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Las pequeñas gotas de lluvia comenzaban a empapar mi cabello a medida que salíamos del Gambler's, apresurados por la inminente tormenta. Ya habían pasado casi dos semanas desde aquella cacería que sacudió la ciudad. Los cuatro hombres resultaron ser más influyentes de lo que creíamos, matones locales que mantenían a raya a otros forasteros. Su desaparición había dejado un vacío incómodo, encendiendo el temor de que nuevas pandillas intentaran reclamar su territorio en Nueva Orleans. Donde la policía no tardó en tomar cartas en el asunto.

Alastor sin previo aviso pasó dos días en el calabozo, acusado de "no cooperar" con la investigación, mientras que Husk estuvo a punto de ser arrestado por haber sido la última persona en ver a los hombres con vida. Yo, por mi parte, fui interrogada cinco veces en menos de una semana. Pero el tiempo no se detiene, y los negocios mucho menos.

—Bendita noche la de hoy, ¿eh? —dijo con su tono habitual mientras nos apresurábamos hacia el auto—. Si no fuera por ti, aún estaríamos allí metidos.

Le respondí con una leve sonrisa mientras me acomodaba en el asiento. La noche había sido intensa, aunque no por las razones que esperaba. Husk estaba considerando un nuevo proveedor y quería la aprobación del resto del grupo: Mimzy, Rosie y, por supuesto, Alastor. La idea la había impulsado Mimzy, quien había encontrado al proveedor en su bar y aseguraba que tenía potencial a pesar de su especial trato. 

La reunión se llevó a cabo en el subpiso del Gambler's, con el objetivo de concretar una carga de casi media tonelada de cocaína hasta México. Sin embargo, en lugar de centrarse en el negocio, los hombres parecían más interesados en demostrar su ego y reafirmar su posición en la mesa.

—Fue... complicada, pero se llegó a un acuerdo, creo —respondí con un dejo de ironía.

Alastor encendió el motor tras dedicarme una mirada cómplice, y el auto se puso en marcha hacia el bosque.

—Oh, no dudo que sí, querida. Husk pareció bastante complacido con tu propuesta —dijo con su característico entusiasmo—. Sin duda fue una excelente idea llevarte conmigo. Aunque no puedo decir lo mismo de Mimzy, ja, ja.

Pude imaginar su sonrisa divertida sin siquiera mirarlo.

Mimzy.

Todavía podía sentir su mirada fija en mí a lo largo de toda la reunión. Según Alastor, mi presencia era necesaria para que comenzara a involucrarme en los negocios del Gambler's. Husk aceptó sin objeciones, lo cual, en cierto modo, me quitó un peso de encima. Después de todo, este era el objetivo por el cual hoy estoy aquí: convertirme en socia del Gambler's.

Pero Mimzy... su actitud fue distinta a lo que esperaba. Según Alastor,  en este tipo de reuniones solía ser la más interesada y la más hábil para asegurarse de que los tratos terminaran a su favor. Sin embargo, esta noche no fue nada de eso. No dijo casi una palabra. Su rostro era una máscara impenetrable, y su atención permaneció centrada en mí... y en Alastor.

—Sí... pero qué más da. La reunión no salió mal, y Husk va a tener unos cuantos millones en su bolsillo en... ¿qué, tres semanas?

Alastor soltó una leve risa, pero no respondió de inmediato. Su expresión era difícil de leer, y por un momento, el sonido de la lluvia golpeando el parabrisas llenó el silencio dentro del auto.

—Tres semanas, si todo sale como lo planeamos —dijo finalmente, su tono aún ligero, aunque con una inflexión que no pude descifrar del todo.

No respondí de inmediato. Mi mirada permaneció en la carretera, observando cómo las luces de la ciudad se iban difuminando a medida que nos alejábamos. Había algo en la mirada de Husk durante la reunión que me inquietó. No fue algo evidente, pero... por un instante, cuando hablé, vi un destello en sus ojos. No supe identificarlo con certeza, pero estaba ahí.

Sinfonía de la muerte (Alastor x Tn)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora