❤ Mi corazón. ❤ (Wigetta)

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Tragó el nudo que bailaba en su garganta, de arriba hacia abajo sin intención de salir de allí o desaparecer, y, sin poder mirarlo a los ojos, empezó a jugar con las mangas de su amplia chaqueta negra, buscando las palabras exactas.

-Te amo.- Fue un susurro suave, bajo y roto, porque sabia cual seria la respuesta, y es que Guillermo se había convencido a sí mismo de que claramente Samuel no lo quería de la misma manera, pero aún así necesitaba decirlo, dejar libre esas palabras que tanto lo ahogaban.

-Gracias.- Contestó el mayor, sorprendido y asustado, todo en la misma manera. Con miedo de que eso pudieran cambiar las cosas y de cómo afectaría a su amistad. Claro que quería a Guillermo, era su Willy, su mejor amigo... Pero no lo veía de esa manera. Y estaba seguro de que el menor lo sabía.- Muchas gracias, Willy, pero...

El otro chico sonrió, con sorna y obviedad, como si todo aquello fuese una broma. No lo era.

-¡Hey, parguela! Sé cómo funciona esto, y que somos mejores amigos...- ¿Por qué a pesar de que sabia que lo rechazarían, dolía tanto? ¿Por qué, aun repitiéndose noche tras noche que jamás seria más que el amigo de Samuel, tenía ganas de llorar y gritar?-Solo quería que lo supieras. Todo está bien.- Y volvió a sonreír, una sonrisa tan amplia como falsa, con su corazón roto cayendo a pedazos. Samuel se creyó su sonrisa y lo abrazo con cuidado, como si pudiese romperse. Lastima que Guillermo ya estuviese roto.

-Me alegro de que sigamos siendo amigos. Y encontrarás a alguien que te ame, alguien que merezcas.

Guillermo no quería a nadie más que no fuese Samuel, pero no lo diría. Nunca más.

Y ese abrazo duró diez minutos, hasta que Guillermo se vio lo suficientemente fuerte para salir de allí.

-Mañana nos vemos, Samu.- Comentó, como si nada hubiese pasado, como si su corazón siguiera de una pieza.

-¡Hasta mañana, chaval!

Y se fue de allí, con las piezas de lo que quedaban de él derrumbándose a cada paso. Pero, en asuntos del corazón, aprendió esa vez Guillermo, no siempre se gana. A veces, solo estás tú, roto, triste y solo, contra un espejo, sin nadie que te abrace en invierno, sin nadie que te diga te quiero... Porque no todo es rosa.

Pero estaba bien, porque sanaría, tarde o temprano, y amaría, quizá no tanto como a Samuel, pues le entregó su corazón completo, pero amaría a alguien más. Y ese le amaría de vuelta.

¿Verdad?

Drabbles.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora