Explosiones resonaban alrededor de la gran plaza del Callejón Diagon. El pánico se apoderó de todos los magos presentes, quienes intentaban evacuar por cualquier medio posible.
-¡Es un ataque!
-¡Corran!
-¡Nuestra magia... no les afecta!
-¡Todos vamos a morir!
La multitud se descontrolaba. Magos principiantes, estudiantes y adultos corrían despavoridos, mientras las voces desesperadas se entremezclaban con el caos.
-¡Son hombres lobo!
-Esas criaturas... ¡nos están emboscando!
Los murmullos comenzaron a propagarse como un incendio, alimentando el miedo subconsciente de los presentes. Pequeñas declaraciones se transformaron en diálogos, luego en gritos y susurros que se entrelazaban mientras la multitud intentaba huir. Todos dirigían sus palabras a quienes quedaban caídos en el suelo.
-M... mis oídos... -gimió un ejecutor entrenado que estaba tendido en el suelo, incapaz de moverse. Todo su cuerpo se estremecía por un sonido que no cesaba, uno tan molesto que lo paralizaba por completo.
Niños, adultos, nadie era inmune al terror. Algunos permanecían inmóviles, aterrorizados, mientras tumultos de gente pasaban corriendo a su lado, ignorándolos. Criaturas amorfas provocaban destrucción sin control, arrasando a diestra y siniestra.
En medio de aquel caos, dos figuras permanecían escondidas entre los edificios. Observaban la escena con aire de suficiencia y arrogancia.
-Parece que el plan se desarrolla tal como estaba previsto -dijo una de ellas con una voz cargada de veneno mientras contemplaba el panorama. En su mano sostenía una cuerda que ataba un pequeño objeto: un silbato. Aunque resonaba claramente para ellos, no emitía ningún sonido perceptible para los demás.
A su lado, otra figura aún más imponente permanecía en silencio. Su rostro estaba cubierto por una capucha, pero un hocico negro, largo y amenazante, emergía de las sombras, haciendo notar su presencia.
-Solo termina con esto antes... el sonido ya empieza a molestarme -dijo la figura con voz distorsionada.
-No te quejes... Debo mantener este método para que esos lobos no actúen -respondió el otro con una sonrisa, mientras observaba el caos que se desarrollaba frente a ellos.
La destrucción, los gritos de pavor, los clamores por misericordia... Todo aquello lo llenaba de una sombría satisfacción. Había soportado años de frustración, pero finalmente podía disfrutar nuevamente de un espectáculo tan desolador.
-Tan glorioso... Espero que mi señor esté observando esto desde las alturas -exclamó con fervor, mientras apuntaba su varita. En ese instante, una de las bestias impactó contra un edificio cercano, desatando un estruendo. —-Quién lo diría... Tus creaciones son bastante... convenientes y efectivas.
El hombre más alto bufó con desdén. Su expresión reflejaba desprecio, a diferencia del entusiasmo de su compañero.
-Son productos defectuosos... -respondió con desgana y asco- La mitad de mi manada se sacrificó para que estas ocho quimeras fueran creadas... y aun así ni siquiera estamos cerca de alcanzarla.
Sus palabras estaban cargadas de amargura. Aunque permanecía inmóvil, sus ojos reflejaban una furia contenida, como si clamaran sangre. En su memoria, una figura lo perseguía: una mujer de mirada fría que, años atrás, había transformado un campo de batalla en un cementerio. Aquella visión lo había paralizado, obligándolo a huir con el orgullo destrozado.
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Reencarne sin querer y además.... ¿Por qué las túnicas negras?
FanficUn día como cualquier otro , gracias a un desastre repentino termine por encontrar mi fin en esa vida ... morí.... me dieron la oportunidad de reencarnar en un mundo que deseara, pero me negué. No porque no quisiera solo porque ya estaba conforme co...