30

362 33 13
                                        

Al despertar, lo primero que noté fue la luz tenue que se filtraba por las cortinas, bañando la habitación en un suave resplandor invernal. El reloj marcaba las 7:45am y la tranquilidad del entorno me permitió saborear por un momento la calma del despertar. Sin embargo, algo era diferente esa mañana; sentía un peso extra y una cálida presencia que me sostenía con firmeza. Lentamente, volví en mí y me di cuenta de que un brazo fuerte rodeaba mi cintura, manteniéndome cerca. Mientras su otro brazo estaba bajo mi cabeza, sirviendo de almohada improvisada.

Con un suspiro profundo, giré con cuidado para no despertarlo, donde dormía profundamente. Al girarme, lo vi por primera vez en esa intimidad tan pura, con su rostro relajado y sereno. Su boca estaba ligeramente entreabierta, y su cabello, generalmente tan bien peinado, caía en desordenadas hebras sobre su frente, cubriéndole levemente el rostro.

Me tomé un momento para observarlo, moviendo con suavidad algunos de esos mechones rebeldes. En la quietud de la mañana, mis ojos se perdieron en los detalles de su rostro: su nariz recta y perfilada, las pestañas espesas que descansaban sobre sus mejillas, sus finos labios bien marcados, y esa mandíbula fuerte que hablaba de su determinación. Noté un pequeño lunar, apenas visible, cerca de su ojo izquierdo, que usualmente pasaba desapercibido debido a sus lentes y su tamaño diminuto.

Mientras lo miraba, una sonrisa inconsciente se dibujó en mis labios, una mezcla de asombro y ternura por lo que había descubierto en él. Estaba tan absorta en mis pensamientos que no noté cuando Alastor comenzó a despertar.

—¿Qué tanto me observas, cariño? —su voz, aún teñida de sueño, me sacó de mi ensimismamiento. Me miraba con una mezcla de diversión y ternura, donde sus ojos ahora abiertos, brillaban en la penumbra matinal. Mientras hablaba, su mano se deslizó suavemente hacia mi mandíbula, acariciándola con un toque ligero pero lleno de intención.

—¿Y esa sonrisa? —continuó, su tono juguetón mientras esbozaba una sonrisa pícara, como si disfrutara del pequeño juego de palabras que había iniciado.

Sentí que mi corazón se aceleraba ante la cercanía y la intimidad del momento, y aunque su comentario tenía un tono de broma, la conexión entre nosotros era palpable. Moví mi cabeza hacia su mano, disfrutando del contacto, mientras intentaba articular una respuesta que pudiera captar lo que sentía.

—No es nada —murmuré con una sonrisa tímida, dándole un giro rápido al cuerpo para darle la espalda a Alastor. Me acurruqué contra él, buscando alargar un poco más ese momento de paz compartida. Sentía su calidez detrás de mí, su respiración contra mi cuello, y por un instante pensé que el momento podría durar para siempre.

Pero Alastor, por supuesto, no se rendía tan fácilmente.

Con un movimiento suave, se apoyó en el antebrazo que yo todavía usaba como almohada, ajustando su posición para acercarse más a mí y su rostro hundiéndose en la curva de mi cuello. Su aliento cálido me provocó un leve escalofrío cuando susurró, con ese tono entre divertido y ligeramente tentador:

—¿Segura que no es nada?

La diversión en su voz mezclada con la tensión palpable del momento me hizo sonreír, pero esta vez con una mezcla de ternura y deseo. Sentía cómo la intensidad crecía entre nosotros, una corriente eléctrica que me empujaba a reaccionar.

Me giré sobre mí misma para quedar frente a él, quedando bajo su cuerpo. Mi corazón latía con fuerza al ver cómo me observaba, esa chispa en sus ojos que siempre lograba derretir mis defensas. Pasé mis brazos por su cuello, atrayéndolo más cerca, hasta que nuestros labios casi se rozaron.

Alastor mantenía su postura, apoyado para no aplastarme, mientras su otra mano se aferraba firmemente a mi cintura, como si nunca quisiera soltarme. Su mirada, intensa y llena de deseo, se encontró con la mía, y sin decir nada más, nos fundimos en un beso profundo y apasionado.

Sinfonía de la muerte (Alastor x Tn)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora