Sobreprotección

215 24 4
                                        

Armando se dirigía a su hogar con su esposa luego de un día largo de trabajo. Para él, fue una tortura que su mujer se haya ido en la tarde a la clínica dejándolo solo.

Si por él hubiera sido, la habría acompañado al doctor, porque no le gustaba para nada que estuviera tan descompuesta y que en las mañanas vomite; eso lo tenía sumamente preocupado.

Pero como siempre, el trabajo se lo impidió, tenían una reunión, asi que mientras ella estuviera en la clínica, él atendería a los clientes.

Claro para la preocupación de él, recibir el llamado de su mujer de que directamente lo esperaba en casa... No era buena señal.

Al terminar la jornada, se subió a su auto y se dirigió a su casa.

-------°°°°°°°-------

En casa, Beatriz lo esperaba con una cena deliciosa y un hermoso regalo. El comedor estaba decorado con unos globos de color azul y rosa, se sentía olor a lasagna —la comida favorita de él—, y el ambiente era amenizado con el Jazz favorito de Armando.

Ella estaba vestida cómodamente con una camisa de él, sin nada más debajo. Lo esperaba pacientemente.

Pero pasó 1 hora y no llegó.

Llamó a Ecomoda y le dijeron que se había ido a tiempo.

Preocupada, empezó a llamarlo por el celular.

No hubo respuesta.

Nerviosa nivel mil, se cambió de ropa y esperó pacientemente por una hora más en el sillón. Nada.

Luego de tres horas de esperarlo y llamarlo incesantemente, la llaman al fijo de la casa.

—¿Si?— contestó veloz.

—Hola, sí, me comunico de la Clínica Sagrado Corazón de María, hace unas horas ingresó su esposo. Logramos identificarlo por la billetera que llevaba consigo.

Betty se tuvo que sentar.

—¿Clínica...? ¿Ingresado...?

—Si, señora. Ya ha salido de quirófano. Sufrió un accidente automovilístico y aún no despierta. Está vivo de milagro. El camión que se saltó un semáforo rojo, lo arrolló por completo. Aún no sabemos cómo es que sigue aquí en la tierra... ¿Podría venir?

—¡Sí! ¡Claramente!

Con lágrimas en los ojos cortó la comunicación y agarró las llaves del auto suyo. Se dirigió a la clínica con el corazón en la mano. Lo que debía ser una noche especial, se convirtió en una llena de tristeza y dolor.

Las calles se le hicieron eternas, los semáforos también.

Cuando llegó, le dijeron lo mismo que por teléfono y la hicieron ingresar a la habitación.

Cuando ingresó, Armando estaba lleno de moretones y una intravenosa colocada.

Se acercó rápido, mientras lloraba. Le agarró la mano.

—Mi amor... Dios mio, gracias por quedarte con nosotras... Te tienes que poner mejor, cariño. Necesito que me acompañes en todo este proceso... Te tenía una sorpresa... Pero lo importante es que estás vivo. Mi amor, seremos papás...!— dijo con la voz entrecortada.

En su mano sintió como él se la apretaba y abría los ojos. Con dificultad habló.

—¿En serio...?

—¡Armando!— gritó. Le besó con muchos piquitos todo su rostro y boca, mientras lloraba. —Sí, mi amor... Seremos papás!

Armando, por toda respuesta, empezó a llorar de alegría, mientras abrazaba como podía a su adorable esposa.

—Es... es la... mejor sorpresa... de mi vida...— dijo con dificultad y emoción.

Betty, con toda la delicadeza capaz, lo abrazó fuertemente. Para luego escuchar su respiración acompasada. Se había dormido.

La cantidad de medicamentos que le estaban suministrando harían que se durmiera con facilidad y casi todo el tiempo...

Betty le besó la mejilla, y como mejor pudo, se acomodó en el sillón al lado de la camilla, sosteniéndole la mano.

------°°°°°------

A la mañana siguiente, Armando despertó desorientado. Ya se había acostumbrado a despertar en la cama con su esposa, y ahora no la veía...

Giró como pudo el cuello y la vió. Ahí estaba su amorcito, toda incómoda y gestando a su bebé, pero estando ahí, con él, presente.

Pero igual, eso no haría que no se preocupara. Debía comer, descansar mejor. Con todos esos pensamientos de cuidarla, se juró que sería la recuperación más rápida de la medicina. Tenía una misión: proteger a sus princesas. Estaba seguro de que sería una niña.

Con dificultad, le acomodó el pelo y la despertó.

—Mi amor...— dijo Betty, despabilandose— ¿Como estás? ¿Cómo te sientes?

—Feliz, amor... Muy feliz... Pero me preocupas. No quiero que te la pases aquí en tu estado...— le confesó con voz grave.

—Mi amor, tranquilo. El doctor ayer me dió unos medicamentos para el embarazo. Vitaminas, para el vómito y náuseas, y demás... Tranquilo. Nos cuidaremos entre los dos, no? Porque me imagino que serás un papá cansón que estará arriba mío vigilandome y cuidandome— él le sonrió.

—Esta será la recuperación más rápida de la historia...

Y así fue.

Armando al otro día fue dado de alta. Por parte fue por la insistencia de él.

Él ya quería estar en casa cuidando de sus amores.

Y vaya que lo hizo.

Aunque estuviera con dolores aún, siempre velaba el sueño de Betty, salía a comprar un montón de antojos y cositas que iba viendo para su bebé.

Ni los abuelos Pinzón pudieron superar a Armando en sobreprotección.

Claro que, nunca pensó que sería tan difícil cuidar a su niña fuera del vientre materno.

Los sustos de salud, los mocosos que querían besarla aunque ella "no tería" a los 3 años... Y menos aún, nadie lo preparó para cuando su niña, se casara.

FIN

𝓞𝓷𝓮 𝓢𝓱𝓸𝓽𝓼 𝓐𝓻𝓶𝓮𝓽𝓽𝔂Donde viven las historias. Descúbrelo ahora