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— Les gusta cazar, ¿no es cierto?

— Ehh...

Momentos antes...

Al entrar a la casa, Alastor los atendió cual reyes en castillo. Les brindó caras bebidas importadas de su colección y fue un anfitrión envidiable. Sacando el pequeño detalle que cada vaso que servía estaba saborizado con pequeñas dosis de somníferos, hecho especialmente por la mano divina de Alastor: Valeriana, tilo, opio y una pequeña ración de gelsemio eran algunas de las plantas involucradas en aquella tintura, que mezclada con los whiskys importados, eran una peligrosa y efectiva combinación.

Pero, luego de unos veinte minutos llenos de idas y vueltas de vasos, estaban completamente a nuestra disposición. Arrastraban las lenguas cada que hablaban, sus ojos rogaban por una almohada y sus posturas se habían relajado completamente.

— ¿Crees que puedan caminar? — Le susurré en el oído mientras me acomodaba nuevamente en el sofá, mi pierna posándose cómodamente sobre su falda.

— En absoluto. No estarán despiertos pasadas las doce. — Dijo simplemente, mientras sus manos tomaban posesión de mi pierna, comenzando a trazar leves círculos en mi piel. Sus palabras hicieron eco en mi mente, y casi por inercia miré el reloj, once y media de la noche.

— ¿Solo media hora? ¿Será suficiente? — Pregunté escéptica. Media hora para cuatro personas se me hacia casi imposible, y más, conociendo lo teatral que puede llegar a ser Alastor.

— Querida, — Empezó, mirandome con orgullo asegurado. — ¿Acaso te he decepcionado alguna vez?

Actualidad

— Hoy es una excelente noche, ¿no creen?

Miré a Alastor como se levantaba con sonrisa sádica antes de dirigirse a (lo que me gusta llamar) habitación de las armas, y sacar cuatro armamentos diferentes: Karabiner, mi Thompson y las últimas eran una especie de escopeta con detalles que llamaron completamente mi atención.

— Les gusta cazar, ¿no es cierto? — Dijo con facilidad, mientras comenzaba a repartir las armas: las escopetas a los hombres y la Thompson para mí. Mis ojos lo seguian fijos, observando fascinada cada movimiento, cada acción antes de hablarles, viendo como los enredaba en su calculado juego una vez más.

— Ehh... sí, bueno no. No... no lo hacemos... seguido, ¿sabes?— Sus palabras apenas titubeantes al sentir el peso del metal en sus manos. Sus ojos oscilaban entre sus amigos, el arma y Alastor,quien ya se encontraba ajustando su fusil de manera enérgica.

— Entonces, ¿qué esperamos, caballeros? Hoy es una exquisita noche de cacería, es temporada de ciervos y abundan en este bosque. Vamos, tomen sus abrigos. Mitch, agarra bien esa arma, está cargada.

Y con pasos apurados, logramos que todos los hombres salieran afuera. Los cuatro se pararon como si estuviesen en cuartel, en fila, esperando la orden de su general. Alastor no dudó en pararse frente a ellos y comenzar a hablarles sobre los puntos claves de una buena cacería, puntos estratégicos, y demás cosas; pero los hombres parecían bastante más dispersos que de costumbre. Se tambaleaban y bostezaban sin cesar, sus ojos amenazando con cerrarse antes de que un estruendoso disparo hecho por Alastor resonara por todo el lugar, alertando a los cuatro.

— Caballeros, antes de que se duerman, tenemos que planear su ruta. — Comentó entre dientes, apenas dejando ver ese atisbo de molestia que comenzaba a burbujear en su interior, antes de volver a su natural hablar. — Mitch, Josh, vayan por el este. Mike ve al norte, y Benson, únete a alguno de tus compañeros. Tn y su servidor tomaremos el oeste. ¡Que empiece la cacería!

Sinfonía de la muerte (Alastor x Tn)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora