Abril. Parte 44

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Entonces comprendí que "abril es el mes más cruel". Lo sabía el poeta inglés y yo comenzaba a asimilarlo. Pensando en la reseña de este mes, había empezado a buscar por internet libros, citas, algo de inspiración. Al final había llegado hasta ese verso y desde luego me sentía identificada. T. S. Eliot había sufrido una pérdida y yo también. En realidad no era una pérdida de verdad porque nunca lo había tenido. La felicidad de pensar que Pablo me estaba invitando a salir solo la había sentido durante cinco segundos.

El libro de este mes ya lo tenía elegido. Estaba claro que no iba a ser Cumbres borrascosas, porque para ser sincera no me estaba gustando. Me angustiaba cada vez que me ponía a leer y la angustia es uno de esos sentimientos que conviene evitar. Empezaba a pensar si no tendrían razón mis haters o si podría ser algo peor, si yo tenía algún tornillo flojo. ¿Por qué no podía gustarme cualquier otro chico, uno que supiera que yo existía? La respuesta parecía tan obvia que no podía ser esa, yo me estaba empeñando en algo que no podía ser, y no era solo Pablo. Yo quería que todo significara algo, que todo fuera importante, inolvidable, indestructible. Tal vez ahí estaba el error, eso era algo que solo podía darse en una novela y si se daba en la vida real sería como una catástrofe natural.

Los primeros días de la semana habían ido más o menos bien. Parecía que todos estábamos con la cabeza en otra parte y con pocas o ningunas ganas de hablar. Todos excepto Pablo, que parecía extrañamente contento y que no dejaba de hablar de todo lo que se le ocurría. Incluso se acordó del concurso de relatos y trató de convencerme para que le dejase leer el mío.

El polaco podría haberse negado a venir. Podrían haber cancelado la actuación, el vuelo. Podrían haber ocurrido muchísimas cosas, pero no pasó nada. El viernes a las seis comencé a arreglarme. María no tenía inglés porque su profesor estaba enfermo, eso es lo que la gente llama imprevistos y ocurren constantemente. A ella le vino de perlas para quedarse y darme apoyo moral, como ella lo llamaba. Ángela vino corriendo para lo mismo. Había perdido la cuenta de los insultos que le estaban dedicando, cuando salí del baño con el vestido puesto.

—Ohhh, qué vestido. ¿A dónde vas así? —Ángela me miraba alucinada.

—¿No te gusta? Siempre me puedo poner el de la boda de mis tíos. —La verdad era que no quería ir como de boda, solo de pija, pero era corto y no muy recargado porque la ceremonia había sido por la mañana.

—No, estás genial. ¿Seguro que lo de esta tarde no es salir?

—Segurísima, por eso lo he elegido, me habías asustado. —Me sentía tan insegura—. ¿Me he pasado? ¿Me cambio? —Al fin y al cabo esa era la impresión que yo quería causar.

—Te queda de miedo —dijo María que no dejaba de reírse mientras se tumbaba en mi cama.

—¿Y esto qué es? —preguntó Ángela señalando un corcho en el que había ido pegando recortes con imágenes de Virginia Woolf, Charlotte Brontë, Jane Austen, Marie Curie, Clara Campoamor, Victoria Kent, Cecilia Bohl y un largo etcétera.

—Es para motivarme. Son mujeres que no lo tuvieron fácil y no se rindieron, así que yo tampoco voy a rendirme. Vengo en un segundito.

Cuando volví del baño ya estaba peinada. Me había planchado el pelo, el resultado era genial. Me había maquillado un poco. En fin, estaba más que presentable.

—Yo no entiendo nada —dijo Ángela mientras me miraba de arriba abajo.

—Que te lo cuente, que te lo cuente —exigía María muerta de risa.

—A ver chicas, voy a lo que voy ¿no? Pues tengo tres opciones ir en chándal y que se vea a la legua que me han dado la paliza de mi vida, ir normalita como voy siempre y que me la den allí mismo, o, y ésta es la que he elegido, ir divina y hacer el papel por el que seré recordada, "soy pija porque el mundo me ha hecho así". —Me señalé a mí misma mientras lo decía.

Deep Blue ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora