—Mamá, ¿por qué papá sale así en esta foto?
—Porque hace algunos años, antes de que Emma, Helga y tú nacierais, papá tuvo un accidente muy grave.
—¿Y qué le pasó?
—Que no podía hablar ni moverse bien.
—Oh, pobre papá... Oh... Pero, oh, oh. Pero entonces... ¿No podía cantar? ¿Ni tocar instrumentos? Pero papá... ¿Papá? ¿Sin cantar? ¿Y sin tocar?
—No, Álex, no podía. Pero luchó y luchó hasta que lo volvió a conseguir. Porque la música en él era más fuerte que todo eso. ¿Y sabes la primera palabra que dijo cuando ya volvía a saber todas las letras?
—No... ¿Fue 'hola'?
—No. Fue tu nombre completo: Alejandro.
—¿Mi nombre? ¿De verdad, mamá?
—Sí, Álex. Porque incluso por encima de la música, lo que más ama papá es a su familia.
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(Alejandro)
Cuando llegamos a Pamplona los abuelos nos estaban esperando en la estación, y recuerdo que el abrazo de la abuela fue la primera cosa que me permitió relajarme desde que habíamos salido de casa.
Nos había preparado un estofado que echaba mucho de menos. No sé por qué, pero mamá nunca conseguía el punto que le daba la abuela a la comida.
La abuela también había invitado a comer a la prima Ana, que era casi tres años mayor que Emma, pero tan guapa y divertida como la tía Ángela. Helga siempre decía que la tía Ángela era, después de Gloria, su persona favorita del mundo, y Ana se llevaba especialmente bien con Emma, a la que hacía reír mucho.
Con los años, empecé a pensar que la abuela había invitado a la prima para que nos tuviera entretenidos mientras ella trataba de hablar con mamá, aunque esta trataba de pegarse a nosotros como una lapa, de manera que la abuela creo que no consiguió su propósito.
Por la tarde salimos a dar un paseo con el abuelo y con mamá y nos llevaron a tomar churros con chocolate. En realidad, me acuerdo de este detalle solo porque, cuando estábamos en la cafetería, levanté la mirada golosa de mi tazón de chocolate después de haber empapado un churro en él y me encontré con la mirada triste de mamá, que se me clavó como un puñal.
Primero, Emma. Ahora, mamá. Helga también llevaba todo el día medio enfadada y en silencio... ¿La pelea había sido más importante de lo que yo pensaba?
Nos costó irnos a la cama. No solo porque habíamos dormido en el tren, sino porque los abuelos se estaban esforzando en distraernos y nos proponían un juego tras otro. Ahora comprendo que, si ponían tanta insistencia, se debía a que claramente nuestra respuesta no era la esperada.
Al día siguiente fui el primero en despertarme y corrí a la cama de mamá, como tanto me gustaba hacer desde pequeño. Mamá seguía durmiendo, pero eso no me frenó para meterme en la cama con ella. No pude evitar que se me estremeciera el corazón al no tener la posibilidad de acurrucarme entre mamá y papá como siempre. Esta vez era solo mamá, pero ella se volvió hacia mí y me pasó un brazo por la cintura. Yo la miré: apenas podía verle la cara porque el pelo revuelto se la tapaba, pero alargué la mano hacia su barbilla con cuidado.
Noté que le daba un escalofrío al principio, porque mi mano estaba fría, pero luego entreabrió los ojos y sonrió.
—Álex, no hay colegio. ¿Por qué estás despierto tan temprano? —me susurró, con voz ronca y somnolienta.
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Una voz compartida
FanficAmaia y Alfred han empezado a formar una familia, pero nadie decía que fuera a ser un camino fácil. Después de haber superado por completo el accidente, y ahora con Emma, Alejandro y Helga en sus vidas, los cinco se disponen a seguir adelante, a pe...
