Una bandada de cuervos se divisó en lo alto del cielo, cayendo en picada hacia la multitud de personas que se encontraba reunida a las afueras del castillo; seguidamente, una serie de gritos se esparció por el lugar. Los picos de aquellas aves causaron heridas sobre brazos y cabezas inocentes. El ahora Rey del Imperio del Sol no entendía muy bien el porqué tanto revuelo entre los habitantes; seguramente era euforia por la coronación, sin embargo, vio con detalle a las aves oscuras y, para caer más en la realidad, el sonido de un cuerno le hizo voltear hacia la muralla que rodeaba el castillo. Aquel sonido lo conocía bastante bien.
Significaba un aviso.
—¡Nos invaden!
Andrew no esperaba un ataque tan rápido, además, ¿Quién osaba cometer tal imprudencia sabiendo que no tenía oportunidad contra él? La curiosidad salió de su cuerpo cuando vio como la puerta del castillo era derribada y un montón de monstruos bravíos entraban velozmente dispuestos a matar.
Noah tomó fuertemente el brazo de Sofía y la arrastró dentro del castillo para mantenerla segura pues ella era la única sobreviviente con linaje real y necesitaban mantenerla con vida por ahora. Mientras tanto, Andrew ordenaba a los guardias y a los demás habitantes que se defendieran como pudieran.
Bolas de fuego iban y venían bajo el candente sol. Muchos de los habitantes del Imperio del Sol salieron lastimados e incluso muertos, pero a pesar de que aquellas personas no eran guerreros natos, se podía notar la diferencia de poder, dando reconocimiento a su Imperio como el territorio más poderoso. Poco a poco el olor a carne quemada inundó el lugar junto a una espesa capa de humo que impedía a varios habitantes del Imperio de la Noche respirar.
La Reina Elena veía todo el caos desde una distancia prudente, muy lejos del batallón y, notando la evidente pérdida de sus guerreros, no le quedó otra idea que retirarse. No tuvo algún avistamiento del pelirrojo, así que supuso que se estaba resguardando dentro del castillo ¿por qué él daría la cara por su pueblo? Era un cobarde al igual que Alejandro.
El humo se empezó a esparcir hasta llegar a donde estaba ella. El amargo del hollín se instaló en sus débiles pulmones. Elena sintió sus huesos estirarse y la piel caerle del rostro. Sabía que pronto llegaría su hora debido al hechizo, pero no quería morir, no quería entregarse a los Dioses. Su visión poco a poco se fue debilitando hasta desplomarse en el suelo detrás de la muralla. Lo último que sintió fue su cuerpo siendo levantado en el aire por unos brazos desconocidos.
En la punta más alta de la torre del castillo, el joven de cabellos rojos dio un rugido gutural desde lo más profundo de su garganta. Andrew había despertado parte de su bestia interior, llamando la atención de todos en la parte inferior, deteniendo los golpes y los ataques para prestar atención en lo alto del castillo. Allí observaron al pelirrojo con su corona de Rey sobre su cabeza y sosteniendo por el cuello a una mujer inconsciente. Algunos la llegaron a reconocer a pesar de la distancia, pero otros simplemente murmuraron entre ellos.
—¡Fenómenos del Imperio de la Noche, pongan su rodilla al suelo ante su Rey, ante el Dios Sol, ante el Imperio más poderoso de la Tierra!- Andrew levantó más el cuerpo de la mujer para que pudiera ser visto —¡Su Reina ha sido acabada en mis manos. Es tiempo de desistir, de rendirse!
Todos aquellos sobrevivientes del territorio nocturno bajarona cabeza tras ver el cuerpo de su Reina. Andrew reía jocoso al escuchar la ola de aplausos por parte de los presentes. Su pueblo lo aclamaba.
—¡El Imperio de la Noche ya no existe!- gritó fuerte, con la euforia recorriendo sus venas —¡Ya es hora de enfrentar su muerte, prepárense para ver a los Dioses!
Su momento fue interrumpido por una flecha voladora que aterrizó en su hombro derecho. El misil, a pesar de haberse clavado en su objetivo, no le hizo ningún daño. Andrew soltó el cuello de Elena, haciendo que cayera al suelo de golpe y, con su mano sacó la flecha viendo hacia todas partes para encontrar al culpable. Sus ojos tomaron una coloración rojiza debido al enojo. Andrew estaba tan enojado que incluso de sus fosas nasales salía humo blanco.
—¡¿Pero quién..?!
Otra fecha voló, esta vez enterándose en su antebrazo. Andrew buscó entre la multitud que veía asombrada y divertida aquel suceso. Sus ojos se toparon con un joven de cabello oscuro montado sobre un caballo blanco. El pelirrojo abrió la boca para hablar, pero el joven se le adelantó con un grito lo suficientemente fuerte como para escucharlo.
—¡La guerra no ha terminado!
Seguidamente, toda la muralla del castillo fue derribada por un grupo de soldados del Imperio de la Lluvia. Varios habitantes del Imperio del Hielo se unieron a la batalla y empezaron a atacar a los demás del Imperio del Sol.
Noah advirtió como los suyos intentaron defenderse pues aunque los superaban en cantidad, algo no estaba corriendo muy bien ante sus ojos. Aquellos guerreros traían consigo una armadura que soportaba los ataques de fuego.
—Hay que distribuir armas.- señaló a Andrew. El pelirrojo ordenó a los guardias a repartir espadas a todos los habitantes de su Imperio pues estos no tenían forma de defenderse apropiadamente.
El inesperado ataque no estaba en sus planes y algo en su interior le decía que quizás aquellos guerreros de armadura especial podrían avanzar más allá de lo pensando, sin embargo, una vez que sus propios soldados fueron entrando en batalla, las mágicas armaduras pasaron a segundo plano. El poder de los habitantes del Imperio del Sol iba más allá. Incluso algunos decidían expulsar su propio núcleo, incinerando a todo aquel que llegase a entrar en el borde. El castillo prácticamente se venía abajo, pero a Andrew poco le importaba con tal de ganar, sin embargo, una vez notó que el escenario iba para largo, decidió terminarlo por su propia cuenta. Dio un salto desde su posición en lo alto de la torre y aterrizó sobre sus pies en el centro del caos, haciendo retumbar el suelo. Su cuerpo empezó a brillar con una intensidad enceguecedora, privando la visión de todos a su alrededor.
—¡Es tiempo de que todos sepan el poder del Dios Sol!
Rayos de luz salieron de sus manos en todas direcciones, pulverizando varios cuerpos, fomentando el terror de todos los presentes pues jamás habían presenciado la silueta de una criatura como aquella.
Hacia más calor de lo normal, y es que Andrew irradiaba tanta energía que el oxígeno empezó a faltar.
Un grupo en particular veía todo lo que sucedía, preguntándose si realmente tendrían alguna oportunidad contra aquel ser místico. Andrew definitivamente no era de la Tierra y sus poderes podían ir más allá si quisiera.
—¿Dinah, como lo vamos a vencer si ni siquiera podemos verlo sin quedar ciegos?- preguntó Bryson directamente a la joven bruja.
Dinah desvío su mirada hacia el castaño.
—Honestamente, no lo sé. Hay varias cosas que se escaparon de mis manos.
—¿Pero aún tenemos a Lauren y a Camila, verdad?
—No sabemos cuál será su estrategia, Sabrina, pero... no confiaría demasiado en ello. De nada sirve ser fuerte y poderoso cuando él con solo su resplandor puede dejarnos ciegos de por vida.
—Creo que tengo una idea.- habló la doctora Morgan Fedex —Pero necesito algunos materiales.
Tras escuchar todos los elementos que se necesitaban para construir una especie de lentes protectores, todos resoplaron pues no había manera ni tiempo de conseguir todo lo que la doctora pedía.
—Como siempre, Dinah Jane tiene que solucionar todo.- la rubia rodó los ojos y de su túnica sacó un saco pequeño y lo arrojó al suelo —Vamos a movernos de aquí en barrera para proteger a Fedex. Por favor, intenten no morir.
ESTÁS LEYENDO
El Espacio Entre Nosotras (Camren)
Fanfiction"Soy la luz que invade el espacio de la Luna" (Universo alternativo) Aunque te sientas perdido en la oscuridad, siempre hay una luz rodeando tu alma para dejarte claro el camino por el cual vas caminando a pesar de que creas estar ciego de sensacion...
