La caída de Alicia (LHC2)

238 23 16
                                        

El desfile estaba iniciando, mientras la familia Mendoza pasaba uno de sus peores momentos de su vida.

Betty, quien siempre fue reconocida entre la sociedad como la presidente de Ecomoda y la esposa del mayor accionista y dueño, Armando Mendoza, ahora por lo único que era reconocida era por el hecho de que la conversación que debía ser privada entre Armando y ella, fue escuchada por todos los presentes por un descuido en el micrófono. Algunas personas la miraban con admiración por haberlo confesado, mientras que otras, la miraban con una decepción o burla.

Armando, durante esa conversación, sintió que el mundo se le partió -y no solo el corazón-. Su mujer, Beatriz, la mujer por la que luchó por su amor, por su perdón, y que había sido la mujer que lo había sacado de todas las camas de las mujeres desde la primera vez que estuvieron juntos, ahora le confesaba que hacía unas semanas se acostó con Esteban, el abogado que transitaba su divorcio.

Pero no la podía culpar. No.

Sabía que él había estado en falta desde que le ocultó que la querían sacar de la empresa y desde la noche en que todo se derrumbó al decirle que "se hubiera quedado con Marcela", cuando lo hizo desde la idiotez del momento, nunca jamás lo hubiera dicho en un estado de plena conciencia sobre lo que dice.

Mientras que ellos seguían debatiéndose sobre toda su historia de relación, su hija, Mila, pasaba uno de los peores momentos de su vida.

Ya no era solo el hecho del divorcio de sus papás, -que aunque no lo dijera, le dolía muchísimo esa situación-, sino que ahora, la persona por la que sintió amor, resultaba que sería papá.

Ya no era solo Nacho y sus intentos por desbaratar Ecomoda utilizándola a ella, ni el hecho de que Jeff le haya ocultado algo tan importante como un embarazo, ya ni siquiera era por sus papás y su situación.

Era todo el cúmulo de emociones y el darse cuenta de que, en realidad, estaba sola. No tenía amigos -por lo menos reales y de confianza-, tampoco tenía un hombre que no la decepcionara. Lo único que tenía era a sus padres, que en ese momento estaban pasando un muy mal momento.

Se levantó de su asiento y se fue a los camerinos a llorar su desdichada vida, llena de problemas, llena de desamores, llena de soledad.

El maquillaje empezó a corrérsele y sus hipidos se convirtieron en un grito de dolor. Sin siquiera pensarlo, agarró el electroshock que tenía en caso de emergencia, aumentó a la máxima electricidad, y apuntándola a su corazón, procedió a darse un shock de dolor, para quedar inconsciente y no despertar más.

Entró una modelo y al ver la escena gritó por ayuda. Rápidamente se armó revuelo, llamando la atención de Armando y Betty, que no encontraban a su hija.

-¿Qué sucede?- preguntó Armando a una persona que se encontró en el revuelo.

-¡Camila Mendoza! ¡Se quiso suicidar!- le gritó la persona sin saber que con quien hablaba era el padre.

Armando sintió que esa noche le podría dar un paro cardíaco, no podía perder a las mujeres más importantes de su vida.

Corrió y le gritó a la gente que se aparte, mientras, atrás llevaba a una Betty en el mismo estado, quien había escuchado lo sucedido junto a él.

Al fin pudo ingresar y se le rompió su corazón.

Tendida en el piso estaba su bebé, su niña.

-¡CAMILA!- gritaron al tiempo en que corrían hacia ella.

Sin pensarlo, Armando la alzó con cuidado, como había hecho la primera vez que la sostuvo al nacer. La apoyó contra su pecho, sintiendo el peso de su cuerpo, real, tibio.

𝓞𝓷𝓮 𝓢𝓱𝓸𝓽𝓼 𝓐𝓻𝓶𝓮𝓽𝓽𝔂Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora