La lluvia que nos unió (LHC)

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Hoy llueve en Bogotá y un hombre se entristeció ante este hecho.

Armando, quien había sido esposo de Beatriz por tanto tiempo, recordaba las noches de lluvia como las mejores de su vida.

Habían veces que se quedaban viendo películas con su hija, otras donde los tres o ellos dos se acostaban y acurrucaban entre ellos, mientras veían las gotas caer y simplemente compartir la compañía del otro.

Además, él sabía que Betty, a las tormentas fuertes, le tenía pánico, porque le contó que cuando fue niña, hubo una tormenta fuerte mientras ella estaba en el colegio, y los niños le cerraron las puertas y ventanas, dejándola fuera, mojándose, tiritando y asustada ante los truenos, más los comentarios hacia su aspecto...

Por ello, él estaba triste... Porque sabía que ya no tenía oportunidad de volver a esos tiempos, donde era feliz, extrañaba con locura tener entre sus brazos a Beatriz, pero no sexualmente hablando, eso era aparte, sino que compartir el lecho, hacerse mimitos, dormir abrazados, acurrucarse juntos... Todo lo que le hacía acordar la lluvia era una locura, pero quería tener esos recuerdos por lo que quede de vida.

No sabía cómo había permitido que todo se fuera al traste, la llegada de Calderón y su inmadurez ante él, fue lo suficiente como para que ahora, haya firmado el papel de divorcio mientras su hija lo miraba atenta.

A ella también la había decepcionado.

Él, quien se prometió proteger de todo mal a su niña, que iba a ser el mejor padre para ella, la defraudó. Para su desgracia, sabía lo que había hecho 20 años atrás, el engaño a Betty y la crueldad que tuvo. Además, que Calderón siga con él, hizo que ella no quisiera verlo...

Iba a seguir en sus pensamientos, cuando sonó el timbre. Lo sobresaltó el sonido, ya que desde que Betty se fue, y luego Mila, el silencio en esa casa era perturbador, en algún rincón lejano de esa casa quedaron las carcajadas de su niña y la risa de su Betty...

Volvió a sonar el timbre y bajó las escaleras, al abrir no pudo creer que ella, justamente ella esté ahí.

-¿Betty?- dijo susurrando, como si hablar más fuerte hiciera que ella no esté ahí.

-Disculpa, Armando, pero no lo soporto más, le prometí a Camila que no cedería, pero mi ser estúpido me trajo hasta aquí- un trueno fuerte retumba y ella sigue, mojándose en la lluvia- Al ver nuestras firmas en ese papel, no pude ni irme a Cartagena, porque no puedo aceptar que nuestra historia termine así, con un par de firmas en un papel sin sentimientos... Necesitamos arreglarnos, necesitamos volver... Al menos yo lo necesito...- susurró al final- No puedo permitirnos ésto, no ahora, ni en el futuro... Estos cinco años de separación han sido una verdadera tortura, e imaginar algo que no sea envejecer contigo me atormenta cada vez más...- mientras seguía llorando, esperando una reacción, una palabra por parte de él.

Pero no llegaba.

Él estaba estupefacto, quien debería estar rogando sería él, no ella, y obviamente que si puede volver con ella lo haría sin pensar... Pero estaba tan enfocado en sus pensamientos que no notó que no le respondió.

Ella, ante el silencio, se rindió.

-Perdóname, Armando... Ya iré a legalizar los papeles... Disculpa por haberte moles...- fue interrumpida por un beso.

Armando apoyó con desesperación sus labios en los de ella. Y los empezó a mover, invitándola a que lo siga. Se estaban mojando pero eso no importaba, ni lo notaban. Ahora eran solo ellos dos.

El beso que empezó por un impulso, fue continuado con amor y ternura, Betty soltó los papeles dejando que caigan en un charco y con sus manos se aferró al cuello de él. Mientras que él, se aferraba a la cintura de ella.

𝓞𝓷𝓮 𝓢𝓱𝓸𝓽𝓼 𝓐𝓻𝓶𝓮𝓽𝓽𝔂Donde viven las historias. Descúbrelo ahora