Armando estaba feliz con su niña de apenas 3 meses. La miraba dormir y sentía que el mundo entero cabía en esa cunita. Cada noche, cuando llegaba de Ecomoda agotado pero con el corazón acelerado por volver a casa, se quitaba el saco, se arremangaba la camisa y tomaba a su hija en brazos. Le cantaba bajito las mismas canciones que su mamá le cantaba a él de pequeño, mientras la mecía despacio, sintiendo cómo el cuerpecito se relajaba contra su pecho. Betty lo observaba desde la cama, sonriendo con esa mezcla de cansancio y ternura que solo tienen las madres recientes.
Durante el día no podía estar, era cierto. Betty estaba de baja por maternidad y Ecomoda lo reclamaba: reuniones, colecciones, el estrés eterno de las cifras y las decisiones. Pero desde su oficina llamaba cada dos horas, disfrazando la ansiedad con bromas.
—¿Cómo va mi reina? ¿Ya comió? ¿Y tú, mi Betty, has descansado algo?
Esa mañana, el despertador sonó a las seis y media como siempre. Armando abrió los ojos y lo primero que hizo fue girarse hacia la cuna portátil que tenían al lado de la cama. La niña dormía boca arriba, con los puñitos cerrados junto a las mejillas, respirando tranquila. Sonrió sin querer y se levantó en silencio para no despertar a Betty, que había tenido que dar la teta 4 veces esa noche, porque la pequeña así lo requería. Raro, porque solía dormir más. También hubo cambio de pañal que él realizó, pero eso no lo agotaba, lo hacía feliz, sentirse parte de la vida de su hija.
Se duchó rápido, se puso el traje gris que Betty había dejado planchado la noche anterior, se anudó la corbata frente al espejo del baño. Cuando salió, Betty ya estaba despierta, sentada en la cama con la niña en brazos, dándole el pecho. La luz de la mañana entraba por las cortinas entreabiertas y bañaba la habitación en un tono dorado suave.
Armando se acercó, se sentó al borde de la cama y acarició la cabecita de su hija con un dedo, con esa delicadeza que había aprendido en esas pocas semanas de paternidad. La niña succionaba con calma, los ojitos cerrados, haciendo esos pequeños sonidos que a él le parecían la música más hermosa del mundo.
—Buenos días, mis amores —susurró, besando primero la sien de Betty y luego inclinándose para besar la frente de la bebé.
El beso fue breve, apenas un roce de labios. Pero algo no estaba bien.
La piel estaba caliente. Demasiado caliente.
Armando se quedó quieto un segundo, con los labios aún cerca de la frente de su hija, como si no creyera lo que acababa de sentir. Volvió a besarla, esta vez con más intención, dejando que el calor se le transmitiera directamente.
—Mi amor… —dijo, y su voz salió rara, temblorosa, como si le costara salir—. La niña está caliente.
Betty levantó la mirada de inmediato. Dejó de acariciar la espalda de la bebé y puso su propia mano en la frente, luego en las mejillas, luego en el cuello. Su expresión cambió en un instante: la calma maternal se quebró en preocupación.
—Trae el termómetro, por favor —pidió, intentando que la voz no le temblara también.
Armando se levantó de un salto, fue al baño, abrió el cajón del botiquín con manos torpes. El termómetro digital cayó al suelo, lo recogió nervioso, volvió corriendo. Betty lo colocó con cuidado bajo la axila de la niña, que seguía tomando el pecho sin inmutarse.
Los segundos hasta que pitó se hicieron eternos.
38.0 °C.
Betty retiró el termómetro y lo miró fijamente, como si pudiera cambiar el número con solo desearlo. La niña terminó de mamar, soltó el pezón y emitió un pequeño gemido, pero no lloró. Estaba como adormecida, más quieta de lo normal.
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𝓞𝓷𝓮 𝓢𝓱𝓸𝓽𝓼 𝓐𝓻𝓶𝓮𝓽𝓽𝔂
FanfictionAcá veran historias cortas de 1 solo capítulo en base a Armetty. Solo habrán historias sobre ellos (Camila puede que también) y nadie más. ✨Tu estabilidad emocional está asegurada acá. Habrán advertencias cuando haya algún capítulo fuerte. 💥No infi...
