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Cantos tímidos hicieron eco en mi habitación, ambientando una perfecta imagen matutina: un dormitorio en penumbra siendo únicamente iluminado por los primeros rayos de sol que traspasaban la cortina.

Los días posteriores a la reunión fueron... ¿aburridos? Lo único destacable fue regresar a mi casa junto a Jean para ordenar el desastre que habían dejado los hombres de Víctor. Aunque no me animaba a habitarla de nuevo, al menos ya estaba lista. Por otro lado, Alastor y el minino parecían haber formado una amistad: el gato lo seguía a todas partes y se acomodaba en su regazo para dormir. Por supuesto, cada vez que me acercaba, él se apresuraba a dejar al gatito en el suelo fingiendo indiferencia. Pero, aunque no lo admitiera, ya se había encariñado.

Pero mi pequeña paz matinal no duró mucho.

—¡TN, VEN AQUÍ AHORA! ¡MIRA LO QUE HA HECHO TU ANIMAL!

El grito resonó en toda la habitación, rompiendo de manera brutal la tranquilidad. Fruncí el ceño, removiéndome entre las sábanas tratando de despejar el sueño y la ligera irritación que comenzaba a llenar mi cuerpo. Con un suspiro resignado, me levanté y bajé las escaleras, todavía luchando por mantenerme despierta.

Desde el primer escalón, la escena fue evidente: sobre la gran mesa principal, justo entre la sala y la cocina, una bola de pelos lo adornaba cuál centro de mesa, mientras Alastor al lado de ella lo señalaba con expresión de indignación y asco.

—Dime que no me despertaste para esto. —Lo miré, masajeándome las sienes.

—¡Por supuesto que sí! —exclamó, con un tono que rozaba lo dramático. —¡Esto es un atentado contra la decencia de mi hogar! ¡Esa criatura no tiene límites!

Ignorando su teatralidad, me acerqué, tomé un trozo de papel, envolví la bola de pelos y la tiré a la basura.

—Escena del crimen resuelta, señor. ¿Eso era todo?

Lo miré a los ojos, intentando transmitir lo innecesario de su actuación, pero solo obtuve una mirada ofendida que obvié magistralmente mientras me dirigía al reloj. Las manecillas marcaban las 6:25.

— ¡¿Hiciste una escena a las seis de la mañana?! ¿Qué clase de psicópata eres? Y, ¿por qué todavía no estás vestido? Vas a llegar tarde al trabajo.

Allí fue cuando mi atención fue completamente atraída por sus fachas: llevaba su clásico conjunto de pijama a cuadros negros y rojos, donde su camisa iba mayormente desabotonada dejando ver su abdomen. Mientras que su cabello caía de manera desordenada, que de alguna forma eso no hacía más que acentuar su atractivo.

—Hoy comienza mi tan esperada licencia, querida.

Dijo mientras comenzaba a caminar hacia mi dirección con gracia intencional. Me quise adelantar girando sobre mis talones y subiendo el primer escalón, pero no fui lo suficientemente rápida. Sus manos rodearon mis caderas desde atrás con firmeza, levantando ligeramente el borde de mi pijama.

Mi cuerpo se esremeció ante su tacto, creando una electricidad etérea que recorrió mi espalda. Quise moverme, pero quedé absorta a su voluntad al sentir como su cuerpo se pegó al mío mientras recibía un beso en el cuello.

—¿Por qué no volvemos a descansar? —susurró con suavidad. Pero antes de siquiera articular alguna palabra comenzamos a subir las escaleras.

Al tocar el segundo piso, me separé rápidamente de él para dirigirme a mi dormitorio y abrir la puerta, pero antes de que mi mano tocara el picaporte sentí cómo Alastor cerraba su manos en mi muñeca y me tiraba hacia él, alejándome de mi objetivo.

—Dije volvemos, querida. No, vuelves a descansar.

Su voz aterciopelada pero firme cayó en mis oídos, envolviendome de una bruma de emociones que me hizo cerrar los ojos. Antes de que pudiese decir algo, sus manos se dirigieron nuevamente hasta mis caderas, guiándome hacia su dormitorio.

Sinfonía de la muerte (Alastor x Tn)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora