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El lago era un sitio peligroso. Descubierto en una especie de claro sombrío y rodeado de árboles frondosos, solo iluminado por la luz de la luna y algunas que otras luciérnagas que dibujaban un hermoso reflejo de motas amarillas sobre el agua tenue.

Dos pares de pies reposaban sobre la fría arena a orillas del agua. Lauren escaneaba la zona de la izquierda y Camila, la derecha; sin embargo, ninguna de las dos sabía cómo cruzar aquel pozo infinito.

Camila se miró las manos, haciendo énfasis en las costras de sangre que ya empezaban a picar en sus palmas magulladas. Antes de llegar a su destino, ambas se enfrentaron a una escalada mortal sobre un risco de piedra maciza pero resbalosa debido a la cantidad musgo. Estuvo a punto de resbalar y caer si no hubiera sido por la mano de Lauren que logró sujetarla y terminar de subir su cuerpo.

Por más que lo odiaba, la ojiverde siempre lograba salvarla de aquellos casi infortunios.

—Maravilloso, olvidamos el barco.- el sarcasmo salió de la boca de Camila quien se arrodilló y lavó sus manos en el agua.

Lauren siguió observando su entorno en busca de algún objeto que las ayudara a cruzar el lago. Les era imposible nadar hasta el otro extremo pues ni siquiera se lograba ver el otro lado, y construir balsas definitivamente no era su mejor fuerte.

Maldición, Dinah debía estar con nosotras ahora mismo.

De nada servía lamentarse. Así que ambas decidieron montar una pequeña fogata para descansar sus cuerpos antes de seguir buscando alguna alternativa para llegar a la frontera del Imperio del Hielo. Debía de haber alguna manera. No llegaron tan lejos como para devolverse.

La morena se acomodó lo más lejos posible del agua. Si cuando despertaran Lauren decidía nadar las aguas, le daría una fuerte bofetada por pensar tal estupidez. Camila jamás se atrevería a cruzar el lago nadando, desconociendo su profundidad y quizás hasta había monstruos dentro, dispuestos a arrastrarla hasta el límite. Además, el agua era un enemigo natural para Camila ¿Si la falta de luz le afectaba, qué sería estar tanto tiempo dentro del agua? Ella no quería imaginarlo.

Al despertar, Camila sintió la brisa fría de la noche. El sereno la hizo temblar un poco, buscando el calor de las llamas de la fogata. Sorpresivamente, ésta se había apagado debido a las fuertes ráfagas de viento. Buscó el cuerpo de la ojiverde tumbado en la arena. Debía estar cerca de la fogata, pero Camila no sabía si su vista estaba fallando o la oscuridad no le dejaba ver a Lauren. Nunca pensó que la pelinegra no estuviese presente.

—¿Jauregui?- susurró.

Se elevó sobre sus codos. Otra vez la brisa le pegó más en la cara, haciendo volar sus cabellos en todas direcciones.

No había rastro de la ojiverde.

El corazón de Camila empezó a acelerarse ¿sería posible que aquella imbécil la abandonara a su suerte? No, no podía. Lauren no era de esas malnacidas... Y entonces recordó las palabras de la joven bruja y el arrebato de furia de la pelinegra días atrás. Quizás Lauren no era capaz de dejarla, pero su lado oscuro sí que podía.

No lo admitía, pero ese pensamiento le hizo encoger el corazón en desilusión.

Maldita sea ¡basta ya!

Ordenó a sus sentimientos volver a esconderse en lo más recóndito de su alma. Cada vez eran más intensos y difíciles de controlar.

La morena se incorporó y talló sus ojos, esta vez adaptándose a la tenue luz de la luna y comprobando, de nuevo, que Lauren no estaba ahí. Ni siquiera se escuchaba algún ruido que delatara su paradero. No pudo esconderse entre los árboles, pues estos estaban algo lejos ¿Se la había tragado la tierra?

El Espacio Entre Nosotras (Camren)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora