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Los días que siguieron a mi encuentro con Alastor estuvieron marcados por una extraña quietud. El domingo había terminado de una manera que no esperaba, con aquel beso que me dejó más preguntas que respuestas. Desde entonces, no había vuelto a verlo ni a saber de él. Y, en cierto modo, lo agradecía. El lunes lo pasé en completo aislamiento, aprovechando el tiempo para reflexionar sobre lo ocurrido y sobre mis propios sentimientos, que todavía estaban en proceso de análisis. Había algo en Alastor que me afectaba más de lo que quería admitir, pero ahora, en la calma de mi soledad, podía al menos intentar poner mis pensamientos en orden.

Mientras que con Víctor, ocurrió lo mismo de siempre, promete y luego no cumple sus promesas, pero no permití que el enojo se apoderara de mí.

Pero hoy, luego de ese día de introspección, la paz comenzó a surtir efecto en mi mente y en mi cuerpo. Me dediqué a las tareas cotidianas y después de largas llamadas con Ossian por fin pude finiquitar los detalles del show, donde me permití un merecido descanso.

El baño de burbujas que había estado posponiendo durante tanto tiempo me llamó, y no tardé en sumergirme en el agua caliente. La relajación me envolvió por completo mientras el vapor llenaba el cuarto de baño y el suave sonido del blues resonaba en el fondo. Sentía que el agua se llevaba con ella cualquier preocupación, dejándome lista para enfrentar el día.

Con el cuerpo y la mente renovados, me vestí con un vestido burdeos que me quedaba como un guante. Los tacones negros y mi gabardina eran todo lo que necesitaba para una reunión que prometía ser más informal que formal. No era una reunión de negocios en el sentido estricto, pero tampoco quería parecer descuidada. Me miré en el espejo antes de salir, asegurándome de que todo estaba en su lugar.

El taxi llegó puntual, y el viaje hacia la casa de Jean fue tranquilo. La nieve caía suavemente, cubriendo las calles con un manto blanco que hacía que la ciudad pareciera casi mágica. Y ver cómo los copos se deshacían al tocar los abrigos de los transeúntes, causaba una serenidad plena.

Finalmente, llegué a la casa de Jean. Me bajé del taxi y caminé hasta la puerta, donde toqué el timbre. Jean me recibió con una cálida seriedad, como siempre, y me hizo pasar.

— Jean. Gracias por recibirme — Comenté con una sonrisa leve.

— No hay de qué.

Mientras caminaba hacia la sala, escuché unos pasos firmes que venían del interior. Cuando entré, allí lo vi, levantarse del sofá para saludarme. David Harper. Era imposible no notar su presencia. Alto, de complexión fornida que sugería fuerza y confianza, su rostro tenía unos rasgos increíblemente masculinos: mandíbula cuadrada, nariz recta y pómulos altos que se acentuaban con su cabello oscuro peinado perfectamente hacia atrás. Sus ojos verdes, levemente rasgados, me observaron con una intensidad que me hizo sentir un ligero escalofrío. No pude evitar pensar que era un hombre extremadamente atractivo, el tipo de persona que llama la atención sin proponérselo.

A pesar de su atractivo, sabía que debía mantener la compostura. No podía permitir que su apariencia me afectara en lo que debía ser una reunión importante, así que me aferré a mi actitud seria y profesional, la que solía adoptar en situaciones de negocios.

— Señora, él es David Harper, David, ella es mi jefa, Tn Ta. — Comenzó Jean mientras nos presentamos oficialmente.

—Es un placer conocerte, Harper —dije, extendiendo mi mano con cortesía.

—El placer es mío, Tn —respondió él, tomando mi mano con firmeza, pero sin llegar a ser brusco. Había algo innato en su forma de ser, una mezcla de confianza y cortesía que resultaba intrigante.

Nos sentamos, y Harper mantuvo su mirada fija en mí, expectante. Decidí ir al grano.

— ¿hace cuántos años llevas involucrado en este tipo de negocios?

Sinfonía de la muerte (Alastor x Tn)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora