Armando estaba en su casa, con su hija Mila de 18 años, en un mes se iría a Estados Unidos para sus estudios. Estaba hundido en sus pensamientos, en cómo perdió a su mujer por ser tan estúpido, por no hacer nada, pero la tv lo sacó de sus pensamientos al escuchar algo que lo congeló.
"Así es Susana, acá estamos en el edificio en que la doctora Beatriz Pinzón, esposa del famoso empresario Armando Mendoza, aunque todavía no confirmamos si están divorciados o no, eso es algo que hablaremos luego... En este lugar Beatriz acabó con su vida. Quienes trataron de evitarlo saben sus razones, trataremos de entrevistar a alguno. Lamentablemente, falleció al tirarse del último piso de éste edificio..."
El corazón de Armando se detuvo en seco. La sangre pareció abandonarlo, dejando su cuerpo helado, vacío. Durante un instante, el mundo se volvió un zumbido distante, como si la realidad misma se hubiese desgarrado frente a sus ojos.
Sintió un golpe seco en el pecho, uno que no venía de fuera, sino de adentro, brutal y despiadado. La culpa, que siempre había vivido en él como una sombra, ahora lo aplastaba con el peso de una montaña.
La imagen de Beatriz, su risa tímida, sus ojos grandes, su cara sonrojada cuando él le decía algo pícaro, se arremolinaron en su mente en una marea incontrolable. Quiso gritar, quiso correr hacia algún lugar —cualquier lugar— donde todo eso no fuera cierto.
Pero no pudo moverse.
Estaba atrapado, encadenado por un dolor tan profundo que apenas podía respirar. El remordimiento, la impotencia y un amor mutilado lo arrastraron a una oscuridad que jamás creyó que podría alcanzar.
-No debe ser cierto, no lo es!- exclamó con la voz temblorosa y esperanzada.
Con manos temblorosas marcó el número de Betty, 10 veces llamó, 10 veces que nadie contestó.
La desesperación le oprimía el pecho como un puño invisible. Cada tono de llamada que caía en el vacío era un puñal que se hundía más profundo en su alma.
—¡Vamos, contéstame, Betty! ¡Por favor! —rogaba Armando, con la voz quebrada, mientras lágrimas ciegas empañaban su vista.
Marcó una undécima vez, pero la respuesta fue la misma: un silencio insoportable.
Tiró el celular sobre el sillón, incapaz de sostenerlo más, y se levantó de golpe. Necesitaba hacer algo, comprobarlo, luchar contra esa noticia cruel que la televisión le había arrojado sin piedad.
Subió las escaleras casi sin sentir sus piernas, tambaleándose, con el corazón latiéndole en la garganta. Golpeó la puerta de la habitación de Mila.
—¡Mila! —gritó, la voz áspera, dolida.
Desde adentro, Mila respondió, alarmada:
—¿Qué pasa, papá?
—Voy a salir... tengo que... —pero las palabras se le rompían antes de llegar a su boca. Tomó una bocanada de aire temblorosa—. Quédate acá. No te muevas.
Sin esperar respuesta, bajó de nuevo, agarró las llaves del auto con dedos entumecidos y salió de la casa casi corriendo. El aire frío de la noche lo golpeó como un cachetazo, pero no le importó.
Subió al auto, encendió el motor con torpeza y pisó el acelerador como si de eso dependiera poder despertar de aquella pesadilla.
Debía verla.
Debía verla con sus propios ojos.
Solo así iba a creerlo. Solo así iba a aceptar lo que su corazón, en el fondo, ya sabía: que había llegado demasiado tarde.
La ciudad pasaba frente a sus ojos como un borrón de luces y sombras, pero Armando no veía nada. Solo sentía el retumbar frenético de su corazón y el eco cruel de la noticia repitiéndose en su cabeza.
La calle parecía interminable, cada semáforo era una tortura. Maldijo en voz baja, golpeando el volante con la palma abierta, como si el dolor pudiera encontrar salida en la violencia.
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𝓞𝓷𝓮 𝓢𝓱𝓸𝓽𝓼 𝓐𝓻𝓶𝓮𝓽𝓽𝔂
FanfictionAcá veran historias cortas de 1 solo capítulo en base a Armetty. Solo habrán historias sobre ellos (Camila puede que también) y nadie más. ✨Tu estabilidad emocional está asegurada acá. Habrán advertencias cuando haya algún capítulo fuerte. 💥No infi...
