35.

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Elena De Chía no estaba preparada para escuchar las palabras de su joven servidor.

Sus noches eran pacíficas al igual que sus sueños. Un mundo donde reinaba la paz, sin contratiempos ni preocupaciones. Así pensaba ella con una galante sonrisa en su rostro, pues dentro de ese castillo se encontraba su arma más preciada. Tener a Lauren de su lado era una victoria asegurada cuando se decidiera tomar el control total de la tierra una vez que venciera a Alejandro.

Pero todas esas ambiciones se derrumbaron cuando el joven guardia le notificó la huida de la ojiverde.

—Eso no es todo, mi señora.- continúo el guardia.

—¡¿Acaso las cosas se pueden poner peor?!- gritó con furia.

—Será mejor que lo vea usted misma.- él bajó la cabeza y corrió la gruesa cortina negra de la ventana del despacho de la Reina.

Elena caminó con cautela, observando lo que el guardia le señalaba a través del balcón. Su corazón se detuvo por un segundo. La bilis formándose en su garganta tratando de salir.

Justo afuera, a lo lejos del castillo en las costas del mar, se divisaba una flota de barcos pequeños, pero en gran cantidad, acercándose a su imperio. Ella pudo deducir que eran alrededor de 300 barcos, liderados por un buque gigante. Gracias a su visión súper desarrollada de lechuza, pudo ver una bandera en el asta con el dibujo de un sol ondeando en el viento. En la cubierta, tragó grueso al ver a su enemigo, el Rey del Imperio del Sol, liderando el posible ataque.

La Reina sintió la sangre acumularse en sus oídos. Las piernas débiles, como si sus huesos hubieran desaparecido dejando sólo la carne flácida. Cerró los ojos con fuerza.

No, no, no.

—¡Busquen a Lauren ahora mismo y alerten a todos de una posible guerra!

—¡Si... sí Señora!

—¡¿Y dónde demonios está Dinah Jane?!

Por primera vez, la Reina del Imperio de la Noche estaba al borde de la desesperación. Estaba asustada de lo que le podría pasar a su imperio. Su vida y la de sus habitantes estaban en las manos de Lauren Jauregui... y ahora, ahora su vida podía estar en otras manos. En las manos de Alejandro Cabello.

***

Mientras tanto, muy lejos del castillo como para saber qué es lo que ocurría, Dinah, Lauren y una aún inconsciente Camila, descansaban en las raíces de un enorme árbol dentro de un bosque pantanoso.

Ambas habían estado caminando por horas y horas luego de haber salido del túnel secreto. Lauren estaba agotada y aunque no sabía hacia dónde se dirigían, confiaba en el sentido de orientación de la rubia.

—¿Sucede algo?- preguntó la ojiverde con la respiración algo cortada por el cansancio.

Dinah se movía de un lado a otro frotándose la cabeza mientras cerraba los ojos con fuerza.

—Es hora. Aléjate de ella.- ordenó.

Lauren se apartó del cuerpo de la castaña, el cual reposaba bajo el árbol, y se escondió para que no pudiera verla. Según lo que le había dicho la rubia, Camila no podía verla hasta al menos estar segura de que no la mataría.

Tal y como lo predijo la bruja, Camila Cabello fue despertando poco a poco, liberándose del polvo del sueño que abundaba en su organismo. Así que, toda desorientada y sin tener el más mínimo recuerdo de lo que pasó la última vez que estuvo consciente, observó con detalle a su alrededor con algo de dificultad, pues nunca pudo adaptarse a la oscuridad casi absoluta del Imperio de la Noche. Sus ojos oscuros chocaron con los de la joven bruja una vez se sentó. Su instinto agresivo fue atacar a la desconocida, pero no tenía ni el poder ni la fuerza para hacerlo. Obligó a su cerebro a recordar el rostro de aquella mujer, pero no obtuvo respuesta alguna. Sin embargo, algo le decía que no era la primera vez que había visto esos ojos oscuros.

—No tienes porqué temer. Estás a salvo aquí. Lejos del castillo y del calabozo donde te encontrabas.- habló Dinah, usando un leve canto en su voz.

—¿Quién eres tú?

Dinah sonrió. El efecto de su voz estaba funcionando. Camila estaba a la defensiva, por su puesto, pero no tenía la actitud hostil de siempre.

—Me llamo Dinah Jane y soy una bruja. Ahora mismo te preguntarás por qué no puedes usar tus poderes y es que, antes de encerrarte en el calabozo, me ordenaron neutralizar tus poderes para que no pudieras escapar.

—¿Para dónde me llevas ahora?

—Camila, si estás aquí conmigo es por una razón y es tiempo de que conozcas la verdad. Tu verdad.

—¿De qué estás hablando?- la voz de la castaña tomó más fuerza de lo debido.

Una densa neblina verde se formó en torno a ellas. Pequeñas serpientes se deslizaron en el húmedo y pastoso barro bajo sus pies.

A pocos metros, Lauren miraba todo con terror y asombro. Oculta entre las hierbas, ella notó el pesado ambiente que creó la joven bruja.

Dinah se arrodilló ante ella, tomando las manos de la morena con fuerza mientras sus pupilas se dilataban a medida que las palabras se formaban en su boca.

Camila se asustó e intentó soltarse, pero la fuerza sobrenatural de Dinah impidió cumplir su objetivo y en cambio, la obligó a escuchar las líneas de su vida.

—Camila Cabello, Princesa de la Luz Eterna. Has nacido con el propósito de derrotar el producto de La Flama Sagrada y ocupar su lugar como representante de tu creador. Sin embargo, deberás contar con la ayuda de tu Némesis y al mismo tiempo, ayudarla en su camino del descubrimiento. Serás la luz en su oscuridad. Invadirás su corazón, y juntas, vencerán la maldad de los elegidos.

Camila logró soltarse cuando sintió que las manos de la bruja perdían fuerza ¿y cómo no? Si Dinah se había desmayado al terminar de hablar, volviendo el ambiente a la normalidad.

De entre las sombras, Lauren salió a auxiliar a su amiga en el suelo. Camila se encogió del susto al sentir la presencia de alguien más, pero al ver la figura de Lauren Jauregui frente si, su miedo disminuyó, sustituyéndolo inmediatamente por la típica rabia y rencor que sentía hacia la ojiverde, sin embargo, cuando iba a soltar un ácido comentario, su lengua se enredó y una voz irritante invadió su mente.

"...deberás contar con la ayuda de tu Némesis y al mismo tiempo, ayudarla en su camino del descubrimiento. Serás la luz en su oscuridad..."

Si todo lo que esa loca bruja le había dicho era cierto... Lauren no podía ser esa persona ¿o si?  desgraciadamente, mientras más lo pensaba, más lógica tenía.

Como si leyera sus pensamientos, Lauren desvió su atención de Dinah y observó a Camila. Otra vez esa extraña sensación recorrió su espalda cuando sus ojos se encontraron.

Camila suspiró.

Por todos los Dioses, esto tiene que ser una broma.

El Espacio Entre Nosotras (Camren)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora