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Reencuentro❤️‍🔥

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POV Betty

Un mes. Un mes exacto de noviazgo y el deseo entre Armando y yo ha crecido hasta volverse una fuerza incontenible. Mi padre, con sus normas estrictas, ha sido un muro infranqueable, haciendo de la intimidad algo casi imposible. Pero esta noche no se trata solo de sexo; es un reencuentro de almas, de pieles. Es romper las barreras del mundo para conectar en un nivel más profundo, reconocernos sin reservas.

Hace unos días celebramos nuestro primer mes. Armando me llevó a cenar, pero el toque de queda nos persiguió, obligándome a volver a casa demasiado pronto. Apenas si tuvimos tiempo para besos robados, apurados, cada uno cargado de una necesidad que amenazaba con desbordarse.

Sé que él se ha contenido por mí, respetando mis tiempos y mis circunstancias, pero yo ya no puedo más. Mi cuerpo lo clama. Necesito sentirlo, respirar su esencia, vivirlo plenamente.

Es viernes por la tarde. Armando acaba de dejarme en casa después de unas horas juntos. Su beso de despedida fue largo, abrasador, dejándome un temblor que me recorre el cuerpo. Se supone que no nos veríamos hasta el lunes... pero mis planes son otros.

En la privacidad de mi habitación, armo una maleta pequeña. Lencería delicada, un par de conjuntos para la oficina por si la estancia se alarga, ropa cómoda, mi neceser y algunas cosas más. La decisión está tomada.

La escondo bajo la cama y le escribo un mensaje:

-Amor, ¿estás?

Su respuesta llega al instante.

-Aquí estoy, en mi cama. ¿Quieres que hablemos? Te extraño :(

Una sonrisa tonta se dibuja en mis labios. Yo también lo extraño, pero lo que más deseo ahora es acortar esta distancia.

-Solo respóndeme sí o no: ¿te gustaría que vaya a tu casa ahora mismo? -le escribo, sintiendo un aleteo en el pecho, como si un millar de mariposas se hubieran vuelto locas.

Su respuesta me toma por sorpresa, su anhelo desnudado en palabras.

-¿Que si me gustaría? ¡Es lo que más deseo! Tenerte aquí, viendo películas, hablando... o haciendo lo que sea. Estar contigo 24/7 es lo que más quiero. Que desordenes mi baño, mi habitación, que dejes tu ropa interior regada por el piso... Sí, mi amor. Me encantaría.

El calor sube a mi rostro. Nunca imaginé que él fantaseara con algo tan íntimo y cotidiano. Creía que era la única que soñaba con esa cercanía.

-Espérame dentro de una hora en tu apartamento. Yo voy. No te preocupes por nada.

-¿Qué planeas, picarona? -me contesta, pero no respondo. Es hora de actuar.

Guardo el teléfono en mi cartera junto con el cargador. Bajo las escaleras y, con una mezcla de nervios y determinación, le digo a mi papá que tengo que ir a Palm Beach por un problema urgente en la sede. Veinte minutos de explicaciones y excusas después, logro convencerlo. Diez minutos más tarde, mi mamá ya sabe la verdad... y me regala una sonrisa cómplice. Me desea suerte con un guiño.

Me cambio: jeans ajustados que marcan mis curvas, una camiseta blanca sencilla pero que resalta mi figura y unas zapatillas cómodas. Natural, casual, pero con una intención palpable. Tomo mi auto, que ha estado un poco olvidado últimamente, ya que Armando siempre quiere ser quien me lleve, quien me cuide, quien aproveche cada minuto a mi lado.

Unos minutos después, mi auto se detiene frente a su edificio. El corazón me late desbocado contra las costillas cuando Armando abre la puerta él mismo. Está descalzo, en jeans y una remera casual, su cabello revuelto, pero su mirada brilla con una luz intensa. Me escudriña de arriba abajo, como si no pudiera creer que estoy realmente allí.

-No podía esperar -murmuro, mordiéndome el labio inferior, las palabras apenas un suspiro.

Él me toma del rostro con ambas manos y me besa. Es un beso hambriento, desesperado, cargado de la ternura más salvaje que me deja sin aliento. Sus manos se deslizan por mis brazos, ciñen mi cintura, recorren mi espalda. Con una facilidad asombrosa, me levanta en vilo y me lleva directo a su habitación.

-¿Estás segura, mi amor? -me susurra, sus ojos fijos en los míos, buscando cualquier atisbo de duda.

-Nunca estuve tan segura de algo -respondo, la voz apenas un hilo, pero la convicción inquebrantable.

Me deposita sobre la cama con una delicadeza reverente, como si yo fuera el tesoro más preciado. Se arrodilla frente a mí y, con movimientos lentos y deliberate, me quita los tenis, acariciando mis pies, subiendo por mis tobillos. Su mirada no se despega de la mía. Desabrocha mi camiseta, como si estuviera desatando el cielo, y la retira de mi cuerpo. Sus labios se posan en mis hombros, en la curva de mi cuello, en el centro de mi pecho, dejando un rastro de fuego.

Mis manos, temblorosas de ansiedad y emoción, lo desvisten también. Nos miramos desnudos por primera vez, sin miedo, sin un gramo de vergüenza. Solo hay deseo puro, amor desbordante y esa conexión silenciosa que estalla entre nosotros, iluminando la habitación.
Nos fundimos en un abrazo que parece eterno. Él me ama con su cuerpo, de la misma forma profunda en que ya me amaba con el alma. Y yo me entrego por completo, sintiéndome segura, protegida, adorada.

Esa noche, el sueño fue un concepto ajeno. Nos reencontramos en cada caricia, en cada gemido que escapaba de nuestros labios, en cada mirada que hablaba sin palabras. Éramos solo él y yo. Finalmente, uno solo.

FIN

𝓞𝓷𝓮 𝓢𝓱𝓸𝓽𝓼 𝓐𝓻𝓶𝓮𝓽𝓽𝔂Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora