53. Los problemas del mundo real

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—¿Qué haces, Emmita?

—Juego a ser mayor.

—¿Pero para qué quieres ser mayor?

—Para hacer todas las cosas que hacen los mayores, Alejandro, como ir a fiestas que papá y mamá no nos dejan. ¿Tú no quieres ser mayor?

—No. Mamá siempre se queja de los problemas. Y tampoco tienen mucho tiempo para jugar.

—Seguro que no es para tanto. Yo sí tendré tiempo.

—...

—¿Y esa cara, Alejandro? ¿Es que no me crees?

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(Emma)

Las últimas veces suelen vivirse con una intensidad abrumadora, cuando sabes que son las últimas. Y eso no es algo que ocurra muy a menudo.

Por eso, no dudé ni un segundo en rechazar la beca de L'École de Musique cuando me la otorgaron.

—Eres tonta. Lo más probable es que no te la vuelvan a conceder —me recriminó Helga.

Si buscaba un apoyo en este asunto, estaba claro que esta no era la hermana adecuada. Quizás Alejandro...

—No pasa nada. Seguro que habrá otras oportunidades en la vida —le recordé.

—Pero esta nooooooo —continuó, tirada en mi cama y deshaciéndomela por completo—. ¿Te lo has pensado al menos?

Asentí con la cabeza.

—Claro, cómo no lo ibas a hacer.

—Antes de echar la beca, Helga. ¿Y sabes qué? Que no la eché porque me aceptaran, sino por demostrarme a mí misma que podía, que es igual de importante —le expliqué.

—Pero te han aceptado. ¡Te han aceptado, Emma! Puede que eso no entrara en tus planes, pero...

—Correcto. No entraba —la corté. Estaba empezando a cansarme, porque se notaba a leguas que no podía ni quería entender mis motivos—. Por eso me da igual. Otro año será. Si tanto interés tienen...

—Tienen interés, y te lo han demostrado. Otro año lo mismo tienen reglas, y entonces no es que no quieran, es que lo mismo no pueden —me razonó.

—Pues entonces es que no será lo mío, Helga. No pasa nada. Habrá más oportunidades —volví a repetirle. Tenía la sensación de que estábamos en un círculo vicioso, así que me decidí a romperlo por todos los medios—. ¿Desde cuándo tienes tú tanto interés en lo que yo haga o deje de hacer con la música, de todas formas? ¿Acaso no fuiste tú la que estuviste tonteando durante años? Y mira ahora, en apenas unos meses ya te han dado tu primer papel en un musical. ¿Ves? Nunca se sabe.

Me sentí un poco mal por atacarla con ese tema, pero ella también se lo había ganado, por pesada.

En ese momento se sentó en la cama, muy recta y muy seria.

—Sí, o podría haber acabado en un centro para menores, o en un internado, como Víctor —saltó.

Su salida me dejó descolocada.

—¿Víctor? —pregunté. No entendía a qué venía ahora.

—Sí, Víctor. Lo cogió la policía y estuvo detenido. Cuando salió sus padres lo metieron en un internado para niños problemáticos —me explicó, de carrerilla.

—¿Y a qué viene eso, Helga? —le pregunté, aún sin comprender qué pensaba.

Ella me miró y acabó bajando los hombros, con un punto de desilusión en la mirada.

Una voz compartidaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora