34.

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Lauren sintió un dolor en su rostro lo suficientemente fuerte como para hacerla despertar de su profundo sueño.

Alterada, desorientada y adolorida, se sentó de golpe en su cama, tocando el área de su mejilla donde estaba el punto fijo del dolor, sintiendo bajo sus dedos la piel rigurosa en su pómulo. Los antídotos naturales de Dinah había funcionado un 90% en sus quemaduras, pero aún así quedaban rastros de ellas en su rostro, más no eran notables a simple vista.

Observando alrededor de su habitación, descubrió a Dinah moviéndose de un lado a otro en busca de ropas y algunas otras cosas que no logró divisar a causa del sueño acumulado en sus ojos.

—¿Acabas de darme una cachetada?- preguntó a la joven bruja, ahora rubia, un tanto ofendida por su agresión.

—Es que no despertabas. Ahora toma esto y aplícate esto.- dijo colocando en sus manos dos frascos con un brebaje que no olía muy bien, mientras ella seguía husmeando entre sus cosas con desesperación.

—¿Qué está pasando, Dinah? Esto huele horrible ¿para qué es?

—Te lo explicaré todo después, pero de verdad necesito que hagas lo que te digo, Lauren. No tenemos mucho tiempo.

Dinah empacó todas sus pertenencias, que no eran muchas de todos modos, en una pequeña mochila negra. Luego se la colocó en el hombro.

Lauren nunca la había visto tan nerviosa, pues sus ojos se movían de un lado a otro al igual que sus manos.

—Dinah, por favor dime qué está pasando.

—Tenemos que salir lo más pronto posible. El caos está a unas horas de comenzar y este ya no es un lugar seguro para ti. El brebaje es para neutralizar tus poderes, ya lo sabes, y lo otro es para camuflar tu olor. Nadie puede rastrearte, Lauren. Si alguien sabe donde estas...- se detuvo y negó con miedo —Confía en mi, haz lo que te pido. Conozco un lugar por donde escapar.

La ojiverde sintió la honestidad de Dinah en sus palabras, así que siguió sus órdenes al pie de la letra, conteniendo las ganas de vomitar ante los olores poco agradables que ahora desprendían de su cuerpo.

Se vistió rápidamente y siguió a su amiga por los corredores del castillo. Ambas se escondieron tras una pared cuando vieron cruzar a unos de los guardias que pasó por el pasillo haciendo sus rondas nocturnas. Dinah se acercó por detrás de él y le estampó su puño en la cabeza, dejándolo en el suelo. Luego corrieron hasta el calabozo, pues según la rubia, iban a ir por un pasadizo secreto debajo del castillo del cual nadie sabía de su existencia, sólo la joven bruja y su padre.

Antes de llegar a la gran puerta del calabozo, Dinah ordenó a Lauren esconderse precisamente en el hueco que había usado como pasadizo la última vez que entró ahí; arriba en el techo. Mientras tanto, la rubia sopló un polvo mágico en la cara de los guardias que los hizo dormir en segundos.

Las dos se adentraron en el oscuro lugar, saltando entre los charcos de agua empozada y durmiendo a los guardias hasta llegar a la celda donde se encontraba Camila Cabello, quien estaba profundamente dormida y ajena a lo que sucedía en su entorno.

—¿Qué hacemos aquí?- preguntó la ojiverde una vez se detuvieron frente a la celda.

—Vamos a sacarla. Ella tampoco está segura en este lugar.- dijo Dinah antes de mover sus manos en círculos y susurrar unas palabras extrañas para que los barrotes de la celda desaparecieran. Luego roció sobre su cuerpo otro líquido parecido al que Lauren se había puesto para cubrir su olor. Una vez terminó, quitó las cadenas a las que estaba unida y también esparció sobre su rostro ese polvo que había usado con los guardias para hacerlos dormir.

—Muy bien, con eso bastará. Ahora levántala.- se dirigió a Lauren.

—¡¿Qué?!- chilló bajito.

—Que la levantes ¿eres sorda o qué no ves que está inconsciente? Y rápido que el tiempo corre.

—¿Pero por qué yo?

—Porque eres más fuerte y yo no quiero romperme una uña.- le dijo dándole un ligero empujón hacia dentro.

La ojiverde se acercó al cuerpo de la castaña tragando grueso y, con cuidado, la levantó del suelo, sorprendiéndose de lo ligera que se sentía. Observó con detalle su rostro dormido y pacífico. Mas pálido de como estaba la ultima vez que la vio. Tan diferente a como estaba despierta.

Probablemente explotaría si se entera que la tengo en mis brazos. Pensó.

Camila era una criatura tan extraña para Lauren.

—¡Ya vámonos!- le gritó Dinah bajito, sacándola de sus pensamientos sobre Camila.

Las jóvenes mujeres llegaron al final del calabozo, donde en la esquina izquierda estaba un pequeño círculo de hierro incrustado en la pared. Estaba justo detrás de una antorcha imposible de ver para Lauren, pero Dinah lo halló con facilidad; jalando de él hasta que una puerta se abrió ante ellas, dejando al descubierto unos escalones hacia abajo. Lauren no creyó poder bajarlos con el cuerpo de Camila como peso extra, pero al final lo logró, casi doblándose el tobillo en el último escalón.

Ella y Dinah tosieron ante la cantidad de polvo que se elevó cuando pisaron la superficie del túnel. Con la magia de la joven bruja, ésta consiguió encender algunas antorchas que estaban en la pared.

—El camino es algo largo, Lauren ¿segura que puedes con Camila?

—He estado aguantándola todo este tiempo, y créeme, la prefiero dormida que despierta.

—Esta bien. Vamos.

Ambas tomaron una respiración profunda y empezaron a caminar.

Dinah echó una mirada al cuerpo inerte de la castaña y suspiró en negación. Aunque tenían el tiempo en su contra, ella sabía que por ahora estaban a salvo si se mantenían dentro del túnel y lejos del castillo. Lo que más le preocupaba ahora mismo, era que el efecto del polvo del sueño no duraría mucho, lo que quiere decir que Camila no tardaría en despertar y arrebatar contra Lauren.

Debía pensar en una forma de calmar a la fiera.


El Espacio Entre Nosotras (Camren)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora