de amor. Una canción de amor llena de esperanza y agradecimiento.

In a city of stars, the skies must be dark... —volvió a repetir Helguita, con un tono suave un poco descontrolado a causa de la emoción, que lo hacía incluso más bonito.

Entonces, en medio de ese fondo totalmente negro, nos deslumbró una explosión de luz... Y allí estaban Helga y David, mirándose el uno al otro.

Se habían caído los filtros y ahora todos podíamos verlos por fin, tal y como eran.

Sentí como mi hija cogía aire para acabar de cantar, aunque dudé de que pudiera hacerlo a causa de la emoción. Fui consciente de que probablemente todo el mundo estuviera conteniendo la respiración en ese momento.

But you brought me life... And I'll always owe you for that.

Ahí estaba. Un final brillante, pausado, hermoso y lleno de luz, como ella en aquellos momentos. Porque sí, se estaba presentando ante el mundo como la estrella que llegaría a ser...

Me recorrió un escalofrío mientras su imagen se iba difuminando. ¿Helga era consciente de lo que estaba haciendo?

—Nunca pensé... —me atreví a decir, girándome para mirar a Alfred. Pero todavía me costaba hilar los pensamientos—. Nunca pensé que Helguita... se comunicaría...

—¿Con canciones? —me ayudó él, alargando una mano para limpiarme una lágrima.

Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba llorando.

En ese momento escuchamos varias quejas ahogadas, y nos volvimos con brusquedad hacia las pantallas. Todo estaba negro. ¿Qué había ocurrido?

Alfred se levantó como un resorte hacia el equipo que coordinaba la retransmisión en vivo desde la discográfica.

Una voz compartidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora