La maestra histérica

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La noche anterior, a la maestra de Cami, le cortaron, por lo que ese día no estaba de buen humor.

Los compañeros iban y venían, corrían por el salón y jugaban. Cami, de 5 años, costruía una torre de bloques y se le cayó, causando un estruendo, que fue el detonante para la maestra.

La maestra se levantó y más que gritar, gruñó.

-¡Me tienen harta! ¡Harta!-. Corrió hacia Camila y levantandola violentamente y con un agarre muy fuerte de su bracito, bramó- Camila, hoy me tienes mal-. Y acto seguido le pegó en la cabeza con un bloque que había en el suelo.

Cami, muy asustada, empezó a llorar, mientras sus compañeros se quedaban estáticos del miedo. Le dolía el brazo y la cabeza por la profesora, y encima no le gustaba cuando las personas se enojaban con ella. Agarró su mochilita de Hello Kitty y se aferró a ella como si de sus padres se tratase, sacó de ahí una foto de sus padres que siempre llevaba y se aferró a ella, como a un salvavidas.

Las horas pasaron y llegó la hora de la salida. Todos los alumnitos de esa clase salieron algo consternados, pero Camila salió muy afectada y con un hematoma en el brazo. Al ver en la salida a sus padres, corrió hacia ellos y se lanzó a los brazos de su papá.

-¡Papi! ¡Papi! Tengo pupa y la maestra me pegó y me gritó-. Y lloró en sus brazos.

Él y su esposa se miraron consternados para decirle a la pequeña que se explaye más, pero la vieron tan afectada que la metieron al carro y rápidamente se fueron a su hogar, allí Cami fue a la cama de sus papás y se aferró a su muñeca Lola. Armando y Betty la siguieron.

-Cariño, ¿Qué pasó?- preguntó su madre preocupada.

-No sé, mami. La maestra vino, me alzó de golpe apretándome fuerte el brazo, dijo que estaba harta de mí y me pegó con un bloque de juguete en la cabeza.- le dijo entre lágrimas.

Armando, sin pensarlo, le quitó la remera, y ahí vió los hematomas.

-Mi amor, gracias por decirnoslo, está perfecto. Tu maestra tendrá las máximas consecuencias, porque lo que te hizo no tiene nombre, es injustificable, y nadie, absolutamente nadie, debe hacerte daño, nunca permitas que te hagan daño, yo siempre te protegeré, pero cuando no pueda, defiéndete, lucha y grita si hace falta, pero tú debes saber que nadie puede lastimarte ni insultarte.- y sin contenerse la abrazó.

Era su pequeña, su niña quien había sido vulnerada en el lugar donde supuestamente estaría protegida, y se sentía culpable por no haber podido cuidarla, pero esa profesora tendría hasta las últimas consecuencias.

La meció y cuando vió que estuvo más tranquila, le dijo

-Ahora vamos a tomar la chocolatada y vemos Alicia, ¿te parece, mi amor?- le dijo con ternura.

-Si, papi! Y con malvaviscos! Yumiii- dijo relamiéndose.

-Jajajaj, mi pequeña hambrienta...-

Betty, quien no había dicho mucho por el shock, habló, y fingiendo una sonrisa que no sentía, habló.

-Vamos a hacer todo eso entonces!- y poniéndole el pijama a Cami se fueron al sofá a ver la película.

Mientras Cami la veía atentamente, ninguno de los padres podía concentrarse, el hecho los había consternado tanto que necesitaban hablarlo y solucionarlo.

A medida que la película avanzaba, Cami fue recostandose en su papá y se durmió. Él la alzó, la llevó a la habitación matrimonial y tapándola y dejándole un beso en la frente la acostó. Cerró la puerta y fue al sofá, donde vió a una Betty que tenía las manos en la cara, mientras lloraba.

-Mi amor...- le dijo Armando mientras la abrazaba por el costado.

