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—Es que te estoy diciendo. Un doble es la mejor opción.

— ¿Y si Victor tiene una imagen de Kevin? Cuando vea que el raptado no es Kevin... Se dará cuenta de tu retorcido plan. ¿Qué me dices de eso, eh?

Mi boca se abrió rápidamente para contestarle pero las palabras no salieron. No había ni siquiera pensado en esa opción. El ruido del motor pareció haberse acentuado en medio de nosotros y mi mente quedó en blanco. Pero no fui capaz de contestar hasta que vi esa sonrisa, ese rostro lleno de superioridad y orgullo por esa pregunta que provocó que una idea se me atravesara como rayo.

— Nos sigue sin afectar. — Respondí segura. — Es más, nos beneficia. Mientras se distrae con el secuestrado y se pregunta dónde está el verdadero Kevin, nosotros ya estaremos listos y atacando. Además, suponiendo de que se daría cuenta, no le costaría en absoluto mentir en el escrito para tenerme frente a él.

Me crucé de brazos con orgullo creciente. Alastor me miraba de reojo mientras conducía, sus manos firmes en el volante se aferraron aún más y una sonrisa torcida se le formó en el rostro al escuchar mi respuesta. Me removí en mi lugar, asegurando mi comodidad, y ahora repentina superioridad. Le había adquirido un exquisito gusto al dejarlo sin palabras y sin posibles peleas por ganar.

— No te escucho replicar, querido Alastor.

Él soltó una suave carcajada, baja pero cargada de esa teatralidad tan característica en él. Giró ligeramente la cabeza hacia mí, sin apartar del todo la vista de la carretera.

—Mi querida estratega, no replico porque prefiero observar cómo tu mente trabaja en soluciones tan... creativas.

—¿Eso es un cumplido?

—Oh, pero claro. Aunque no me deja de ser curioso cómo disfrutas tanto de "ganarme". ¿Acaso mi derrota te resulta tan dulce?

—Inmensamente. Como no tienes una idea, mon cheri.

Alastor rió nuevamente, esta vez más genuino, mientras meneaba la cabeza como si mis palabras fueran una broma bien ejecutada.

—Entonces atesora este momento, querida. Porque te aseguro que no me encontrarás sin palabras por mucho tiempo.

—Eso no decías hace unas semanas. —Respondí desafiante, aunque no pude evitar que una sonrisa apareciera en mis labios y que un leve sonrojo por recordar lo pasado, coloreara mis mejillas.

— Oh, oh, serás atrevida — Murmuró divertido, apenas audible mientras atravesaba el pequeño puente que nos adentraba al bosque. — Aunque me encantaría ver si me sigues retando cuando-

—¡Llegamos! — Dije ansiosa por salir. Al estacionar, tomé rápidamente mi bolso y por poco casi me tiró del vehículo para adentrarme a la casa, evitando que así, terminara la frase que me moría por saber cómo seguía. Salí con mis tacones apenas hundiéndose en la suave escarcha que comenzaba a caer y antes de abrir la puerta grité: — ¡Trae las armas!

Ví como Alastor me miraba divertido antes de comenzar a sacar la armería del maletero. Cerré la caoba tras de mí y una de mis manos fueron directamente hacia mis labios, ocultando una risa nerviosa.

Me saqué torpemente mis tacones, sintiendo el suelo frío bajo mis pies, y subí las escaleras rápidamente hasta llegar a mi cuarto. Una vez allí, colgué mi bolso y abrigo en el gran perchero de madera perfectamente colocado en una esquina de la habitación, y con mis prendas despojadas, me tiré tras un suspiro a mi cama.

La puerta principal cerró con un fuerte golpe provocando que el suelo temblara débilmente, Alastor había por fin entrado. Sentí como mi corazón se aceleró, casi con una rapidez ridícula, ¿Por qué me sentía así? Era una reacción exagerada para la pequeña escena del auto, pero aún así, no evité en sentir.

Sinfonía de la muerte (Alastor x Tn)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora