Terror en pareja

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—¿Estás segura? Podemos ir a los carritos chocones si quieres… —bromeó Armando, apretándole la mano mientras miraban la entrada de la famosa casa del terror.

—Ay, no seas exagerado —respondió Betty, aunque su voz temblaba un poco—. No será para tanto.

—Prometo no soltarte —le guiñó un ojo y le besó la sien.

La casa estaba envuelta en humo y luces parpadeantes. Apenas cruzaron el umbral, los gritos comenzaron a sonar de fondo. Betty apretó el brazo de Armando y se aferró a él como si le fuera la vida en eso.

Los primeros sustos los manejó con risas nerviosas. Un zombie detrás de una cortina, un grito lejano, un actor que salía de un rincón oscuro. Betty saltaba, pero se obligaba a reírse. Armando se limitaba a abrazarla más fuerte, divertido, pero atento.

Hasta que la cosa se intensificó.

Un payaso siniestro apareció corriendo, blandiendo una motosierra ruidosa (falsa, pero igual de aterradora), mientras otro actor les bloqueaba el paso con una máscara ensangrentada y uno más le rozó la pierna desde abajo.

Betty se quedó paralizada.

—¡Armando! ¡No! ¡No puedo! —gritó, cubriéndose la cabeza con los brazos, con la respiración entrecortada. Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Ey, ey, amor… ya está, ya está, ya pasó —dijo Armando enseguida, rodeándola con los brazos.

Los actores, aún metidos en su papel, no paraban. Uno incluso se acercó de nuevo con un gruñido profundo.

Armando se irguió y alzó la voz sin gritar, pero con tono firme.

—¡Paren ya! ¡Está asustada de verdad!

Hizo un gesto claro con la mano para que se detuvieran. Los actores captaron la señal y se quedaron quietos. Uno de ellos, más cerca, le susurró: “Sigan por esa puerta lateral, hay salida”.

Armando asintió con un leve "gracias" y guió a Betty por el pasadizo iluminado de emergencia.

Una vez afuera, al aire libre, Betty se dejó caer sobre un banco. Respiraba con fuerza, aún alterada.

—Lo siento —dijo con una risita ahogada—. Me dio mucho más miedo del que pensé…

—Amor… casi te lanzan un payaso por encima —dijo él, arrodillado frente a ella, acariciándole la pierna suavemente—. No lo viste, pero yo me asusté más de verte así que de todos esos monstruos juntos.

Betty sonrió débilmente.

—Mejor no vuelvas a elegir las salidas que son sin Cami…

—¿Qué? ¿No quieres ir la semana que viene al “hospital psiquiátrico embrujado”? —bromeó él.

—¡Tonto! —le dio un leve empujón con la risa ya más suelta.

Caminaron hasta el auto, abrazados. Ya en camino, Betty recostó la cabeza en su hombro.

—Gracias por sacarme de ahí tan rápido… En serio.

—Yo prometí no soltarte. Y cuando veo que estás mal, ni todos los zombies del mundo me frenan —le dijo, dándole un beso en la frente mientras manejaba.

Y esa noche, mientras Betty dormía plácidamente, el que terminó teniendo pesadillas con el payaso de la motosierra… fue Armando.

FIN

𝓞𝓷𝓮 𝓢𝓱𝓸𝓽𝓼 𝓐𝓻𝓶𝓮𝓽𝓽𝔂Donde viven las historias. Descúbrelo ahora