-No sé cómo permití que esto pudiera suceder... La protegimos de todo durante 9 meses en mi vientre y años acá, y de un momento a otro, la dañaron...- dijo entre lágrimas.

-Mi vida, te comprendo, porque yo me siento igual que tú, ustedes son a quienes yo debo proteger con mi vida de ser necesario, pero esto no lo pudimos prever. Lo bueno es que Cami nos lo contó de una, sin rodeos, y nos tuvo la confianza para decírnoslo-. Suspiró- Mañana no iremos a Ecomoda, vamos al colegio y pediremos las cámaras de seguridad, todo lo que haga falta para que esa hija de puta esté tras las rejas-. El insulto le salió del alma. Nunca decía malas palabras, menos en presencia de Cami, pero en ese momento era tal su frustración y enojo que necesitó sacarlo de alguna manera.

-Por ahora, dame un besito y nos vamos a acostar con la niña, que ya sabes que puede levantarse a buscarnos.- Armando le dió un dulce beso y ambos se fueron a su habitación.

Cada uno durmió de su lado teniendo en el medio a su hija, la abrazaron y durmieron.

Al día siguiente, se despertaron y empezaron la mañana. Armando bañó a Cami, mientras que Betty hacía el desayuno. En el baño, Armando trató de ser lo más delicado, pero no pudo evitar que Cami emita quejidos de dolor al moverle o tocarle el brazo por el hematoma.

-Perdóname, princesa.- le repetía Armando cada vez que la oía quejarse.

Al estar listos, se subieron al auto y se fueron al colegio. Para sorpresa de Camila, sus padres entraron con ella al colegio y se dirigieron a dirección. Ahí los recibió la directora de la institución, quien llamó a la maestra solicitada por los padres. Al rato, entró la maestra cabizbaja, sabía que tendría consecuencias.

-Srita Mirela, aquí están los señores Mendoza a razón de que su hija Camila ha dicho que usted, ayer en la hora de clases, la agredió física y verbalmente, teniendo como consecuencia un hematoma grande y un trauma psicológico. Necesito que nos explique qué pasó, y debe ser con la verdad, porque tenemos las cámaras de seguridad...-

Mirela contó que tuvo una situación personal que la llevó a un mal estado de humor y emocional que hizo que hiciera eso.

-Pero les juro que me arrepiento tanto...- dijo y sollozó.

La directora habló.

-Bien, por lo que usted, los Sres Mendoza y la señorita Mendoza han dicho, he llegado a la conclusión de que usted, señorita Mirela, va a ser destituida de todo cargo, es decir, está despedida. Si usted no puede separar lo personal y le afecta en la vida laboral, no es buen indicio. Le recomiendo que vea a un especialista y esto quedará en su expediente.

-Pero! Por favor, otra oportunidad, si Mila me perdona...- fue interrumpida por la vocecita de Mila, que habló desde las rodillas de su papá.

-Mis papás me enseñaron a perdonar a todos -Mirela sonrió- pero usted me hizo mucho daño, me duele mucho mi brazo y ahora tengo miedo de venir al colegio. Porque además, mis papás me enseñaron a que no debo dejar que me hagan daño, entonces, no, esta vez, no la perdono...- dijo y se acurrucó a su papá que la abrazó, dándole apoyo y contención.

Ante las palabras de la pequeña, todo quedó dicho, y la maestra fue despedida.

Armando y Betty acompañaron en todo momento en el proceso de sanación física y emocional de Cami, llenandola de amor y muchos momentos lindos.

Faltó por un tiempo a clases, hasta que un día pudo ir sin miedo.

Ya había aprendido gracias a sus padres que nadie tenía el derecho de agredirla de cualquier forma y que siempre tendría a sus papás con ella.

FIN

𝓞𝓷𝓮 𝓢𝓱𝓸𝓽𝓼 𝓐𝓻𝓶𝓮𝓽𝓽𝔂Donde viven las historias. Descúbrelo ahora