Corro por los pasillos del hospital con el corazón en la garganta, esquivando enfermeros, camillas y el eco de mis propios pasos. Busco desesperado el ala donde se encuentra Betty. No sé exactamente qué ocurrió. Estaba fuera de Ecomoda, en una reunión que ya no recuerdo, cuando Aura María me llamó, la voz temblorosa, rota por la urgencia.
—Betty fue trasladada al hospital de emergencia... Algo con el embarazo.
Esa frase… esa maldita frase me atravesó como un cuchillo. Se me congeló la sangre. El embarazo de Betty había sido una bendición: sereno, sin síntomas, casi mágico. Pero en un abrir y cerrar de ojos, todo podía cambiar. El bebé solo tiene seis meses de gestación. Cualquier complicación ahora... puede ser devastadora.
Y lo que más miedo me da es que una vez, en una charla difícil, Betty me pidió algo imposible: “Si algo me pasa, Armando, prométeme que vas a salvar al bebé primero.” Pero yo… yo no sé si sería capaz. Porque antes que madre, ella es mi esposa, mi todo.
Llego agitado al sector de observación y me acerco al mostrador, jadeando.
—La señora Beatriz Pinzón, por favor… ¿Dónde está?
—La señora de Mendoza está estable, en la habitación B62. El médico ya está con ella —me informa una enfermera con tono profesional.
Sin esperar más, echo a correr. Cada paso se siente como una eternidad. Abro la puerta de golpe, y ahí está: mi Betty. Pálida, los ojos rojos de tanto llorar, una máquina sobre su vientre, y el médico a su lado.
—Buenos días. Armando Mendoza, esposo de Beatriz —me presento, apretando la mano del médico, pero enseguida me acerco a ella. Le beso la frente, me siento en la cama y la abrazo con fuerza, como si así pudiera protegerla del mundo entero—. ¿Qué pasó, mi amor?
—Justo estábamos hablando de eso —dice el médico—. Cuando ingresó, actuamos de urgencia. La paciente tenía un sangrado importante y un golpe fuerte en el vientre que pudo haber provocado un aborto espontáneo.
Siento que el alma se me cae al piso. Me falta el aire.
—Afortunadamente, llegamos a tiempo y logramos estabilizarla. El sangrado disminuyó y el bebé está fuera de peligro, aunque va a necesitar reposo absoluto por lo que queda del embarazo. Me comentó que el golpe se lo dio otra persona...
¿Qué? ¿Cómo? ¿Quién fue el hijo de puta que se atrevió?
—Ella podrá darle más detalles, pero por ahora, debe descansar, y usted cuidarla como nunca.
El médico nos deja a solas.
Me acomodo a su lado, le acaricio la mejilla y le beso los dedos temblorosos.
—Mi amor… ¿quién fue? Dímelo. Esa persona merece pudrirse en el infierno por hacerte esto. Por hacerle esto a nuestro bebé...
—Ya, mi cielo. No fue grave, no pasó a mayores… Tu hija y yo estamos bien, estamos a salvo —me responde con ternura, sujetándome el rostro con ambas manos, como si yo fuera el frágil.
—¿Hija? —repito, tragando saliva—. ¿Se dejó ver?
Ella asiente con una sonrisa entre lágrimas.
—Sí… en la ecografía. Es una nena, como siempre dijiste que sería... Tu princesa, Armando.
Suelto una risa entrecortada, empapada de alivio y amor. Pero la rabia no se va.
—Estoy tan feliz… pero esto no va a quedar así. Necesito saber quién fue.
—Prométeme que no harás nada, aunque se lo merezca… No quiero verte metido en problemas.
ESTÁS LEYENDO
𝓞𝓷𝓮 𝓢𝓱𝓸𝓽𝓼 𝓐𝓻𝓶𝓮𝓽𝓽𝔂
FanfictionAcá veran historias cortas de 1 solo capítulo en base a Armetty. Solo habrán historias sobre ellos (Camila puede que también) y nadie más. ✨Tu estabilidad emocional está asegurada acá. Habrán advertencias cuando haya algún capítulo fuerte. 💥No infi...
