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La noche continuó con conversaciones más relajadas. Después de un rato, Jean se retiró y Husk volvió a la barra, dejando a Alastor y a mí solos en aquel rincón del bar.

—Bueno, parece que nuestro plan está en marcha —dije, recostándome en mi asiento con una expresión de satisfacción en el rostro.

Alastor, siempre impecable, me devolvió una sonrisa enigmática.

—Así es, querida. Ahora solo queda ejecutarlo con precisión. Aunque debo admitir que esta situación con Víctor me tiene preocupado.

Levanté una ceja, interesada en el cambio de tema.

—¿Preocupado? ¿Por qué lo dices?

—Parece que Víctor se ha vuelto más violento de lo normal —respondió Alastor, su rostro ensombreciéndose ligeramente.

Suspiré, recordando mis recientes encuentros con Víctor.

—Sí, ha estado fuera de control. Esta mañana, cuando le entregué el pedido se puso particularmente amenazante. Nos paga una miseria y se cree con derecho a hablarme de esa manera.

Alastor apretó los labios, su expresión reflejando una mezcla de preocupación y molestia.

—Es inaceptable, Tn. Un hombre debe tratar a una dama con respeto, independientemente de las circunstancias. Ese comportamiento es repugnante.

Asentí, sintiendo un ligero alivio al escuchar el apoyo de Alastor. Decidí dejar de lado el tema por un momento y relajarme un poco más.

—Hablemos de algo más ligero, ¿te parece? —sugerí, sonriendo mientras levantaba mi copa—. Brindemos por el plan y por el hecho de que pronto nos libraremos de ese bastardo.

Alastor sonrió, levantando su copa también.

—Por el plan y por la victoria —dijo, chocando su copa con la mía.

A medida que la noche avanzaba, me relajé más, tomando varios tragos para celebrar. Alastor, por su parte, bebía a la par mía pero con una tolerancia al alcohol magistral. La conversación fluyó de manera natural, tocando temas triviales y recuerdos del pasado.

—Sabes, Alastor —dije, mi voz un poco más suelta por el alcohol—, eres un hombre muy intrigante. Siempre tan misterioso y elegante.

Alastor rió suavemente, observándome con sus ojos brillantes.

—Gracias, querida. Tú también tienes un aura de misterio que es difícil de ignorar.

Me reí, sintiendo que mi cuerpo se aflojaba aún más. Me acerqué un poco más a Alastor, nuestras miradas encontrándose de cerca.

—Además, eres... bastante lindo —susurré, acercándome peligrosamente mientras que le picaba de forma divertida la punta de su nariz.

Alastor se sorprendió un poco, pero no se apartó. Sus ojos se entrecerraron ligeramente, observándome con una curiosidad renovada.

—Querida —dijo Alastor con un tono protector—, creo que deberías bajar un poco el consumo de alcohol. No quisiera que te sintieras mal más tarde.

Llamó al camarero y pidió un vaso de agua, sin apartar la mirada de mí. El camarero regresó rápidamente, colocando el vaso frente a mí. Alastor me sonrió suavemente, indicando con un gesto que lo bebiera.

—Vamos, querida, bebe un poco de agua. No quiero que te arrepientas de nada mañana.

Lo miré a los ojos, notando la mezcla de preocupación y firmeza en su expresión. Sonreí, sintiendo un ligero calor en mis mejillas.

Sinfonía de la muerte (Alastor x Tn)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora