Nadie se mete con mi hija

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Camila esa tarde no llegó como de costumbre. Usualmente, entraba como un vendaval, contando su día, mientras se hacía algo de comer y se ponía en el sillón y buscaba películas o series, o música.

Pero esta vez fue diferente.

Entró y solo musitó.

-Hola ma- le dió un beso en la mejilla y se fue a su habitación, decaída.

Entró, tiró la mochila y se tiró en la cama, mientras veía con los ojos empañados, cómo le llegaban miles de notificaciones y comentarios.

Habían difundido una foto suya, íntima, que le había compartido a un muchacho que le gustaba. Pero él se burló y lo compartió con todos, haciéndolo viral.

Comentarios como:

"Millonaria pero puta"
"¿Cobras?"
"Así es una Mendoza, con dinero pero sin senos"

Miles de comentarios así se repetían, dejó que siguiera vibrando y se acurrucó en su cama, abrazándose a sus rodillas.

Abajo, Betty le mandó un mensaje a su marido.

"Algo no anda bien, ven a casa. Cami nos necesita"

Él, al leerlo, dejó todo. Se fue de la empresa apurado.

Llegó a su casa y todo estaba en silencio, no hubo abrazo de su hija, no hubo ruido de la televisión, nada. Silencio.

Se sacó la corbata y el saco mientras buscaba a Betty.

-¿Qué pasó?- dijo preocupado y rotundo.

-No sé, llegó y solo me saludó y se encerró en su habitación. No quiere ni comer...- le dijo preocupada.

-Vamos, entremos y averigüemos qué sucede...-

Respirando profundo, abrieron la puerta.

Ahí, en la habitación que siempre estaba llena de alegría, hoy estaba sombría. Solo la luz del celular estaba, el resto, oscuridad.

Prendieron la lamparita de noche y la vieron acurrucada llorando. Lo supieron. Algo grave había pasado.

Se acercaron y hablaron.

-Mi princesa, ¿Qué pasó?- le preguntó Armando mientras se acostaba atrás de Cami y Betty adelante de ella, encerrándola en un círculo de amor y protección.

-¿Escuchan el celular? Desbloqueenlo y verán...- dijo con la voz entrecortada.

Armando se dió media vuelta y lo agarró. Al prenderlo vio miles de notificaciones y el fondo de pantalla de ella, que era una foto de ellos tres, pone la contraseña que ella les había dicho y ve todo.

Su rostro se transformó.
Primero fue sorpresa. Luego incomprensión. Después, la furia.

Esa furia contenida que solo los que alguna vez han sentido que les hieren lo más sagrado conocen. Se le tensó la mandíbula, se le frunció el ceño, sus ojos brillaban como brasas encendidas, y por un momento, Betty sintió miedo. No porque dudara de Armando, sino porque lo conocía. Sabía lo que era capaz de hacer cuando se sentía herido... y esto era más que una herida. Era una ofensa imperdonable.

-¿Quién fue? -dijo con la voz grave, apenas un susurro, pero con toda la rabia comprimida en esas dos palabras.

-Papá... por favor... no... -musitó Camila, apenas audible, temblando.

-¿Quién fue, Camila? -insistió, con los dientes apretados. -Dímelo. No quiero enterarme por otro lado. Quiero que tú me lo digas.

Camila rompió en llanto. Betty la sostuvo fuerte entre sus brazos, acariciándole el cabello.

𝓞𝓷𝓮 𝓢𝓱𝓸𝓽𝓼 𝓐𝓻𝓶𝓮𝓽𝓽𝔂Donde viven las historias. Descúbrelo ahora