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El ruido incesante de la alarma resonó por toda la habitación, un sonido agudo y repetitivo que perforó mi mente dormida. Mi cuerpo se rehusaba a responder, mis párpados pesaban demasiado y el calor de la cama aún era reconfortante. Pero la luz del sol que se filtraba a través de las cortinas golpeó de lleno mi rostro, obligándome a entrecerrar los ojos con un gesto molesto.

Solté un leve suspiro antes de girarme en la cama, buscando de manera casi instintiva la calidez de Alastor a mi lado. Mi mano recorrió la sábana en su lugar, estaba fría y vacía.

No era una novedad que se levantara antes que yo, pero aún así, el frío de las sábanas indicaba que llevaba un buen rato fuera. Solté un suspiro silencioso y me estiré un poco antes de salir de la cama.

Me arrastré hasta el baño y recogí mi cabello en una coleta alta con movimientos mecánicos, atándolo con firmeza. Me acomodé la bata y la cerré en la cintura con un nudo antes de salir. Aún tenía sueño, pero el aroma del café seguro me espabilaría.

Al entrar en la cocina, el silencio acogedor de la casa me envolvió, interrumpido solo por el tic-tac del reloj y el suave susurro del gas cuando encendí la estufa. Tomé la caldera, la llené de agua y la coloqué sobre el fuego sin prestarle demasiada atención, más enfocada en la calma de la mañana. Me apoyé en la mesada con los brazos cruzados, permitiéndome un momento de tranquilidad.

Pero la sensación no duró mucho.

Justo cuando me giré, un par de manos firmes se cerraron sobre mi cintura y, antes de que pudiera reaccionar, mis pies dejaron el suelo. Un jadeo escapó de mis labios al sentir cómo mi cuerpo era elevado sin esfuerzo, y para cuando logré procesarlo, ya estaba sentada en la mesada con su rostro a escasos centímetros del mío.

—¡Alastor! —exclamé, todavía con la adrenalina del sobresalto recorriéndome.

Él rió, su voz vibrante acariciando el aire entre nosotros, como si disfrutara de cada segundo de mi desconcierto. Su mano se apoyó junto a mí, y la otra descansó en mi rodilla con una deliberación inquietante, asegurándose de que no pudiera moverme antes de terminar con lo que fuera que estaba tramando.

—¡Buenos días, querida! —canturreó con esa sonrisa radiante que no auguraba nada bueno.

Fruncí el ceño y crucé los brazos.

—¿Te divierte asustarme por las mañanas?

—¡Me divierte sorprenderte! Y vaya que lo logré —rió sin el menor remordimiento, apretando apenas su agarre en mi pierna antes de soltarla y encerrarme entre sus manos apoyadas en la mesada.

—Podrías simplemente decir "buenos días" como cualquier persona normal.

—¿Y perderme la oportunidad de ver esa expresión encantadora en tu rostro? No, no, no, querida, eso sería un pecado.

Rodé los ojos, aunque su risa seguía resonando entre nosotros.

—No estabas en la cama —murmuré, desviando la conversación.

—¡Oh! ¿Notaste mi ausencia? —ladeó la cabeza con una falsa ternura—. ¿Acaso te preocupaste por mí?

—No te sobreestimes —repliqué sin darle el gusto, pero su sonrisa solo se amplió.

—Mmm... permítemedudar, suena como que sí lo hiciste.

Bufé, apartando la mirada, pero él se inclinó un poco más, acortando el espacio entre nosotros.

—¿Y si te dijera que tengo una propuesta?

—Si es para levantarme antes de lo necesario, me reservo el derecho de negarme.

Sinfonía de la muerte (Alastor x Tn)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora