Nueva oportunidad (LHC2)

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Ya ha pasado un día desde que la familia Mendoza Pinzón está de regreso en Cartagena. En el mismo hotel donde meses antes Betty y Armando vivían una aventura de amor, ahora era espectador de una ruptura final en la familia.

Cada integrante tenía su habitación, y en la habitación de Betty, lo que la carcomía era la mirada de Armando al enterarse que había estado con Esteban, y ahora, por esa simple mirada, si siente culpa.

Ella, quien le hizo escándalos por Majo y Marcela cuando nunca se acostó con ninguna, ahora se sentía culpable, porque mientras que él, a pesar de la distancia, se había mantenido fiel a ella. Pero ella no. Ella había estado con Esteban.

Y ahora no había marcha atrás.

Pero tal vez.

Solo tal vez.

Necesitaban una ruptura definitiva para volver a construir su amor.

Porque a pesar de todo, ella al único que ha amado es a Armando, a nadie más.

Por su parte, Armando, vivía un duelo interno. El amor por Beatriz seguía intacto en él, pero su ser se sentía traicionado y herido. Se lo podría haber esperado de todos, menos de ella.

Pero tal vez se lo merecía.

Le había llegado el karma.

Hace 25 años había jugado con su actual ex esposa por mantener una empresa, y las vueltas de la vida hizo que lo mismo le pasara a su niña.

También, desde que se casaron, nunca puso límites marcados para respetar a su mujer, nunca detuvo a Calderón con sus insultos, nunca le dijo nada a Majo por lo que dijo e hizo ese dia en Ecomoda, vió el oráculo de las diosas y su mujer siempre estuvo con él, comprendiendolo, amándolo.

Era obvio que teniendo un esposo tan defectuoso iba a pasar algo así.

Pero él ahora quería una nueva oportunidad, quería aprender de sus errores y poder, por fin, ser el marido que se merecía Beatriz.

Son las 8 de la mañana cuando al mismo tiempo se abren las puertas de ese pasillo, al estar frente a frente se sorprenden, porque justamente iban a buscar al otro. Camila seguía durmiendo.

-Justo venía a buscarla- dijo Armando con ¿Timidez?

-Yo también, necesitamos hablar- le dijo Betty.

Ambos en silencio se fueron a la cafetería del hotel, pidieron su desayuno y hablaron todo lo que no habían hablado nunca, sus sentimientos, sus temores y hasta sus arrepentimientos.

Estuvieron así durante dos horas, hasta que Camila bajó y los encontró sonriendo como hacía tiempo no los veía. Se acercó y se sentó en el medio de ambos.

-Buenos días, pero ¿Qué es eso de desayunar sin invitarme? No, no, no, muy mal. Ahora ustedes me pagarán el desayuno y va a ser lo más rico- dijo en modo de broma.

Sus padres rieron.

-Pues con mucho gusto, señorita. Yo pago todo.- dijo Armando-. A ver si adivino qué vas a pedir...- se pone la mano en el mentón como pensando y dice-. Ya sé, waffles con miel y frutos rojos más un café ni con mucha leche ni con poca leche, en la medida justa, con dos cucharaditas de azúcar.

-¡Bingo! Ojojoj- rió Camila- Bueno, pero cuenten, ¿ahora en qué episodio familiar estamos?

Ambos se miraron y ella le respondió.

-Estaríamos en esa donde después de muchas cosas, la familia empieza a perdonarse, a sanar y empiezan de nuevo a como eran antes o mejor.

-Exactamente...

-Bueno, bueno, yo por mi parte estoy feliz por ello asi que, que traigan mi desayuno así puedo celebrar pero con el estómago llenito- ambos padres rieron.

Pidieron exactamente lo que dijo Armando y se pusieron a charlar como antes de que todo se desmoronara. Reían a volumen alto por las ocurrencias de cada uno.

Armando pagó las consumisiones de todos y las invitó a pasear por la playa. Ahí, Mila se quitó la ropa y en bikini se metió al mar mientras instaba a sus padres hacer lo mismo.

Armando deja sus cosas y Betty también, ambos con traje de baño van ingresando al agua de la mano, pero como era costumbre, una vez que Betty ya no siente que toca la arena, se abraza al cuello de Armando y enrieda sus piernas en él.

-Hay cosas que nunca cambian, ¿No?- le dijo Armando mientras flotaba por ambos.

-Siempre supo que me daba miedo el mar...- dijo apenada.

Él se acercó a su oreja y le susurró.

-Si estuviéramos a solas, yo ya estaría como loco haciéndole el amor al ritmo de las olas...- le dijo pícaramente.

Ella sonrojó y rió por lo bajo.

Mila se acercó a ellos y todos jugaban y charlaban en el mar, mientras Armando sostenía a Betty.

Luego de un rato salen del agua y se van al hotel para cambiarse para el almuerzo.

Él al ver que cerraron sus puertas, rápidamente se va a una joyería y compra lo que tenía pensado desde hace mucho, luego va a una iglesia y pregunta lo que quería saber, y rápidamente se alegra.

Se dirige al hotel y se cambia.

A la hora del almuerzo todos bajan y las mujeres se estaban por dirigir al comedor, cuando Armando las detiene.

-Les tengo una sorpresa, asi que siganme-

Ambas se miraron y lo siguieron, al tocar la arena Armando le tapa los ojos a Betty y haciendole un signo de silencio a su hija la dirige hasta lo que es un altar en la playa, sencillo pero hermoso.

Armando le destapa los ojos y ella mira todo emocionada, al girarse, ve a Armando con una rodilla en el piso y con una sortija en sus manos.

-Cuando planeábamos casarnos hace 25 años atrás, yo te dije que me hubiera encantado casarnos en la playa solo nosotros, y hoy quiero cumplir ese sueño. Hemos pasado por todo y por eso creo que nos merecemos una nueva oportunidad para ser mejores y estar unidos nuevamente. Yo nunca me saqué la sortija, pero comprendo por qué usted lo hizo y no la culpo, esta que tengo entre mis manos es igual, pero con una frase grabada, que es "por las nuevas oportunidades", te amo, te amo, te amo. Por eso hoy, aquí y ahora, te pregunto: Beatriz Aurora Pinzón Solano, ¿me haría el honor de convertise en mi esposa nuevamente?

Betty movió la cabeza asintiendo, mientras lo besaba en la boca.

-¡Si, si, si! ¡Obvio que sí!- dijo emocionada hasta las lágrimas.

Cami, emocionada por todo, se acercó a ellos y los abrazó.

-Soy feliz.- dijo Camila.

De repente, aparece un cura.

-Mi amor, ¿te quieres casar ahora? Tenemos a Camila de testigo, quien mejor, y tenemos el cura, ¿Quieres cometer esta hermosa locura?

Ella vio sorprendida que estaba en el altar. Asintió y la ceremonia inició. Mientras Cami grababa con su celular feliz, ellos hacían sus votos improvisados, cuando el cura dijo la típica frase, ellos se besaron y sonrieron felices.

Cami los abrazó.

Era una nueva oportunidad para todos.

Era una nueva oportunidad para amar mejor.

FIN

𝓞𝓷𝓮 𝓢𝓱𝓸𝓽𝓼 𝓐𝓻𝓶𝓮𝓽𝓽𝔂Donde viven las historias. Descúbrelo ahora