Las cosas normales de la vida

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*Antes de empezar, quiero decirles que esto tal vez incomode a alguien, pero quería plasmar una situación real, posible sin tabúes de por medio.
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Armando estaba sentado en el suelo del cuarto de Camila, con las piernas cruzadas y una sonrisa de oreja a oreja, mientras ensamblaba un castillo de LEGO de princesas junto a su hija. Las piezas se esparcían por la alfombra como un mar de colores.

-¡Papá, mira! ¡Le puse una corona! -exclamó Camila, levantando una mini princesa.

-¡Te quedó hermosa, mi amor! -le dijo Armando, dándole un beso en la mejilla.

En ese momento, la voz suave de Betty se escuchó desde la puerta.

-¿Armando? ¿Puedes venir un momento, por favor? -preguntó con un tono que mezclaba pena y cierta urgencia.

Al verla, Armando notó en su rostro una incomodidad que no supo identificar de inmediato, pero entendió que era importante. Se puso de pie enseguida y se inclinó hacia Camila.

-Mi reina, sigue tú un ratito. Ya vuelvo, mami me necesita para algo, ¿sí?

-Bueno... pero no te tardes, ¡que falta poner la torre! -respondió ella con una sonrisa.

Armando salió de la habitación y siguió a Betty por el pasillo. Ella lo llevó directamente a su cuarto, y al entrar, cerró la puerta con llave. Se quedó unos segundos en silencio, con la mirada baja y el ceño algo fruncido. Jugaba con los dedos, nerviosa.

-Armando... -comenzó con voz baja-. Tengo un problema... y aunque me da muchísima vergüenza, necesito tu ayuda.

Él se acercó despacio, con ternura, y le levantó el mentón con suavidad, mirándola a los ojos.

-Amor... no tengas vergüenza conmigo, por favor. Sabes que te amo y que estoy para ayudarte en lo que sea. Sea lo que sea.

Betty tragó saliva, todavía incómoda. Se sentó al borde de la cama y apretó las manos sobre sus piernas.

-Es... algo medio incómodo de decir, pero... -suspiró y lo miró de reojo-. Tú sabes que estoy en mis días... y el hilo del tampón... se me metió. No lo puedo encontrar, y me da miedo lastimarme si sigo intentando.

Sus mejillas se tiñeron de rojo y bajó la vista otra vez.

Armando no dijo nada por un segundo. Se agachó frente a ella, tomó sus manos entre las suyas y las besó con suavidad.

-Gracias por confiar en mí para esto, mi amor. No tienes que sentirte mal... al contrario. Te amo, y no hay nada en tí que me dé vergüenza o que me aleje. Vamos a solucionarlo juntos, con calma, ¿sí?

Betty asintió despacito, con los ojos brillosos, no por el dolor, sino por la ternura.

-¿Quieres acostarte? Yo me lavo bien las manos y lo hacemos despacito. Si en algún momento te incomoda, me lo dices y paramos. Estoy contigo -le dijo con esa voz dulce que siempre lograba calmarla.

-Sí... gracias -respondió ella apenas en un hilo de voz, soltando el aire contenido.

Se acostó sobre las sábanas, nerviosa pero contenida por su presencia. Armando fue al baño, volvió con las manos limpias y una toalla pequeña. Se sentó a su lado y le acarició el pelo.

-Eres tan valiente, Betty. Me emociona que me dejes cuidarte así -susurró, antes de ayudarla con el mayor cuidado, hablándole con suavidad en todo momento.

-Estoy aquí... vamos bien... ya casi está...

Después de unos minutos, logró retirar el tampón sin causarle dolor. Lo dejó a un lado y la cubrió enseguida con la toalla. Betty soltó un suspiro largo, entre aliviada y agradecida.

𝓞𝓷𝓮 𝓢𝓱𝓸𝓽𝓼 𝓐𝓻𝓶𝓮𝓽𝓽𝔂Donde viven las historias. Descúbrelo ahora