Después del abismo, volvimos a ser (LHC)

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-De saber que las cosas se iban a poner así en el camino, ¡me hubiera quedado con Marcela!-

Esa frase.
Esa simple frase...
Quebró todo.

Todo lo que alguna vez fueron, lo que construyeron. Todo.

Fue como un tsunami arrasando con todo a su paso.

Armando, en cuanto la dijo, se arrepintió. Era mentira. Una estupidez nacida del enojo. No lo sentía.
Si con Betty era el hombre más feliz del mundo. Ella era la madre de su hija. Su esposa.
Pero lo había dicho... y ya no había vuelta atrás.

El enojo que lo cegó se transformó en desesperación al ver su rostro.
Betty sintió como si un cuchillo le atravesara el corazón. No era solo la frase...
Era todo lo que implicaba.
Era la confirmación de que ya no había más oportunidades.
No más.

-Yo... no quise... -balbuceó él, queriendo arreglar lo imposible.

-¿Sabes? Entonces yo ¡jamás! -gritó ella- debí darte esa oportunidad.
Tal vez debí quedarme con Michel... como tanto temías.

Ahora fue Armando quien sintió el golpe.
Pero lo merecía.
Él lo sabía.
Siempre había sido el que la arruinaba, el que le fallaba. Ya fuera con palabras, con silencios, con mentiras.
Antes fue con el Oráculo de las Diosas, ahora era el beso no evitado de Marcela... y el silencio sobre la decisión de su padre, Roberto.

-No digas eso... mi vida... ¡perdóname!

Pero Betty ya no escuchaba. Cerró la maleta sin mirarlo.
Estaban en la punta de la escalera cuando él la sujetó del brazo, en un intento desesperado.

-No te vayas, te lo suplico. ¡Eres lo único valioso que tengo! Nada más me importa. ¡Por favor! Perdona, una vez más, a este imbécil que te ama...

-Ya estoy cansada, Armando -dijo ella, con la voz quebrada pero firme-. Mila se irá en unos días. Nos veremos en el aeropuerto. Pero no le voy a ocultar nuestra separación.

-¿Separación? ¡No! Esto es solo un altercado... como muchos que tuvimos, y siempre lo superamos.

-Ya no más -sentenció.

Se soltó con fuerza de su agarre.

Pero no lo calculó.

Y ante la mirada horrorizada de Armando...
Betty cayó.
Rodó de espaldas por toda la escalera.

Un golpe.
Dos.
Tres.
El crujido seco.
La maleta volando.
Y el silencio.

Armando bajó corriendo, tropezando con todo, el corazón estrangulado.
La sangre manchaba el suelo.
La cabeza de Betty estaba ladeada. Inconsciente.

-¡Betty! ¡Por favor, abre los ojos! ¡Mi amor, te lo suplico! ¡No sé qué haría sin ti! ¡¡Perdóname!!

La alzó en brazos mientras llamaba a emergencias con manos temblorosas.

***

La ambulancia llegó rápido.
Pero no lo suficiente.

Armando no soltó a Betty ni un segundo.
Le susurró perdones, promesas, súplicas.
El cuerpo de ella parecía el de una muñeca rota.

La cirugía fue inmediata.
Horas interminables.
La sala de espera se convirtió en un castigo.

A las 3:17 a. m., su celular vibró. Era un mensaje de Mila:

> "Pa, ¿todo bien? No responden ninguno de los dos."

No podía mentirle.

> "Vuelve a casa. Y prepárate para venir al hospital. Mamá tuvo un accidente."

𝓞𝓷𝓮 𝓢𝓱𝓸𝓽𝓼 𝓐𝓻𝓶𝓮𝓽𝓽𝔂Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora