Nunca habían hablado de lo que había pasado en Venezuela, ni durante el viaje de las franquicias. Ahora, Armando comprendía el error tan grande que había cometido al callar. Lo que parecía enterrado, volvía a la superficie como una ola que arrasa con todo.
Alejandra había regresado a Bogotá por un tema urgente con la franquicia. Mientras tanto, Armando y Betty, ya oficialmente novios, caminaban con cautela por un terreno frágil. Se amaban, pero aún había grietas, heridas sin cerrar, temas no hablados.
Ese día, Alejandra estaba en la oficina de Armando. Él se notaba tenso, como si supiera que el pasado no se iba sin dar pelea.
—Me alegra que desde la última vez que nos vimos hayas podido solucionar tus problemas… aunque debo decir que me siento profundamente desilusionada —dijo Alejandra, con una sonrisa triste y resignada, clavándole los ojos como quien se despide de algo que nunca fue del todo suyo.
—Ale… yo… —balbuceó Armando, sintiéndose pequeño, culpable, expuesto.
—No digas nada. Me enamoré de tí. Pero entiendo que amas a Betty, y ella a ti… —tomó aire, tragándose las lágrimas—. Solo deseo que, por una vez en la vida, seas feliz. De verdad. Pero yo… no puedo seguir a tu lado como si nada.
Se levantó con elegancia, pero antes de irse, se giró una última vez.
—Te quiero, Armando. Pero tu amistad hoy… me hace daño.
—Ale… lo siento. Lo siento mucho por tí, pero… mi alma, mi cuerpo y mi corazón son de Betty. Solo de ella.
Justo cuando iba a abrir la puerta para irse, un impulso desesperado la invadió. Se volteó de golpe, lo miró fijamente, caminó hacia él... y sin previo aviso, lo besó. Un beso rápido, fugaz, cargado de rabia, de despedida, de lo que pudo ser y no fue.
En ese instante, la puerta se abrió.
Betty.
El tiempo se detuvo.
Se quedó quieta, congelada, como si el alma se le hubiera despegado del cuerpo. Los ojos muy abiertos, la respiración contenida. Armando se apartó del beso como si lo hubieran quemado.
—Betty… —su voz tembló—. No… no es lo que parece.
—No digas nada… —dijo ella, con voz ahogada, clavando una mirada vacía entre ambos. Se giró con rapidez—. Con permiso… me voy a presidencia.
Salió corriendo, pero su corazón se había quedado ahí, roto en mil pedazos.
—¡Betty! ¡No! —gritó Armando, y fue tras ella. Pero cuando llegó, ella ya había cerrado la puerta con fuerza en su cara.
Corrió hacia la sala de juntas. Cerrada.
—¡Betty, mi amor, ábreme! ¡Necesito hablarte, explicarte! ¡No fue nada! ¡Yo no la besé, te lo juro! —golpeaba la puerta, la tocaba con la palma como si pudiera transmitirle su desesperación a través de la madera—. ¡Betty, por favor, no me castigues así!
Alejandra apareció tras él, con el rostro bañado en lágrimas.
—Armando… lo siento. Fue mi error.
Él se giró, la miró con los ojos enrojecidos, el alma destrozada.
—Alejandra… ahora sí, te pido que te alejes. Si Betty no me perdona… si la pierdo otra vez… esta vez no voy a resistir. —Apoyó la frente contra la puerta y susurró—: Me muero. Me muero sin ella.
—Espero que todo se arregle para ti, Armando. Me voy. Nuestro contacto… será solo profesional. Para siempre.
—Adiós, Ale —susurró sin mirarla. Luego volvió a golpear la puerta con suavidad—. Mi vida… por favor. Te amo. ¡Yo solo te amo a tí!
ESTÁS LEYENDO
𝓞𝓷𝓮 𝓢𝓱𝓸𝓽𝓼 𝓐𝓻𝓶𝓮𝓽𝓽𝔂
FanfictionAcá veran historias cortas de 1 solo capítulo en base a Armetty. Solo habrán historias sobre ellos (Camila puede que también) y nadie más. ✨Tu estabilidad emocional está asegurada acá. Habrán advertencias cuando haya algún capítulo fuerte. 💥No infi...
