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Los latidos de su corazón iban tan rápido como el aleteo de un colibrí al oír las palabras de la ojiazul.

Sabrina, tan imponente y hermosa como la recordaba; era la viva sombra de la Reina Krista y, ahora sabiendo cómo de cruel podía llegar a ser la gobernante del Imperio del Hielo, imaginaba que su sucesora seguía muy bien sus pasos si quería ser igual que ella.

—¡Camina!

Lauren apretó la mandíbula tan fuerte que pensó en reventarla debido a la rabia que le comía por dentro. Estaba siendo apuntada por una especie de espada de hielo cuya punta se veía extremadamente filosa.

Camila aún seguía en sus brazos gracias a su orgullo y terquedad. Ellos querían que la soltarse para llevarlas por separado, pero la ojiverde no lo permitió por mucho que lo intentaron. Si iban a quitarle a la morena, sería sobre su cadáver. Así que optó por colaborarles en todo lo que quisieran con tal de que dejasen a la menor en paz.

Las llevaron a ambas en un carruaje donde Lauren supuso que las trasladarían al calabozo del castillo, pero grande fue su sorpresa cuando Sabrina subió con ellas en completo silencio.

La ojiazul intercalaba su mirada entre el cuerpo de Camila, que aún reposaba en el regazo de la pelinegra, y el de Lauren, sin mostrar interés o cualquier emoción.

Camila por su parte pareció recuperar un poco la consciencia dentro del carruaje pues la protegía de los vientos helados. Lauren lo pudo notar ya que la morena se aferró más a su cuerpo mientras parecía querer despertar.

—¿Estás bien?- le llegó a susurrar cerca de su oído para no ser escuchada, pero de igual manera Sabrina logró ver la interacción entre las dos, sorpresivamente dejándolo pasar.

Lauren no obtuvo una respuesta verbal por parte de la castaña, pero al menos había dejado de temblar y ya con eso era suficiente.

Una vez llegaron al castillo, un guardia las ayudó a bajar. Camila se encontraba más estable para al menos ponerse de pie, aunque con el cuerpo de Lauren sirviendo como apoyo.

La ojiverde juntó sus gruesas cejas en curiosidad al ver el panorama a su alrededor. Claramente estaban en las faldas del castillo, pero delante de ellas se veía una enorme pared azul cristal y en lo alto de ésta, las puntas que sobresalían de las torres se camuflaban con el cielo y las nubes. Una vista muy diferente a lo que Lauren recordaba. Entonces supuso que se encontraban en la parte trasera de la fortaleza.

Entraron por una pequeña puerta donde gracias a la luz del día divisaron por unos segundos una escalera. Al cerrar la puerta el lugar quedó en total oscuridad, sólo siendo iluminado por una esfera de luz dentro de una especie de caldero de cristal que transportaba la propia Sabrina ¿Cómo iba a subir Camila por aquel tramo?

—Es mejor que la lleves.

A pesar de que Sabrina susurró aquella orden, su voz retumbó dentro del estrecho espacio.

Fue así como con todas sus fuerzas, Lauren volvió a tomar el cuerpo de Camila en sus brazos, haciendo el mejor equilibrio posible para no dejarse caer mientras subían aquellos peldaños que parecían ser infinitos.

Al parecer las escaleras era un pasadizo hacia lo más alto del castillo. Dieron directo a un corto pasillo de ventanales abiertos donde los aires les golpearon el rostro, pero rápidamente entraron en una habitación grande y de techo alto, con una cama central espaciosa; un sillón pequeño, un ropero y lo que parecía ser un estante con libros antiguos. La pequeña ventana con balcón fue cerrada por uno de los guardias personales de la ojiazul, quien advirtió que el frío viento causaba males en una de las jóvenes prisioneras.

Muchos de los guardias se retiraron de la habitación una vez que Sabrina los despachó, quedando sólo dos de ellos; uno adentro y otro afuera, donde merodeaba el pasillo.

La rubia señaló la cama de sábanas blancas que se veía bastante cómoda y allí sugirió dejar el cuerpo de la morena para que descansara. Lauren lo hizo, cubriendo a Camila con las mantas suficientes para calentarla. Luego dirigió su vista a la ojiazul, que la esperaba pacientemente en el sillón cerca de la ventana.

Una vez sentadas la dos frente a frente, sus miradas chocaron con intensidad. Muchas preguntas navegaban en los ojos verdes de Lauren, teniendo el presentimiento de que las respuestas estaban en los labios de aquella mujer.

—Desde mis inicios en el aprendizaje para ciertos cargos, he dado por hecho que la intuición es una habilidad natural del ser humano. Sabía que nos volveríamos a ver, Lauren Jauregui, pero no en estas circunstancias.

No recordaba la voz de la rubia tan suave, como una melodía hechizante que acariciaba el oído.

—No tenemos relación alguna, Sabrina, pero he tenido que pasar ciertas desgracias para cumplir mis objetivos; una promesa plasmada en el correr de mis venas desde que nací. Desconozco el tipo de habladurías que dicen sobre mí por el mundo, pero traigo conmigo la paz. Lo prometo. Ansío hablar con el Rey Sebastián. El tiene las herramientas que necesito para seguir mi camino.

Jamás había hablado con tanta urgencia y sinceridad. El respeto había salido por sí sólo al verla como una persona de autoridad, pero muy consciente de que aquellas personas de clase alta no merecían el más mínimo valor por hacer tales actos de maldad a sus propios habitantes.

—Lamento informarte que tus deseos no pueden ser cumplidos. Nuestro eterno líder ha dejado el mundo de los pecadores hace más de un par de semanas. Ahora descansa en el cielo, al lado de los Dioses.

Los ojos de Lauren parecían querer salirse de su órbita al escuchar tan trágica noticia. No podía creerlo ¿El Rey Sebastián estaba muerto? ¿El gran sabio de los sabios? A Lauren la inundó una tristeza profunda, como si se hubiese quebrado alguna parte de su ser, pero ¿por qué? ¿Por qué se sentía de esa manera si no compartía algún lazo afectivo con el hombre mayor?

—Lo... Lo lamento. No cruzamos muchas palabras, pero reconocí su bondad. Mi padre sólo decía cosas buenas de él. Es realmente triste.

—Lo es, sí. Pero la vida sigue, y el Rey Sebastián seguirá gobernando en los corazones más fieles de los habitantes del Imperio del Hielo.

Si pudiera describir su estado de ánimo, sería de completa decepción.

—Entonces he perdido mi tiempo en este lugar. Ahora ¿qué se supone que harán con nosotras? ¿qué tenemos que hacer para que nos dejen en libertad?

Sabrina sonrió de medio lado, dando un rápido vistazo al cuerpo dormido de Camila sobre la cama.

—Por ahora, serán prisioneras bajo el techo de ésta distanciada torre. Mis intenciones son específicamente personales. La Reina Krista desconoce mis tratos y es mejor que no se den a conocer por tu seguridad y la mía. Considérame una aliada, Lauren, pero vamos a jugar con mis reglas; si llegas a intentar algún truco con tus poderes, no querrás saber lo que...

—Lo que me pasará. Lo he entendido bien.- interrumpió la ojiverde. Siempre era la misma amenaza.

Sabrina rió y bajó la cabeza negando mientras se levantaba del sillón para salir por la puerta. Había una diversión extraña en su mirada.

—No podría luchar contra ti directamente pues supe desde el primer momento en que te vi, la calidad de tus límites. Eres una mujer poderosa, Lauren, pero al igual que todos...- su mirada volvió a la cama dentro de la habitación, donde Camila dormía plácidamente —Tienes un punto débil.

El Espacio Entre Nosotras (Camren)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora