47

148 18 6
                                        

La noche anterior, todo había empezado a ir cuesta abajo tras mi regreso de la casa de Jean. No había pasado ni un minuto desde que había cruzado el umbral de mi puerta cuando los golpes resonaron. Miré el reloj, marcaban las once de la noche. "¿Quién podría ser a estas horas?" pensé, con un atisbo de esperanza que rápidamente se desvaneció.

Abrí la puerta, anticipando tal vez ver a Alastor en su usual aparición inesperada, pero en cambio, tres policías me miraban con expresiones tan duras como la piedra. "Señorita, necesitamos hacerle unas preguntas," dijeron, como si la palabra "por favor" no existiera en su vocabulario. Les expliqué que ya me habían interrogado hace unos días, pero de poco sirvió. Entraron de todos modos. Las preguntas eran siempre las mismas, como un disco rayado que no cesaba de repetir. ¿Había notado algo extraño? ¿Había visto algo sospechoso? ¿Tenía información que pudiera ayudar? Respondí con la misma paciencia ensayada, repitiendo una y otra vez que no había visto nada.

Lo peor vino en la mañana siguiente. Apenas eran las ocho cuando volvieron a llamar a la puerta. Esta vez fueron dos mujeres, oficiales que no se molestaron en disimular su desdén. La rubia, con una libreta y bolígrafo en mano, se lanzó a hacerme preguntas antes de que pudiera siquiera saludarlas. "Señorita, nos gustaría hacerle unas preguntas," dijo, aunque lo que realmente quería decir era "vamos a hacerle preguntas, le guste o no." Intenté explicar que ya había sido interrogada la noche anterior, pero fue inútil. Entraron como si tuvieran todo el derecho del mundo, escaneando cada rincón de mi hogar como si esperaran que algo saltara a su vista y comenzaron con el mismo cuestionario. Estaban tan interesadas en los detalles que apenas me dieron espacio para respirar. El malestar y la irritación crecieron dentro de mí, pero logré mantener la compostura mientras repetía las mismas respuestas una vez más.

Recordando todo esto, mi irritación aumentaba. Me obligué a sacudir esos pensamientos mientras me encontraba sentada en la mesa de la cocina, con el periódico frente a mí y una taza de café humeante en la mano. Intenté concentrarme en los titulares, aunque sabía muy bien lo que encontraría. La ciudad entera estaba en pánico por el "Monstruo de Luisiana". Los artículos estaban llenos de especulaciones y sensacionalismo, alimentando la paranoia colectiva. Pasé las páginas sin mucho interés, buscando algo que llamara mi atención.

Dejé el periódico a un lado con un suspiro, tratando de centrarme. No podía dejarme llevar por la paranoia, no ahora. Había muchas cosas que debían hacerse, muchos hilos que debían tirarse para desenredar este embrollo. Todo estaba en juego y no podía permitirme fallar.

Volví a centrarme en la taza de café. Tenía que mantener la calma y la cabeza fría. Había mucho que hacer, muchas piezas que mover en este ajedrez peligroso. Pero primero, tenía que salir de aquí, tenía que enfrentar la tarde con la determinación de quien sabe que no puede permitirse un solo error.





La tarde pasó en un abrir y cerrar de ojos. El sol comenzaba a descender en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados que anunciaban la llegada del ocaso. Me había perdido en mis pensamientos durante las horas que pasaron, pero el sonido de una bocina afuera me devolvió a la realidad. Al asomarme por la ventana, vi el auto de Alastor estacionado frente a mi casa. Sin más, recogí mis cosas y cerré la puerta detrás de mí, asegurándome de que todo estuviera en orden antes de salir.

Me dirigí hacia el coche, y al acercarme, me abrió la puerta desde dentro. Me recibió con una sonrisa que parecía iluminar incluso el día más gris.

—Buenas tardes, bella dama.

Dijo en un tono suave y casi melódico, mientras yo me acomodaba en el asiento. No pude evitar sonreír ante su gesto, pero antes de que pudiera dirigir mi mirada hacia el frente, él se inclinó y me robó un tierno beso en los labios. Fue breve, pero suficiente para hacerme olvidar, aunque solo por un instante, las preocupaciones que me rondaban.

Sinfonía de la muerte (Alastor x Tn)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora