Volver a tí (LHC) (>🔥)

525 33 6
                                        

Armando baja del barquillo dispuesto a entregarle los papeles del divorcio, ya firmados, a Betty. Sabía que se encontraría en Cartagena, cuando sucedió lo de la Junta, se fue a ese lugar, como también en varias ocasiones donde necesitaba desahogarse, que iban ambos y él, cada mañana, la veía caminar por el mar, descalza, pensando. Siempre era así. Cada vez que necesitaba claridad mental, iba al mar.

Betty al verlo no lo pudo creer, y, siguiendo sus más sinceros instintos, corrió como pudo hacia él, en medio de la arena y la edad le costaba un poco más que antes, pero igual así, corrió y sin él esperarlo, ella se lanzó a sus brazos, entrelazó las piernas en su cintura y lo abrazó en el cuello, hundiendo su cara ahí.

Armando, sin palabras, soltó los papeles y la sostuvo de las nalgas, sin entender nada, pero a la vez, disfrutando de eso, tal vez sería el último contacto cercano con ella.

Betty, ya llorando, puso sus manos en las mejillas de él y le habló.

-Perdón, perdóname... No quiero divorciarme... Quiero que lo solucionemos todo, pero me sentí tan agotada, de luchar, de sentir dolor... Pero no puedo... Te amo más allá de toda razón...- le dijo entre lágrimas.

Él, emocionado, no necesita más palabras, la apreta más hacia él y la besa. El contacto de sus bocas empieza suave, como un reencuentro, al paso de los segundos el beso se convierte en uno más intenso, donde dejaban todo atrás. Los problemas, los malentendidos, las personas ajenas... Todo... Ahora eran solo ellos dos, como siempre debió ser.

Entre besos, él habla.

-Mmm, perdóname tú a mí -beso- Perdón por todo -beso- Quiero que arreglemos las cosas -beso- Quiero seguir despertando junto a tí cada mañana -beso- Quiero que hagamos el amor siempre que queramos -beso- Quiero besarte cada vez que pueda -beso- y cada vez que lo desee -beso-

La respiración se agitó, se separaron y Betty bajó sus piernas, pero no se separaron. Armando con su mano derecha la acercó a él, agarrándola de la cintura, y con su mano izquierda le acomodó un mechón de pelo, que se movía por el viento.

Los papeles se mojaron, y sin ellos notarlo, se alejaron con el mar, yéndose, alejándose como los problemas, las dudas sobre ellos. Después de mucho tiempo, una luz se encendía en ellos, una luz de esperanza.

-Te amo Betty, más que antes, menos que mañana. Te amo a cada instante, a cada minuto. Te amo por todo lo que eres. Te amo con cualquier look que tengas. Te amo con todo. Te amo con problemas y caos. Te amo con calma. Te amo celosa y a la vez amorosa. Te amo como no te imaginas... -cerró Armando, con la voz entrecortada por la emoción.

Betty, aún enredada en sus brazos, lo miró profundamente. Sus ojos, aún húmedos por el llanto, brillaban con un amor que parecía imposible de contener.

-¿Cómo haces eso? -le dijo con un hilo de voz, sonriendo con tristeza y dulzura a la vez-. ¿Cómo haces que me vuelva a enamorar de ti... incluso cuando pensé que ya no podía más?

Armando no respondió. Solo la miraba, como si cada palabra de ella fuera sagrada.

Betty acarició su rostro, como si intentara memorizarlo de nuevo.

-No sé si merezco tanto amor, Armando. He sido dura, hiriente, cerrada... Pero si tú estás aquí... si tú aún me amas así, después de todo... yo prometo que voy a luchar. Que no me voy a rendir más. Que no te voy a soltar nunca más.

Él cerró los ojos, vencido por la emoción.

-Entonces no lo digas más -susurró ella pegando su frente a la suya-. No me digas que me amas... demuéstramelo... cada día. Y yo voy a hacer lo mismo.

Los labios se encontraron de nuevo, esta vez con más ternura que urgencia. Los papeles del divorcio ya no existían para ellos. Solo quedaba el mar, el viento... y ese amor tan testarudo como el primer día.

Sin decir mucho más, solo tomados de la mano, comenzaron a caminar lentamente hacia el hospedaje donde Betty se estaba quedando. El silencio entre ellos no era incómodo. Era un silencio lleno de paz, de alivio, de amor reencontrado. La brisa del mar seguía acompañándolos, pero esta vez ya no traía nostalgia ni despedidas, sino una promesa nueva, sin palabras.

Betty abrió la puerta con las llaves que sacó temblorosa del bolsillo de su bolso colorido. Armando, detrás, observaba todo con una mezcla de ternura y anhelo. Entraron. La habitación era sencilla, pero acogedora. Las cortinas blancas danzaban con el viento que entraba por la ventana entreabierta. En una mesita aún quedaban restos de café, un libro a medio leer, y un cuaderno con varias hojas arrugadas por lágrimas pasadas.

Betty cerró la puerta detrás de él y por un instante se quedaron quietos. El mundo parecía detenerse. Armando recorrió con la mirada ese espacio que hablaba tanto de ella: su ropa doblada con cuidado, sus sandalias al lado de la cama, y una foto de Mila que ella llevaba siempre con ella.

-Aquí has llorado mucho, ¿cierto? -susurró él, acercándose con delicadeza.

Betty bajó la mirada y asintió, mientras él le acariciaba la mejilla.

-Pero también quiero que aquí empecemos a sanar -agregó.

Ella lo abrazó, más tranquila esta vez, apoyando su frente en el pecho de él, y dejó que el corazón le marcara el ritmo de lo que seguía. Armando la rodeó con los brazos, fuerte, como si de ese abrazo dependiera todo lo que tenían. Quizás así era.

Sin apuro, entre miradas y caricias que hablaban más que cualquier palabra, se dejaron caer sobre la cama deshecha por las noches de insomnio. Esta vez no para llorar. Esta vez para reencontrarse. Para reconstruir lo que el dolor había intentado quebrar.

Y allí, entre sábanas tibias, promesas nuevas y el murmullo del mar de fondo, empezaron de nuevo.

El reencuentro de sus cuerpos fue más dulce y más apasionado que el de la cárcel, porque ahora estaban con la convicción de que no sería un paréntesis en sus vidas, sino que sería un nuevo comienzo.

Sus respiraciones, aún agitadas, se iban calmando de a poco. Betty, con la cabeza en el pecho de él, hacía dibujos imaginarios en la piel de él, acariciada millones de veces por ella. Armando, a su vez, le acariciaba el brazo, besando su flequillo.

-Necesito que aclaremos muchas cosas...- le dijo Betty, rompiendo el silencio-. Y una de esas cosas es saber cuál es la verdadera relación que tienes con Majo...- dijo, con un tono de celos que no pudo ocultar.

Él suspiró. Si tan solo hubiera aclarado las cosas en el momento, sin dejar que se creen especulaciones...

-Majo solo es una amiga... Una mujer cercana que se convirtió en mi abogada y en una amiga... Me sentí tan solo, no estaba Mila, no estabas tú, que Majo fue como una presencia que necesitaba... Pero no fue nada más, ella se confundió, tal vez se aprovechó, no lo sé, pero nunca pasó nada con ella, ni un beso, ni nada más... Sé que tuve que haber puesto mis límites con ella, haber hecho más, pero al ser la única que estaba a mí lado, sentía que si le marcaba los límites, me quedaría solo de nuevo...- le dijo y suspiró profundamente.

Ella, analizó sus palabras y le dijo, medio en serio, medio en broma...

-Pues no necesitas que sea tu amiga, acá me tienes a mí, además, tienes dos acá adelante -se acarició los senos- Una abajo... Y dos atrás...- le dijo pícara.

Armando rió por su ocurrencia y le tocó un seno y una nalga...

-Mis mejores amigas, sí señor...- le dijo.

Ahora era el turno de él.

Ella le aclaró quién era el abogado, que tampoco había pasado nada con él, y todo lo debido, y Armando, haciendo el mismo juego, le dijo.

-Pues me tienes a mí y a este amiguito de acá abajo que te extrañó a cada instante, y que no se conformaba con una foto y mi mano...- le dijo pícaro.

Ella se sonrojó y bajó la mirada, viendo que se levantaba la sábana, signo de que él, se había vuelto a excitar.

Se pone arriba de él e inician de nuevo el acto de amor.

Quedarían cosas por aclarar, una hija que reconciliar, pero ahora, en ese momento, eran solo ellos dos, contra el mundo y los abogados.

FIN

𝓞𝓷𝓮 𝓢𝓱𝓸𝓽𝓼 𝓐𝓻𝓶𝓮𝓽𝓽𝔂Donde viven las historias. Descúbrelo ahora