Ese día, Camila no iría al colegio: las clases habían sido suspendidas por el mal clima. Así que Betty y Armando decidieron llevarla a Ecomoda. La pequeña estaba encantada con la idea. Mientras sus padres trabajaban, se turnaban para vigilarla y hacerla sentir incluida. Le habían armado una especie de mini oficina en Presidencia con hojas, lápices de colores y una notebook que Betty le dejó abierta con dibujitos.
En un momento, desde producción llamaron con urgencia: necesitaban la presencia tanto del vicepresidente como de la presidenta. Betty y Armando se miraron, algo tensos.
—Mi amor, tenemos que ir a solucionar un problema —le dijo Betty, arrodillándose a su altura—. Pero estamos aquí mismo, ¿sí? Si nos necesitas, puedes pedirles a las chicas del cuartel que se comuniquen con nosotros. Mientras tanto... —sonrió y la sentó en la silla presidencial—, tú serás la presidenta de esta empresa.
Camila se rio emocionada y, con su carterita, sus papeles y el rol que le había dado su mamá, se acomodó como toda una ejecutiva. Armando le dio un beso en la cabeza antes de irse con Betty.
Pasaron apenas cinco minutos.
Cami estaba concentrada dibujando un logo para “Ecomoda Kids” cuando la puerta se abrió sin previo aviso. El sonido seco de la manija girando la hizo alzar la mirada. Lo que vio hizo que su cuerpo se tensara instintivamente.
—¡Vaya, vaya! —dijo una voz ronca, sardónica—. ¡La presidenta se achicó!
Era Daniel Valencia. Parado en el marco de la puerta, con ese aire de superioridad que siempre lo había caracterizado, pero ahora con algo más... algo oscuro en la mirada. Cerró la puerta tras de sí sin dejar de mirarla.
Camila, sin entender el sarcasmo, sonrió nerviosa.
—¡Hola! Soy la hija de Betty y Armando. ¡Me llamo Cami! —dijo, moviendo su manito en un saludo amable.
—Lo sé... pequeña ingrata. Lo sé perfectamente —contestó él, avanzando hacia ella con paso lento, como un depredador. Luego sonrió, pero no era una sonrisa amable—. Buscaba a tus padres… pero, pensándolo bien, puedo divertirme humillando a la hija de Tarzán y Chita.
Camila sintió un frío recorrerle la espalda. Su expresión cambió.
—Perdóneme, señor… pero no me gusta lo que está diciendo. Mis papás me enseñaron que si algo no me gusta, debo decirlo.
—¡Mira! ¡La mini dictadora hablando de límites! —soltó una carcajada seca—. ¿Y si te digo que tengo todo el derecho del mundo de estar aquí y hacer lo que quiera? Incluso… —sin previo aviso, la alzó.
—¡Nooo! ¡No me alce, suélteme! —gritó Camila, empezando a patalear.
—¡Quedate quieta, malcriada! —bramó Daniel, y le dio un golpe seco en la cola.
Camila se congeló por un segundo, y luego rompió en llanto desesperado. Un llanto desgarrador. De esos que nacen desde lo más profundo del miedo. Gritaba los nombres de sus padres con todas sus fuerzas.
—¡MAMÁAA! ¡PAPÁAA!
En ese instante, como si el universo escuchara sus súplicas, la puerta se abrió de golpe.
Armando entró como una fiera al ver a su hija llorando desconsoladamente, atrapada en los brazos de Daniel Valencia. Le bastó una fracción de segundo para entender que algo no estaba bien.
—¡¿Qué carajos estás haciendo con mi hija, Daniel?! —rugió, cruzando la oficina como un rayo y arrebatándola de sus brazos. La niña se aferró a él, sollozando con un terror que no le había escuchado nunca.
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𝓞𝓷𝓮 𝓢𝓱𝓸𝓽𝓼 𝓐𝓻𝓶𝓮𝓽𝓽𝔂
FanfictionAcá veran historias cortas de 1 solo capítulo en base a Armetty. Solo habrán historias sobre ellos (Camila puede que también) y nadie más. ✨Tu estabilidad emocional está asegurada acá. Habrán advertencias cuando haya algún capítulo fuerte. 💥No infi...
