Te elijo otra vez y siempre

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*Contiene escenas sensibles. He juntado dos situaciones de la serie Ecomoda: el oráculo de las diosas y el evento al que iba a ir Armando cuando llega Michel pero que termina cancelando...
*Yo siempre los reconciliaré, asi que tranqui

***

Betty se dirigía a la oficina de su esposo por el hueco del pasillo. El trabajo la abrumaba, y la nostalgia la envolvía como una bruma densa. Quería verlo. Necesitaba sentir su cercanía, respirar en el espacio donde él estaba.
Pero cuando se acercó a la puerta, se detuvo al escucharlo hablar.

-Sí, Calderón, ya tengo el archivo... Espérate... ajá, aquí están. ¡Dios mío! ¡Las locas estas! -soltó una carcajada baja, casi morbosa-. Mira esa, ¡cómo se me lanzaba! ¡Esa noche fue brutal! ¿Te acuerdas? -hizo una pausa, como dejando que el recuerdo lo arrastrara unos segundos-. No, no, no... ese evento que me mandaste se ve bueno, demasiado bueno, pero primero le pregunto a Betty...

El tono era travieso, casi como si hablara con un adolescente que no había crecido del todo. Pero lo peor no fue lo que dijo. Fue cómo lo dijo. Entusiasmado. Como si por un instante se hubiese olvidado de todo lo que le costó recuperarla.

Betty sintió cómo el corazón se le estrellaba contra el pecho. Un golpe seco. Una sacudida interna.
Las imágenes que su mente tejió a partir de lo que oyó no necesitaban más contexto.
Su mente no preguntó. Solo reaccionó.

La cabeza le empezó a palpitar, cada latido más fuerte que el anterior.
Se apoyó en la pared, jadeando. No podía respirar. No podía ordenar un solo pensamiento. Todo se le nublaba.

¿Qué hacía él viendo eso?
¿Por qué hablaba así?
¿Por qué parecía disfrutarlo?

Cayó lentamente al suelo, con los ojos llenos de lágrimas que no llegaban a salir, atrapadas por el pánico. Intentó incorporarse tomando un estante pequeño hueco, pero al jalarlo, lo tiró violentamente al piso. El estruendo resonó como una explosión.

Del otro lado, Armando se sobresaltó.

-¿Qué fue eso? -dijo, dejando caer el teléfono.

Se levantó de golpe y abrió la puerta. Lo que vio lo dejó paralizado.

Betty estaba en el piso, encogida, con el rostro rojo y los ojos desorbitados, tratando de respirar como si se estuviera ahogando en aire.

-¡Amor! ¡Betty! ¡Por Dios, mírame! ¿Qué tienes? -se arrodilló a su lado, desesperado.

Pero cuando intentó tocarla, ella se apartó con brusquedad, como si él fuera el causante de su tormenta. Y en parte... lo era.

-No... no me toques... -gimió, entrecortadamente-. No puedo... no puedo respirar...

Él retrocedió, herido, confundido, y horrorizado por la escena.

-No, no... tranquila, mi amor. Estás bien, estás conmigo. Ya va a pasar. Respira, por favor... -pero su voz no calmaba. Su presencia solo aumentaba su colapso.

Y entonces lo entendió.

Ella lo había escuchado.

Escuchó todo.

Y aunque su intención jamás fue hacerle daño, aunque solo estaba abriendo un archivo viejo por un pedido tonto de Calderón...
Había recordado un pasado que a ella la lastimaba. Y se le notó.

Betty no veía al hombre que la amaba.
Veía al hombre que había sido.
Y no pudo con eso.

Armando, sin saber qué hacer, sintió que el pecho se le partía en dos.

-Necesito ayuda... necesito un médico... ¡Sandra! ¡Alguien, por favor! -gritó desesperado desde el hueco.

Pero sin dejar de mirarla.

𝓞𝓷𝓮 𝓢𝓱𝓸𝓽𝓼 𝓐𝓻𝓶𝓮𝓽𝓽𝔂Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora