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Una fila de guardias en cada lado del jardín custodiaba el paso de la Reina Elena y su protegida; Lauren Michelle.

Algunos de los empleados y unos que otros invitados murmuraban entre ellos sobre la chica misteriosa que se apoyaba en el brazo de su líder. El rumor más hablado era que la joven estaba siendo entrenada para ser la sucesora de la reina una vez que Elena entregara el trono.

Siguiendo con la historia, todos tenían una vela blanca en su mano derecha esperando a que la Luna se encontrase en su máximo punto de esplendor. Durante varios minutos, arrodillados en el suelo y con la cabeza gacha, le rezaron a la Diosa Luna para después soplar la pequeña vela y soltar al aire las ligeras ofrendas con ayuda de los brujos y hadas que las hacían elevar hasta los cielos.

—Quiero llevarte a un lugar. Acompáñame, por favor.- susurró Elena al oído de la joven pelinegra.

Lauren no le quedó de otra que asentir.

La reina levantó un poco la parte delantera de su vestido para no arrastrarlo por el piso. Ellas caminaron por un sendero de piedras a través de la floresta. Lauren seguía tras ella apresurando el paso de la mujer mientras miraba a ambos lados como varios empleados limpiaban algunas gotas de esperma de velas sobre el podado césped. Terminaron de cruzar el jardín hasta llegar a una especie de túnel de árboles secos y ramas espinosas.

El chuchear de los búhos penetró los oídos de Lauren, haciéndola estremecer un poco por la pesadez del ambiente.

La luz de las luciérnagas las guiaron hasta un claro donde la neblina se arremolinaba en sus pies y la luz de la luna ayudaba a ver entre las sombras. Por un momento, Lauren se sintió mareada. El aire que respiraba era sin duda diferente, un poco más limpio, sin embargo, su visión empezó a fallar cuando creyó que los árboles bailaban mientras se acercaban a ella.

Concéntrate, Lauren.

¿Estas bien?

—Si... sólo...- abrió y cerró varias veces sus ojos —Estoy bien. Algo aturdida.

—Es normal la primera vez, no te preocupes.- la Reina Elena tomó su mano y la guió hasta el centro del claro —Muy bien, Lauren. Puedo sentir y ver tu aura. Es hora de sacar tus poderes a flote.

—¿Cómo hago eso?, ¿está usted segura que tengo estos poderes?

—Claro que si.- sonrió algo amable —Necesito que te relajes. Respira profundo, pon tu mente en blanco y concéntrate en lo hay dentro de ti. Olvídate de todo a tu alrededor ¿de acuerdo? No te dejes llevar por los susurros ni los portales oscuros que puedan estar en tu cabeza. Nunca dejes que tus pensamientos se tornen negativos. No queremos ofuscar tu corazón ¿puedes hacer eso?

—Creo que... creo que sí.- asintió no muy segura.

—Eres una de nosotros, Lauren.- dijo posando su mano en el hombro de la joven —Tu madre pertenecía aquí.

—¿Mi madre?- la ojiverde nunca se preguntó sobre la ausencia de una figura materna en su vida, pero ahora que la reina del Imperio de la Noche lo recalcaba, despertó su curiosidad.

—Así es.- afirmó —Ahora concéntrate. Siente la conexión con nuestra Diosa.

Elena dio unos pasos atrás antes de convertirse en una lechuza y volar alto hasta perderse entre los árboles.

Genial ¿acaso la había dejado sola ahí dentro?

De acuerdo, ahora Lauren tenía miedo; no obstante, quería hacerlo. Quería descubrir esa parte de sí misma en el caso de que existieran esos poderes ocultos. Así que se quitó las sandalias de sus pies, cerró los ojos e inhaló, aspirando todo el aire que pudieron reunir sus pulmones. Entonces, sus sentidos se agudizaron. El pasto bajo sus pies le raspaba los dedos provocándole cosquillas; el poco viento que soplaba dentro del bosque le golpeó la cara de forma suave. A lo lejos, pudo oír el granizo de los cuervos y el como el batir de sus alas hacían el mínimo contacto con las hojas de los árboles.

Ella sacó el pecho, retorciendo sus hombros al compás de su cuello. El acto de respirar normalmente se le dificultaba ya que sentía un extraño peso en la espalda que le hizo caer de rodillas en el suelo.

Apoyada en sus manos y rodillas, Lauren gritó del susto cuando por un instante sintió un ardor en toda la capa externa de su piel por el nuevo crecimiento de vello. Sus dientes se volvieron filosos y sus orejas alargadas.

Desde la rama más alta de uno de los árboles, dos figuras eran observadores del increíble espectáculo que se desarrollaba ante sus ojos.

Cuando la transformación estuvo completa, la Reina Elena y el líder del clan de los Vampiros; Flex, apreciaron con adoración el enorme felino de pelo gris y ojos verdes que de un momento a otro, saltó entre los árboles hasta desaparecer en la penumbra.

—¿Una pantera, eh? No está nada mal.- dijo el vampiro una vez se encontró de pie junto a la Reina en el lugar donde anteriormente había estado la ojiverde —Primera vez que veo uno de pelaje gris en tantas décadas.

—Me hubiese gustado que siguiera la cadena de nosotras al convertirnos en lechuzas, pero está bien.- respondió —Probablemente ha perdido el conocimiento. Síguela y asegúrate de que no mate a nadie importante.

—Seguramente ha ido de caza...- reflexionó.

—Que no coma duendes. Le podrían dar una reacción alérgica.

—La estás consintiendo mucho.- sonrió divertido.

—Tu sólo échale un ojo y comprueba que esté bien.

Flex asintió a la orden y salió en vuelo tras el felino para no perderle la pista.

Por otro lado, la Reina Elena estaba satisfecha con los resultados. Lauren era un cambia formas y eso le caía como anillo al dedo.

El Espacio Entre Nosotras (Camren)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora