♥ A escondidas. ♥ (Wigetta)

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Miró el reloj con puro disimulo, inclinando ligeramente la cabeza hacia la izquierda, deseoso de que sus ojos no brillaran tanto como temía. Lidia, su mujer, con una sonrisa bailando en sus labios, despidiendo a las visitas que habían asistido a su celebración de cumpleaños. 

—¿Ves Samuel?— Pregunta ella, en aquel tono que hace tantos años le había parecido angelical.— Te dije que te sorprendería por tu cumpleaños.— Samuel sonrie, de una forma caída y neutra, para después asentir y cambiar la mueca vacía por una expresión de falsa y completa felicidad. 

—Ha sido genial, cariño.—Siente una punzada en el pecho cuando su mujer lo besa, porque imagina que son otros labios, que es otro olor, otro tacto... otra persona. Piensa en Guillermo y en como ha cambiado todo, en como le gustaría, en cuanto desearía que fuera él quien lo estuviera besando ahora mismo. Pero eso no puede ser. 

—Y aún falta lo mejor.— Lidia empieza a acariciar el bien formado pecho de Samuel, lentamente, disfrutando de cada caricia hasta que finalmente le quita la camiseta. 

Y Samuel solo puede pensar en Guillermo, sintiendo como el vacío en su pecho crece un poco más. 


(...)


Son las once y media de la noche cuando Samuel vuelve a mirar el reloj, cubierto con unas simples sábanas tumbado en la cama que comparte con su esposa. El vacío sigue creciendo, y la impaciencia porque el tiempo corra un poco más rápido lo está carcomiendo. 

Se levanta con cuidado de la cama, para abandonar la habitación, vestirse con la ropa que quedó en el salón y salir de la casa sin darse tiempo a mirar atrás, porque aunque lo hiciera, no se arrepentiría de nada, pero sí sentiría esa culpa que tanta angustia produce. 

Se siente en 'ese' banco que tan especial era para Guillermo y para él -hasta que Samuel lo rompió, diciendo que se iba a casar con la mujer propuesta por su padre-, y vuelve a mirar el reloj, como si así pudiese avanzar el tiempo. 

No es hasta que ve a Guillermo de lejos que su corazón empieza a bombardear con fuerza, su pulso aumenta y el vacío se va haciendo más y más pequeño, como si la mera presencia del menor encendiera un fósforo dentro de él, iluminando ese hueco tan incompleto que queda en Samuel cuando Guillermo se va. 

Guillermo corre hasta sus brazos, sin vergüenza alguna, y salta sobre Samuel. El mayor puede sentir como sus respiraciones bailan a un mismo compás, como sus manos encajan a la perfección y como, con una simple mirada, todo lo de su alrededor desaparece, porque ya solo son ellos dos. 

—Feliz cumpleaños, pringao'.— El tono roto que sale de los labios de Guillermo quiebran a Samuel, pero sabe que ya nada se puede hacer, así que simplemente sonríe con prepotencia y en habla en un tono altanero. 

—Y yo que estaba seguro de que no te ibas a acordar...— Y, sin obligarse a esperar ni un segundo más, lo besa como tanto lleva deseando hacer. Guillermo responde al beso sin titubear, al principio inocente e infantil, con miedo a despertar en la dolorosa realidad donde no pueden estar juntos; poco a poco, se va tornando más pasional y deseoso, hasta que Guillermo se sienta en el regazo de Samuel y se esconde en su pecho, donde las lágrimas empiezan a caer sin tregua alguna. 

Y Samuel daría todo lo que tiene para cambiar eso... pero no puede. 

Porque sí, no son amigos, no son pareja, no son nada, pero a la vez lo son todo. Se necesitan, se quieren y están juntos. A escondidas como todo, en público como nada. Pero aún así, siempre en la mente del otro. 

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¡Ya he vuelto! Después de tanto tiempo aquí me tienen de nuevo, con tanto drama como siempre xD

Se me ocurrió esta idea mientras estaba de vacaciones -sin internet ni nada ._.- y en cuento he llegado no he podido hacer más que escribir y escribir. ♥

Drabbles.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora