Volver a empezar (LHC) (+🔥)

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Estaban en el ascensor, mientras Armando relataba un monólogo, Beatriz lo observaba, como observas a el amor de tu vida pero estando separada de este. Las palabras dichas que dijo Armando más su cercanía la estaban ablandando.

-... cuando se abran las puertas de este ascensor usted va a salir corriendo, y es eso lo que estoy impidiendo en este momento- dijo apretando el botón de detener el ascensor Armando mientras se acercaba mucho a Betty.

Ella en un impulso le dió un beso, se separó y lo vió, pero la pasión resguardada por 5 años la pudo y lo volvió a besar en ese ascensor...

El segundo beso fue diferente. No fue la explosión impulsiva del primero, sino una inmersión lenta y profunda en todo lo que habían reprimido. Las manos de Armando subieron por la espalda de Betty, aferrándose a su cintura mientras ella se estiraba, sus cuerpos encontrándose con una familiaridad que desafiaba los años de separación. El aliento se les cortó, no por el esfuerzo, sino por la acumulación de deseo que se liberaba con cada roce.

Betty sintió la textura de su camisa bajo sus dedos, sus uñas arañando suavemente la tela mientras el beso se intensificaba. Sus bocas se exploraban con una urgencia que era casi dolorosa, sus lenguas danzando un reencuentro que hacía vibrar cada fibra de su ser. Un gemido ahogado escapó de la garganta de Betty cuando Armando la apretó más contra él, sus caderas uniéndose en una fricción que encendió una chispa hace tiempo olvidada.

El ascensor, inmóvil, se convirtió en su propio universo, aislado del mundo exterior. El tiempo dejó de existir. Solo estaban ellos dos, el sonido de su respiración agitada y la desesperación de sus cuerpos anhelando una unión que había sido negada por demasiado tiempo. Las manos de Armando bajaron hasta los muslos de Betty, sus pulgares rozando el borde de su falda, y ella arqueó la espalda, su deseo desbordándose.

En ese pequeño espacio metálico, la pasión que los había consumido una vez, y que creyeron muerta, resurgía, más poderosa y voraz que nunca.

Las manos de Armando se deslizaron bajo la falda de Betty, sus dedos cálidos subiendo por sus muslos, encontrando la suavidad de su piel bajo la tela de sus medias. Un suspiro tembloroso escapó de Betty mientras sus caderas se movían instintivamente contra las de él, buscando más contacto, más presión. El beso se hizo más voraz, un baile de lenguas que reflejaba la urgencia de sus cuerpos.

Armando la levantó ligeramente, y Betty enredó sus piernas alrededor de su cintura, sus muslos apretándose contra los de él. La cercanía era absoluta, sus cuerpos fundiéndose en uno solo, sin espacio para la duda o el remordimiento. Podía sentir la dureza de Armando contra su feminidad, una promesa tácita que encendía un fuego ardiente en su interior.

Sus manos se aferraron a la nuca de Armando, sus dedos tirando suavemente de su cabello mientras el beso continuaba, profundo y desesperado. El ascensor, antes un mero vehículo, ahora era su cómplice silencioso, el refugio perfecto para este reencuentro clandestino. El olor de la piel de Armando, el sonido de su respiración agitada, la sensación de sus músculos tensos contra ella... todo era una sinfonía de sensaciones que la abrumaba y la excitaba.

Betty se separó un centímetro, apenas, para mirarlo a los ojos. Los de Armando estaban oscuros, llenos de una pasión y un anhelo que no había visto en años.

Sus labios estaban hinchados por el beso, y una sonrisa ladeada, casi salvaje, apareció en su rostro.

-No vamos a salir corriendo, ¿verdad, Betty?- susurró él, su voz ronca de deseo.

Ella no respondió con palabras, sino con un beso aún más profundo, una declaración sin sonido de que, en ese ascensor detenido, el pasado y el futuro se habían fusionado en un presente ardiente e innegable. Sus manos se movieron hacia la camisa de Armando, desabotonándola con una mezcla de torpeza y prisa, ansiosa por sentir su piel contra la suya.

𝓞𝓷𝓮 𝓢𝓱𝓸𝓽𝓼 𝓐𝓻𝓶𝓮𝓽𝓽𝔂Donde viven las historias. Descúbrelo ahora