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El motor era lo único que se escuchaba, como si supiera que lo que se avecinaba era el final.

Hacía más de una hora que habíamos emprendido viaje y la tensión ya se comenzaba a instalar bajo mi piel.

Nadie hablaba, salvo por algunas órdenes de Imanov desde el wokitoki hacia sus hombres. Anthony iba a su lado, como copiloto, estaba más serio y callado de lo normal, con ropa oscura, práctica, mientras que nosotros estábamos atrás. Alastor a mi lado mantenía porte impoluto, había cambiado su traje, ahora lucía uno color caoba sin su clásico moño, solo el chaleco a juego y una camisa negra desprendida bajo su cuello. Sentía de vez en cuando su mirada disimulada sobre mi, como si se asegurara que estaba ahí.

Jean estaba detrás nuestro, con Harper a su lado, cargando un bolso lleno de armas cortas de fuego y blancas.

— A quinientos metros entramos en zona, y a trecientos nos encontramos con mis hombres.

Todos asentimos, no respondimos, pero nuestras miradas sobre el retrovisor y a nuestros costados fueron más que suficientes.

— Querida, ¿estás lista?

Su pregunta me tomó casi por sorpresa, pero que en ese momento, me hizo pensar más de lo necesario. Estaba lista, sí. Quería terminar por una vez por todas todo este despliegue pero en mi interior, sabía que cualquier cosa podía salir mal esta noche. Las caretas iban a caerse por fin y muchos secretos iban a ser revelados. Y eso me aterraba.

— Sí.

" Tienes miedo" "DÉBIL" "no sirves"

"DÉBIL" "solo quieres llorar"

"deja de hacerte la fuerte" "DÉBIL"

"DÉBIL" "no te pertenecemos"

"DÉBIL" "aterrada"

Cállense. Cállense, cállense. Pensaba. Las sombras me atacaron en el silencio, sus voces me gritaban, me susurraban, me aturdían en mis oídos, en mi mente, no me dejaban pensar, sentir, solo me ahogaban, em sentí sin aire, sin poder respirar, me sentía agotada, mis manos habían comenzado a temblar, no sentía mis pies, notaba como mi pecho subia y bajaba con fuerza, me comenzó a dar frio, mi espalda se había erizado por completo

"Váyanse, ya." Esa voz, Alastor. El silencio volvió a reinar, no sin antes oír como las sombras largaba un grito ensordecedor de profundo dolor antes de desaparecer por completo. Como si el simple hecho de una orden las quemara.

Sentí como tomó mi mano y le dio un breve apretón. Al bajar la mirada, tenia una de mis manos envuelta en las suyas, descansando en su regazo, sus manos cubiertas de sus clásicos guantes de cuero negro, recordandome donde estaba, pero a su vez, recordandome con quienes estabamos.

— señorita, no se deje manipular... mi amo las alejó pero tienes que ser fuerte... no tienes que hablar... solo ordenar... como lo haces con tus hombres... — Renard, lo oía claro en mis oídos. Sabía que estaba allí por orden de Alastor, "como lo haces con tus hombres" dijo, quizá ese era el secreto, la piedra angular de la manipulación de las sombras. — Recuerda señorita... El amo va a estar allí, escuchando cada orden, cada pensamiento hacia ellas, úsalo como escudo y te harán caso...

— Tn. — Habló Imanov. Apenas dirigiéndome una mirada muerta por el retrovisor. — Al frente, ese hombre es Maxim esperando la señal. Vé preparándote.

Sinfonía de la muerte (Alastor x Tn)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora