Hasta los 40

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-¿Mami? -le dice Cami a Betty mientras saboreaban un helado sentadas en la heladería, esperando a que su papá llegara. El clima era cálido y se respiraba tranquilidad. Armando estaba cerrando un negocio, pero les había prometido que pasaría un rato con ellas sin falta.

-¿Sí, mi amor? -respondió Betty, lamiendo su cucharita de helado.

-Quiero hacerle una broma a papi... pero una broma de las buenas -dijo con los ojos brillando de picardía.

-¿A ver? Cuéntame -Betty ya se sonreía, anticipando el show que se venía.

-Le vamos a decir que un niño del colegio me dio un beso. En la boca. Que fue mi primer beso. ¡Y tú actúas como si fuera algo normal! -se moría de la risa-. ¡Quiero ver cómo se le desfigura la cara!

-¡Ojojoj! -Betty soltó una carcajada- ¡Eso sí que lo va a volver loco! ¡Bueno, hagámoslo! Pero tenemos que actuar en serio, ¿eh?

-Yo soy actriz de alma, mami. Vas a ver. -Cami se acomodó el pelo con actitud.

En ese momento, Armando entró en la heladería. Llevaba la camisa un poco desabrochada y los pasos algo cansados, pero su cara cambió por completo cuando las vio. Caminó hacia ellas con una sonrisa ancha.

-Hola, mi amor -le dijo a Betty, dándole un beso en la boca-. Hola, mi bebé hermosa -dijo a Cami, acariciándole la mejilla.

-¡Papi! Te pedimos helado de pistacho, tu favorito -le dijo Cami, dándole el vasito.

-Gracias, mi amor -se sentó con ellas y tomó una cucharada, aliviado. Pero no duró mucho.

-Papi... tengo que contarte algo importante... muy importante. Ya se lo conté a mamá, pero tú también tienes que saberlo.

-¿Qué pasa, princesa? -respondió relajado, sin imaginar nada.

-Hoy... fue el día. Di mi primer beso. En la boca. Con un niño del colegio.

Armando se quedó congelado, la cuchara tembló en su mano. Miró a Betty, esperando que dijera que era una broma. Pero Betty solo asintió con calma.

-Sí, mi amor. Me lo contó antes... Yo la escuché, la apoyé... estas cosas pasan.

-¿¡Qué!? -Armando subió la voz sin querer-. ¿¡CÓMO QUE PASAN!? ¡Pero si tiene once años, Betty!

-Once años y medio -corrigió Cami, muy seria.

-¡AH! ¡No me digas eso como si eso lo hiciera mejor! ¡Mi chiquita, no! ¡No puede estar besando a nadie! -se paró de golpe, caminando alrededor de la mesa-. ¿Quién es ese niño? ¿Qué te dijo? ¿¡Dónde estaban!? ¿¡Quién los vio!?

-Papi, relájate, fue en el recreo... detrás del kiosco. Nadie nos vio.

-¿¡QUÉ!? ¿¡ESCONDIDOS!? ¡Dios mío, se están escondiendo! ¡¡Nooooo!! -se pasó las manos por el pelo, al borde del colapso.

-Ay, amor... no seas exagerado. No fue gran cosa -intervino Betty, tomando otra cucharada de helado-. Ella me dijo que él se le acercó, le dijo que le gustaba... y ¡pum! Un piquito. ¿Qué hay de malo?

-¿¡QUÉ HAY DE MALO!? ¡TODO! ¡TODO ESTÁ MAL! ¿Y tú no hiciste nada? ¿No fuiste a hablar con la maestra, con la directora? ¡¿No llamaste a los padres de ese niño!? ¡¡YO VOY A IR!! ¡¿CÓMO SE LLAMA!?

-Prefiero no decirlo -dijo Cami, cruzándose de brazos-. Lo quiero proteger. Es un chico bueno.

-¡¿QUÉ LO QUIERES PROTEGER?! ¡¿Y AHORA RESULTA QUE ESTÁS ENAMORADA!? -Armando ya parecía en trance.

-No estoy diciendo eso -contestó Cami, muy seria, bajando la mirada-. Solo digo que... bueno, puede que me guste un poco. Es tierno conmigo.

-No, no, no... -Armando se agarró el pecho, caminando de un lado a otro-. Esto no puede estar pasando. Esto es una pesadilla. ¡Tú eres mi bebé! ¡La que veía Hello Kitty hace dos años! ¡La que se dormía con su osito y me decía "papi, cuéntame un cuento"!

-Bueno, eso fue hace mucho... -respondió Cami con falsa melancolía.

-¡Fue el año pasado! -gritó él, desesperado.

-Amor... estás exagerando -Betty lo miró con ternura y diversión disimulada-. Está creciendo. Es normal.

-¡No! ¡No en mi casa! ¡No mientras yo viva! ¡No antes de los 40 años!

-¿Y si antes se enamora? -preguntó Betty, provocándolo a propósito.

-¡Entonces me muero!

-Bueno, papi... -dijo Cami bajando la voz, poniéndose solemne-. También te tengo que decir que él me pidió ser su novia... y yo le dije que lo iba a pensar.

Armando se quedó en silencio. Quieto. Estático. No respiró.

-¿Qué le dijiste? -preguntó con voz baja, peligrosa.

-Que lo iba a pensar -repitió, ocultando la risa.

-¡NO! ¡ESO NO! -gritó de nuevo-. ¡NO! ¡Yo la llevo al colegio! ¡Yo la traigo! ¡No más recreos! ¡No más kiosco! ¡No más niños! ¡Le voy a poner guardaespaldas, Betty, guardaespaldas!

Betty ya no podía más. Tapó su boca con la servilleta para no largarse a reír.

-Ay, papi... -Cami se acercó y lo abrazó por la cintura-. Tranquilo... que todo era una broma.

Armando parpadeó.

-¿Qué?

-¡Que era mentira! ¡Nadie me besó! ¡No tengo novio! ¡Fue una broma con mamá! ¡Caíste redondito! -exclamó Cami, abrazándolo con fuerza.

Betty no aguantó más y estalló en carcajadas.

-¡Te pusiste pálido, Armando! ¡Creí que ibas a buscar al rector con una antorcha!

Él parpadeó varias veces. Luego los ojos se le llenaron de lágrimas de puro alivio.

-Ustedes me van a matar... -susurró, sentándose con lentitud.

-Pero mírate, papi. ¡Te amamos! -dijo Cami, besándole la mejilla.

Armando las abrazó con fuerza a las dos.

-Ustedes son mis dos dolores de cabeza favoritos... Pero tú, chiquita -le dijo a Cami, mirándola con intensidad-, sigues siendo mi bebé. Y vas a serlo por muchos años más, ¿me entendiste?

-Sí, papi -respondió ella, riendo-. Hasta los 40.

FIN

𝓞𝓷𝓮 𝓢𝓱𝓸𝓽𝓼 𝓐𝓻𝓶𝓮𝓽𝓽𝔂Donde viven las historias. Descúbrelo ahora