Sin saber como pasó, ahora se sentía de pie, pero aún con las manos de Elena alrededor de su cuello ejerciendo presión para obstruir el paso de aire a sus pulmones. Alejandro se estaba ahogando. No podía respirar.
—¡Suéltame!- exclamó como pudo.
La sensación se esfumó dejando su corazón latiendo fervilmente ¿qué había pasado? De repente escuchó diversas risas femeninas esparcidas por el lugar hasta adentrarse en su cabeza.
—Has caído, Alejandro Cabello. Has caído.- la presión volvió, pero esta vez dentro de su cabeza haciendo eco en los muros de su cráneo sin poder escapar. Cada vez las voces se volvían más fuertes y repetitivas. Se estaba volviendo loco.
—¡Ya basta!
El Rey empezó a respirar con dificultad. Le desesperaba oír gritos en su cabeza ¿Dónde estaba Elena? ¿Dónde estaban sus guardias? Solo bastaron unos segundos para que el corazón del hombre dejara de latir y sus rodillas besaran el suelo. Alejandro se tocaba el pecho sin saber lo que le estaba ocurriendo y más aún no poder ver nada a su alrededor. Pronto cayó desmayado en el suelo, sus ojos se cerraron y lo último que escuchó fue la irritante voz de su eterna enemiga.
—Por fin has caído.
Un total de seis velas se encendieron consecutivamente, dejando al descubierto únicamente el rostro de tres mujeres que rodeaban el cuerpo inerte del difunto Rey. Elena, quien traía consigo una túnica, se terminó de quitar la tela que cubría su cabeza para observar las sombras que la acompañaban. Dichas mujeres se acercaron un poco más ante el cuerpo de Alejandro, rodeándolo en un pequeño triángulo. Una de ellas corrió las llamas de las velas en la punta de sus dedos y la traspasó al hombre quien inmediatamente se incendió bajo sus ojos.
Elena sonrió con gracia a ver el resultado de uno de sus más ansiados deseos, pero no pudo ocultar una seca tos que salió de su boca, escupiendo un extraño líquido negro, el mismo que escurría de la carne bajo sus uñas. La Reina dio una mirada rápida a una de sus compañeras, a quien se le veían los ojos un poco más claros gracias a la luz del fuego.
—No esperaba que funcionara.- comentó la voz de la tercera mujer.
—No estaba en mis planes...- habló como pudo la Reina Elena entre la tos —Pero debo reconocer que fuiste una pieza clave. Gracias por la lealtad.- sus palabras fueron dirigidas a una de las mujeres en particular.
—La lealtad...- respondió con un tono sugerente —¿Segura que ha valido la pena el sacrificio, mi señora?- preguntó cambiando de tema.
La Reina se miró la manos, las cuales temblaban un poco.
—De todas formas era algo que iba a ocurrir.
La mujer asintió y las tres se quedaron viendo como los restos del Rey del Imperio del Sol se convertían en cenizas siendo conscientes de que para Elena, ya había marcado una huella en la historia. Ahora bien, sin duda no se iba a rendir tan fácil pues gracias a la nueva información dada por su aliada, le quedaba un pelirrojo al cual eliminar ¿y la buena noticia? No tenía que hacerlo directamente porque Lauren sería la encargada de hacerlo. Que ironía, a fin de cuentas, Lauren Jauregui estaba haciendo exactamente lo que quería que hiciera.
—¿Cuánto tiempo nos queda?- preguntó una de las mujeres.
—Un par de días para dejar caer la ilusión hasta que la Reina se recupere un poco. No podemos avanzar en este estado.
La Reina decidió retirarse pues su cuerpo en esos momentos no estaba funcionando muy bien, así que dejó a sus aliadas a cargo de las cenizas de Alejandro.
Una de las mujeres al ver que se encontraba a solas con la desconocida, optó por quitarse la capucha dejando al descubrierto su rostro blanquecino. Un rostro bastante familiar para la otra mujer. Lúa había sido sacada de su eterno encierro por la misma Reina desde hace tiempo. Desconocía los motivos de la Reina, es decir, le contó sobre la probabilidad de una guerra, pero ¿como le podría servir en la lucha una simple cambia formas? Aún así accedió a ser parte de la batalla por una razón y no, no era el hecho de tener su libertad... Elena le había prometido ver a su niña, quien vivía bajo el nombre de Lauren.
—Al menos Arthur respetó mi deseo...- susurró. La otra mujer volteó a verla confundida —Disculpa, pensé en voz alta.
La mujer sonrió viendo a la mayor. No había duda de que Lauren había heredado su belleza.
—Sé que estas ansiosa, pero no te preocupes, todo va por buen camino. Veremos a Lauren muy pronto.
Lúa sonrió un poco. Desde hace mucho tiempo que había perdido lo que llaman esperanza, pero desde que esa joven mujer se unió a los planes de Elena, las cosas habían mejorado considerablemente. Al parecer, la joven conocía a su hija pues se la había descrito en diversas ocasiones. Podía confiar en sus palabras porque la honestidad brotaba de sus ojos.
—¿Cómo estás tan segura de eso?
La joven sonrió viéndola a los ojos.
—Porque está escrito en tu destino.
***
Lauren nunca se había planteado el tema del calor en el Imperio del Sol. Aquella vez que fue al castillo de Alejandro en compañía de su padre y hermano, creyó considerablemente que exageraban un poco; es decir, si ella no sudaba, ¿por qué ellos si? No fue hasta luego de un rato que verdaderamente empezó a sudar. Justo como ahora. La espalda de la joven pelinegra parecía una cascada de sudor y, sinceramente, su pies descalzos ya no podían aguantar la arena caliente. Mientras ella se iba muriendo lentamente, Camila parecía un pan fresco. Estaba viviendo la misma situación que la morena, pero invertida.
—¿Podemos descansar?- preguntó estando unos pasos más atrás de la castaña.
—Si seguimos descansando en cada marca, nos tomará una eternidad llegar.
—Pero estoy cansada.
—Pues aguanta.
Lauren frunció el ceño.
—Recuerdo haberte llevado en brazos cuando eras tu la que estaba débil ¿no puedes hacer lo mismo por mi?- aunque Lauren lo dijo sin remordimiento, esperando incluso una respuesta sarcástica o mordaz de Camila, la realidad es que la menor reflejó en su rostro un poco de pena.
—Si tuviese la fuerza, te juro que lo haría, mi amor, pero mis brazos no son tan fuertes como los tuyos. Eres más pesada.
—¿Me estas diciendo gorda?
Camila rió ahuecando su mejilla en la mano.
—Estoy diciendo que si no resistes, no podemos avanzar ¿Puedes hacer eso por mi?
Lauren lo pensó.
—¿Puedo tener algo a cambio?- la comisura del labio de la morena se levantó ligeramente.
—Pide lo que quieras.
Lauren se mordió el labio dubitativa, pero aún así se arriesgó.
—Cásate conmigo, Camila.
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El Espacio Entre Nosotras (Camren)
Fanfiction"Soy la luz que invade el espacio de la Luna" (Universo alternativo) Aunque te sientas perdido en la oscuridad, siempre hay una luz rodeando tu alma para dejarte claro el camino por el cual vas caminando a pesar de que creas estar ciego de sensacion...
